La guerra en Ucrania se convierte en el primer problema para los EE.UU de Biden

La decisión está tomada, la guerra tiene un coste muy alto. Y hay diferencias políticas con el gobierno ucraniano además China puede jugar un papel central en la solución del conflicto. Hay múltiples indicios de que el gobierno del presidente Joe Biden de EE.UU. ha resuelto terminar con la Guerra de Ucrania en 2023, lo que significa que considera fallido su intento de debilitar drásticamente el poderío militar ruso de modo de modificar de forma irreversible su status internacional de gran potencia.

Ello se debe, entre otros motivos, a que el costo de la operación se ha vuelto verdaderamente extraordinario; y EE.UU. lleva invertidos en 10 meses de combates más de 68.000 millones de dólares, que es una cifra casi dos veces superior a la que destinó a Afganistán en dos décadas de conflicto.

Además, el riesgo de escalada en la guerra es cada vez mayor, con una implicación directa de los países integrantes de la OTAN (Alianza Occidental) vecinos de Ucrania. Hay que agregar a esto que el gobierno del presidente Vladimir Zelenski ha escapado en forma reiterada al control del Pentágono, y su objetivo evidente consiste ahora en comprometer en forma directa a EE.UU. y la OTAN en una guerra con Rusia en toda la línea, a pesar del obvio y cualitativo aumento que esto implica del riesgo nuclear.

Rusia ha asumido hace seis meses una estrategia defensiva en el Sur y el Sudeste de Ucrania, sustentada en un sistema de defensas y trincheras verdaderamente formidable, que otorga a la guerra un carácter necesariamente prolongado y de largo plazo que puede extenderla a 2023 y 2024, o aún más todavía. Las líneas de abastecimiento rusas provienen de la frontera entre Rusia y Ucrania situada a no más de 300 kilómetros de la primera línea de combate; y esto tiene lugar cuando la ofensiva misilística que lleva a cabo el ejército ruso contra la infraestructura energética y de conectividad de Ucrania ya ha destruido más de 50% del sistema.

Por eso es que el general Mark Milley, Jefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas norteamericanas le ha señalado públicamente a Zelenski la necesidad de iniciar negociaciones diplomáticas con Rusia para cesar los combates y poner término a la guerra.

Esto coincidió con el discurso realizado el 3 de diciembre en la televisión francesa por el presidente Emmanuel Macrón en que advirtió la necesidad de establecer un sistema de seguridad en Europa que incluyera a Rusia después de la guerra, y que al mismo tiempo excluyera definitivamente a Ucrania de la OTAN, como ha reclamado permanentemente Vladimir Putin.

Alemania, la primera potencia industrial de Europa, y la cuarta economía del sistema global, también ha recuperado su autonomía estratégica frente a EE.UU.; y ha establecido un nuevo vínculo con China como puso de relieve inequívocamente en el reciente viaje del canciller Olaf Scholz a Beijing, a la cabeza de una delegación de las 80 principales empresas alemanas, entre ellas Volkswagen y BASF, la mayor compañía química del mundo. En Beijing el canciller Scholz manifestó su rechazo a todo intento de ruptura con la economía china, distanciándose nítidamente de la política de EE.UU.

Terminar con la Guerra de Ucrania se convierte así en la principal cuestión de la política mundial en 2023; y como rige la ley de la necesidad en las cosas internacionales, EE.UU. se ve obligado a modificar su relación con China, en un proceso que comenzó en la reunión Biden/Xi Jinping que se realizó en Bali, Indonesia en el marco del G-20, y que ahora se propone acordar el Secretario de Estado Anthony Blinken en un viaje a la República Popular que tendrá lugar en enero/febrero del próximo año.

El giro estratégico de EE.UU. respecto a Ucrania implica un cambio en las condiciones mundiales, en las que está en juego no solo la finalización del conflicto, sino la formulación de un nuevo orden global de carácter multipolar, alejado tanto de la hegemonía norteamericana como de la OTAN en su condición de alianza militar. El viaje del Secretario Blinken a la República Popular discutiría las líneas fundamentales de la negociación entre Rusia y Ucrania, contando como es evidente con la influencia de China en el presidente Vladimir Putin.

En este momento se encuentra en China una delegación de primer nivel de EE.UU. para negociar los términos del viaje del Secretario Blinken, constituida por el Subsecretario de Estado para el Sudeste asiático Daniel Kritenbrink y la titular de los asuntos chinos del Consejo de Seguridad nacional Laura Rosenberg.

La Guerra de Ucrania, en breve síntesis, ha ingresado en una nueva fase histórica, y el próximo paso está centrado en las formas y condiciones de terminación del conflicto, y en esta nueva etapa de la historia del mundo la participación protagónica de la República Popular, en su condición de segunda economía del mundo, y primera potencia comercial del sistema, y miembro permanente del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas con derecho a veto, resulta absolutamente central.

China tienen un interés directo en la resolución del conflicto debido a que Europa es su principal socia comercial, por encima de EE.UU, y en un nivel semejante al de la ASEAN (Asociación de Países del Sudeste Asiático); y la guerra y sus consecuencias han erosionado severamente esta relación primordial.