Crece el rechazo a las carnes alternativas de base vegetal en EEUU y en la UE

27 May 2024 por Francisco Villanueva

Avanza el rechazo a las carnes vegetales que se han creado en laboratorios por nutricionistas e investigadores a base de proteínas, lo que representa una involución en un avance que se consideraba clave para el sustento alimenticio de la humanidad en un futuro próximo.
Ya son siete los estados norteamericanos gobernados por los republicanos que han dispuesto prohibir la producción y el consumo de “carnes alternativas de base vegetal”, lo que abarca el atún, el cerdo, y otros productos proteínicos fabricados en los laboratorios a partir de células de origen animal. Conviene advertir que los republicanos controlan 29 estados sobre 50 que integran la Unión, y que en ellos el amplio favorito para imponerse en las elecciones presidenciales del 5 de noviembre es Donald Trump, a quien las encuestas nacionales presentan como el ganador frente al actual jefe de la Casa Blanca Joe Biden.
A la cabeza de este esfuerzo republicano contra las “carnes alternativas” se encuentra el estado de Florida, que es el cuarto en orden de importancia del sistema estadounidense, y en el que gobierna una figura joven de la oposición como es el gobernador Ron De Santis, que en este momento respalda plenamente la candidatura de Donald Trump.
La ley que aprobó la legislatura de Florida prohíbe directamente la venta de carne de base vegetal; y esto ocurre en plena batalla cultural desatada por la visión conservadora que encarna Donald Trump; por el contrario, los principales respaldos a las “carnes alternativas” provienen de las grandes figuras “progresistas”, como Bill Gates fundador de Microsoft, y Jeff Bezos titular de Amazon.
Ninguna de las críticas a las “carnes alternativas” ha encontrado sustento científico verdaderamente relevante; nada se ha podido demostrar que estos productos afecten de manera directa o indirecta la salud humana; y las observaciones de este tipo han mostrado un carácter meramente episódico, o se han visto reducido al status de meras anécdotas.
En EE.UU, hay que agregar, se vive en este momento una polarización extrema en la que el enfrentamiento cultural sobre los valores que deben regir la convivencia social constituye el signo de la época en el que la derecha cuestiona todo.
El origen de la tendencia anti consumo de carnes de base vegetal es Italia, gobernada por una expresión de derecha extrema, como es la primer Ministro Georgia Meloni, que rechaza drásticamente el consumo de “carnes vegetales” aduciendo que son una afrenta a la cultura culinaria de la Península, de reconocido renombre internacional.
El Parlamento italiano aprobó el año pasado una ley que prohíbe el desarrollo de las carnes cultivadas y otros alimentos no tradicionales, a los que considera una amenaza a la identidad nacional. En los términos del ministro de Agricultura Francesco Lollobrigida “…esta ley coloca a Italia a la vanguardia del mundo.”.
Las principales asociaciones de productores italianos respaldan plenamente la ley votada por el Parlamento a impulso de la Premier Meloni; y esta organización ha reunido ya más de 2 millones de firmas a favor, y tiene el endoso de más de 3.000 gobiernos locales y regionales.
La industria de la carne italiana vendió más de 6.300 millones de euros de carne vacuna en 2022, y 8400 millones de euros de carne porcina en igual periodo, lo que significa que es una de las actividades más prósperas de la economía italiana.
La ley prohíbe drásticamente diversas asociaciones semánticas, como las que utiliza el términos “bifes” o “salames” refiriéndose a cualquier producto de base vegetal, ya sea los carteles de propaganda de la vía pública o en los menús de las innumerables “trattorias” de Italia.
Detrás de la tendencia anti “carnes de base vegetal” que se plantea en Italia y en EE.UU se encuentra un problema de fondo de la sociedad contemporánea, especialmente agudo en los países avanzados; y es la crisis de sentido que afecta a la revolución de la técnica y de la cultura de la instantaneidad. Este sistema sabe notablemente que hacer y su lenguaje es el del incremento incesante de la productividad. Pero de lo que no tiene la menor idea es del para qué de las cosas y de la vida. Su racionalidad es solo de medios, pero no de fines: sabe el qué, pero desconoce el para qué. Se trata de una crisis de sentido.
Por eso hay en el fondo una profunda racionalidad en la preocupación que surge en Italia y entre los Republicanos estadounidenses por rechazar las “carnes de laboratorio”, por pura tradición conservadora.
Esta es una cuestión que va a las raíces de las cosas y no una expresión de una frivolidad de ningún tipo. Va más allá de una cuestión culinaria, aunque esta constituye el núcleo de la cultura…todo está revuelto ¡todo!.
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