La crisis energética mundial desestabiliza el sector agrícola europeo

La invasión de Rusia a Ucrania y la guerra que no cesa en la región del Mar Negro provocó un aumento significativo de los costes de la energía que afectan seriamente a toda la cadena productiva.

México es el primer productor y exportador mundial de tomates frescos y congelados con 2.620 millones de dólares vendidos el año pasado, dirigidos en su totalidad a Estados Unidos, que a su vez es el primer comprador del mercado global con 3.010 millones de dólares en 2021. La relación entre México y EE.UU surge de su común pertenencia al mercado norteamericano (al que hay que sumarle Canadá), a través del acuerdo de libre comercio entre los tres países, reformulado por Donald Trump en 2018, y que fue originariamente el TLC o NAFTA , suscripto en 1992, por Clinton.

El total del comercio mundial de tomates frescos y congelados ascendió a 9.810 millones en 2020, con una tasa de crecimiento de 8.1% anual promedio en los últimos 10 años.

Hay que agregar que el tomate es un producto hortofrutícola de los más intercambiado del comercio internacional entre 2019 y 2020.

Lo más importante que ha ocurrido con el comercio internacional de tomates frescos es que, después de México, los siguientes dos grandes protagonistas son países europeos, en primer lugar Holanda con 1820 millones de dólares vendidos en 2020, seguida por España con 1.200 millones de dólares en igual periodo. Ahora, estos dos países europeos prácticamente han retrocedido del mercado global debido al alto coste de la energía, que es un insumo esencial para la industria tomatera, como consecuencia de la tremenda crisis energética desatada en Europa por la Guerra de Ucrania, combinada con las sanciones comerciales y financieras impuestas a Rusia por EE.UU, la Unión Europea, y Gran Bretaña.

Holanda (Países Bajos) representa 18.5% del total de las exportaciones de tomates en el mercado mundial y España, 12%, en tanto que México llega al 26%.

El precio de la energía (primordialmente gas natural) ha aumentado 700% en Gran Bretaña en el último año y esto significa que los productores de frutas y hortalizas del Reino Unido estarán entre 70% y 80% fuera del mercado en 2023.

Es una situación sin precedentes en el mercado agroalimentario europeo, ampliamente subsidiado, y por definición de alto nivel tecnológico, y por lo tanto, profundamente dependiente de la provisión y el costo de la energía, lo que afecta a toda la cadena productiva desde la cosecha a la refrigeración y distribución.

Por eso, por ejemplo, el precio de la manteca ha aumentado más de 80% el último año, y más de 50% el de la leche en polvo, mientras que la carne ha experimentado un alza de 28% en el mismo periodo.

Holanda no es solo el quinto exportador mundial en términos nominales, porque en relación al producto y a la población es el segundo exportador global de productos agroalimentarios después de EE.UU; y ahora su papel en el mundo de los agroalimentos está perdiendo relevancia aceleradamente debido al alto coste de la energía provocado por la Guerra de Ucrania.

De esta forma, la crisis energética mundial desatada por el conflicto ucraniano y las sanciones impuestas a Rusia por Occidente, no solo han hundido a la industria manufacturera europea, en primer lugar a la más importante que es la alemana, sino también a producción frutihorticola encabezada por la de tomates frescos. En la zona sur de Italia la producción frutihorticola se ve favorecida por un clima semejante al de Marruecos o Túnez en el norte de África, aunque en el último año se ha visto afectada por una fuerte sequia, y más de un tercio de los productores agrícolas están operando a pérdida en ese periodo.

A esto hay que sumarle que los productores de aceite de oliva de Italia, España y Portugal han visto sus costos energéticos prácticamente triplicados en los primeros 6 meses del año, en tanto que los costos de los fertilizantes se han duplicado en esta misma etapa. España lidera las exportaciones de aceite de oliva en toda la alta gama de cocina.

Todo esto ocurre cuando el mercado mundial de aceite de oliva del sur de Europa cuenta con los precios más altos y la demanda más elevada de los últimos 20 años, pero su margen de ganancias se ha reducido drásticamente en 2022 por el alza experimentada en los costos de producción esencialmente los energéticos.

La guerra de Ucrania, en síntesis, que ha desatado las tres crisis globales de la alimentación, la energía, y la inflacionaria, golpea ahora a la producción frutihorticola europea.

Nadie es ajeno en Europa a la guerra de Ucrania, aunque gracias a la Unión Europea la fortaleza de los productos españoles, italianos, portugueses y holandeses está asegurada, pero toca sufrir en beneficios.