Voluntarios con discapacidad acompañan a personas mayores en una residencia de Ávila

29 Dic 2025 por Sergio Martínez

Cada 15 días, un voluntariado que cambia miradas

Cada dos semanas, Adrián y Daniel, jóvenes con discapacidad intelectual, acuden como voluntarios a una residencia de mayores de Ávila para compartir la tarde con Luisa y Luciano, dos personas mayores que viven solas. Lo hacen gracias a Respirávila y a su programa «Yo también hago voluntariado», seleccionado en la Convocatoria de Proyectos Sociales Castilla y León 2024 de la Fundación ”la Caixa”.

Su historia invita a un cambio de mirada: reconocer a las personas con discapacidad no solo como receptoras de apoyo, sino como ciudadanos capaces de ayudar a otros.

Afinidades que crean vínculos

Adrián y Daniel, ambos de 24 años, comparten aficiones y conversaciones con Luisa y Luciano durante sus encuentros quincenales en la residencia pública de la Junta de Castilla y León. Más allá de acompañar, su labor es romper la soledad y generar bienestar.

La singularidad de esta historia reside en que los voluntarios son personas con discapacidad intelectual que dedican su tiempo a mejorar la vida de otros.

Elena Unquiles: «El voluntariado cambia la percepción social»

«El valor del proyecto está en el cambio de mirada», explica Elena Unquiles, coordinadora de ocio inclusivo en Respirávila. El voluntariado mejora la autoestima, fomenta la autonomía y refuerza el sentimiento de utilidad de los participantes. También transforma la percepción de las familias y de la comunidad.

El programa cuenta con el apoyo de las Convocatorias de Proyectos Sociales de la Fundación ”la Caixa”, que desde 1999 han impulsado más de 23.500 proyectos en toda España.

Un proyecto que impulsa autonomía

Activo desde hace tres años, el programa cuenta con 16 voluntarios, un equipo técnico y cinco asistentes personales que facilitan el desarrollo de las actividades y apoyan las necesidades individuales.

Bajo el lema «Todas las personas tenemos algo valioso que aportar», los voluntarios, de entre 18 y 40 años, colaboran no solo con personas mayores, sino también en protectoras de animales, bancos de alimentos y eventos solidarios.

Contra la soledad y porque todos somos valiosos

Luisa, con movilidad reducida y deterioro cognitivo, espera cada visita con ilusión. Adrián la acompaña, la cuida y comparten paseos, juegos o una merienda. Con el apoyo de su asistente, Yolanda, Adrián ha aprendido a desenvolverse con seguridad y confianza.

«El papel de los asistentes personales es clave: sostienen y apoyan a los voluntarios», subraya Elena.

Bienestar para las dos partes

El beneficio es mutuo. Los mayores rompen su rutina y los voluntarios amplían su red social, combatiendo también su propia soledad. Para muchos, el voluntariado es una oportunidad de participación social y crecimiento personal.

Daniel, que compagina su trabajo con el voluntariado, lo resume así: «Me ayuda a desconectar y a hacer nuevos amigos». Como Adrián, ha ganado confianza, independencia y la certeza de que es capaz de mucho más.

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