El chocolate de Dubái, un dulce que mueve millones

15 Dic 2025 por Redacción Irispress

En Dubái se encuentra la única tienda física de uno de los dulces más virales del planeta: una exclusiva tableta de chocolate rellena de pistacho que cuesta 20 euros y que se ha convertido en el souvenir imprescindible para turistas de todo el mundo. Un producto único que ha logrado situar a la ciudad en el mapa gastronómico global y que demuestra hasta dónde puede llegar el poder de la viralidad.

Detrás de este fenómeno se encuentra Fix, la marca original responsable de una estrategia de marketing tan efectiva como exclusiva. Con un solo producto y una distribución extremadamente limitada, la firma ha conseguido facturar más de 6 millones de euros, alimentando el deseo y la escasez como motores de negocio.

Un éxito con imitadores… y polémica

Como ocurre con todo fenómeno viral, el éxito no ha tardado en atraer imitadores. Dentro y fuera de los Emiratos Árabes Unidos han surgido múltiples versiones del llamado chocolate estilo Dubái. Algunas optan por precios más bajos, como ciertas pastelerías que han hecho del pistacho su ingrediente estrella; otras, en cambio, aprovechan una reventa no autorizada, prohibida en el país, que se mueve tanto en canales informales como en Internet.

En este mercado paralelo, el precio puede dispararse hasta los 60 euros por tableta, muy por encima del valor original. Entre las historias que rodean al producto destaca la de un chef filipino que asegura ser el verdadero creador del chocolate original, aunque afirma que su participación solo le ha reportado “exposición”. Su mensaje es claro y amargo: “No puedes mezclar negocios con amistad”.

La fiebre del pistacho llega a España

España tampoco ha quedado al margen de esta tendencia. El chocolate estilo Dubái ya ha conquistado a influencers nacionales, algunos con comunidades de más de 150.000 seguidores, que han sabido ver una oportunidad de negocio. Uno de ellos comercializa su propia versión y vende 200 tabletas al día a 15 euros cada una.

El fenómeno ha llegado incluso a los supermercados, donde estas tabletas se identifican fácilmente. Son versiones low cost, pero aun así siguen siendo las más caras del lineal. La calidad, sin embargo, deja dudas. Los análisis de laboratorio revelan que contienen mucho azúcar, colorantes y aromas, pero muy poco pistacho real.

Pistacho en todas partes

El chocolate Dubái es solo la punta del iceberg de lo que ya se conoce como la fiebre del pistacho. En España, el consumo de este fruto seco se ha duplicado en la última década, alcanzando los nueve millones de kilos y situándose como el segundo más consumido, solo por detrás de la almendra.

Hoy el pistacho está presente en casi todo: helados, pizzas, cremas, dulces e incluso perfumes de alta gama. Su popularidad ha transformado no solo los hábitos de consumo, sino también el paisaje agrícola.

Un cambio en el campo… con consecuencias

La creciente demanda ha impulsado un profundo cambio en el sector primario. Viñedos, olivares y campos de cereales están dando paso al cultivo del pistachero, un árbol cuya rentabilidad a largo plazo resulta especialmente atractiva. En solo cinco años, la superficie dedicada al pistacho en España ha crecido un 145 %.

Un grupo de científicos trabaja ya en el desarrollo de hasta siete variedades distintas, en busca del pistacho perfecto. Sin embargo, esta expansión no está exenta de conflictos. En zonas como Valdetorres del Jarama, el auge del cultivo ha generado tensiones con vecinos y ha comenzado a afectar a la fauna local.

Cuando manda el mercado

El auge del pistacho es un ejemplo claro de cómo las tendencias de consumo global pueden transformar economías, paisajes y relaciones sociales. Una burbuja agrícola impulsada por la rentabilidad y el deseo, donde el marketing, la viralidad y el dinero marcan el ritmo.

Porque, al final, el pistacho mueve montañas.

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