A menos impuestos, peor sanidad

Es pura matemática. Si se perdonan impuestos a las rentas altas, se cuenta con menos recursos para atender como es debido la sanidad de todos.

Es la política que practica la derecha en Madrid. La disfrutan los más pudientes, y la sufre la gran mayoría de la clase media y trabajadora.

Todo lo demás es maniobra de despiste. Que si el sanchismo, que si el comunismo, que si Nicaragua… Cuando la derecha rebaja impuestos, condena la salud de nuestras familias. Punto.

¿La solución? En mayo de 2023, votando. No hay otra.

El consejero Lasquetty, de la factoría neoliberal FAES, presume cada día de que los gobiernos madrileños de este siglo han rebajado impuestos por valor de 18.000 millones de euros.

¿A quién se le puede rebajar tal cantidad de impuestos? No, desde luego, a quienes perciben salarios o pensiones ajustadas. Obviamente, las grandes rebajas fiscales se aplican sobre rentas y capitales relevantes.

Cada ejercicio, por tanto, la derecha en Madrid perdona más de 1.000 millones de euros a quienes debieran pagar el impuesto de sucesiones y donaciones, el impuesto de patrimonio y las horquillas altas del impuesto sobre la renta.

¿Cuál es la contraparte de esta política fiscal?

La Comunidad de Madrid es la comunidad autónoma que menos gasto público por habitante destina a la sanidad: 1.170 euros por madrileño en 2021. La comunidad asturiana, que no perdona impuestos a los ricos, invirtió 1.931. Euskadi, 1.897. Navarra, 1.888.

La Comunidad de Madrid es la comunidad autónoma que menos gasto público por habitante destina a la educación: 756 euros por madrileño en 2021. La comunidad vasca, que no perdona impuestos a los ricos, invirtió 1.366. Navarra, 1241. Extremadura, 1.121.

La Comunidad de Madrid es una de las comunidades autónomas que menos gasto público por habitante destina a los servicios sociales: 275,3 por madrileño en 2021. La comunidad navarra, que no perdona impuestos a los ricos, invirtió 617,8. La Rioja, 493,75. Asturias, 481,92.

Y hay poco más que explicar. Cuando se perdonan impuestos a los ricos, se perjudica la salud de la mayoría. Está comprobado.

El gobierno de la Comunidad de Madrid despidió en el mes de marzo a más de 6.000 profesionales sanitarios, que habían prestado servicio durante la crisis de la COVID-19, con financiación estatal. Otras comunidades mantuvieron las contrataciones. Madrid, no.

Madrid mantuvo cerradas las urgencias de atención primaria durante toda la pandemia. A la hora de reabrirlas, decidió primero cubrirlas con el personal de los servicios de atención rural. Cuando profesionales y pacientes se quejaron, inventaron la telemedicina de urgencias…

Si las urgencias de proximidad no funcionan, la atención primaria lleva años desbordada. Contra toda lógica, la administración madrileña es la única que ha reducido durante los últimos cuatro años la oferta de plazas de medicina de familia, mientras se aumentaba de manera significativa en el resto de España.

Las citas en los centros especializados se demoran no ya meses, sino años. Y las listas de espera para intervenciones quirúrgicas no paran de deteriorarse, a pesar de las sucesivas capas de maquillaje estadístico…

En este escenario, el estrés de los profesionales y la angustia de las familias va a más cada día en Madrid. Las huelgas y las manifestaciones se multiplican.

El gobierno del PP responde a las movilizaciones con la acusación de que atienden a “propósitos ideológicos”. Y tienen razón. Porque hay ideología en la reivindicación de recursos para la sanidad pública por parte de profesionales y pacientes. Y hay ideología en la negativa de la derecha gobernante, más partidaria de que cada cual se busque una solución acorde al tamaño de su cuenta corriente.

Claro que hay mucha ideología en juego en la crisis sanitaria de Madrid. Unos reclaman recursos para una sanidad pública que garantice el acceso a la salud para todos y todas. Y otros recortan impuestos, debilitan la sanidad de todos y alimentan el negocio del aseguramiento privado, accesible solo a unos pocos.

Pura ideología.

Se me criticó mucho cuando alerté de que con los gobiernos de la derecha los madrileños acabarían yendo al hospital con la tarjeta de crédito en lugar de la tarjeta de la sanidad pública. Y, por desgracia, el pronóstico se está cumpliendo ya para cerca de un 40 de la población, que ha de pagar cada mes su cuota de seguro médico privado.

El PP intenta camuflar la realidad con el espantajo comunista, con la fantasía de que Sánchez quiere encarcelar a la oposición, con el contubernio bolivariano-sindical de las batas blancas, o con la supuesta falta de médicos titulados…

La realidad es esta: perdonan impuestos a los suyos y empeoran la sanidad de todos.

Y la solución: el último domingo de mayo, en las urnas.