TRIGO, ARROZ Y MAÍZ COMPONEN EL 60% DE LA DIETA DE LA HUMANIDAD

El dato de la concentración de consumo alimenticio en tres plantas frente a las más de 7.000 existentes es muy impactaste. Se impone diversificar la producción agroalimentaria en el mundo. De todas las especies vegetales en el planeta que sólo tres, trigo, arroz, y maíz, provean más de 60 por ciento de la dieta alimentaria de la población actual ( 8.000 millones de humanos) es un perfecto despropósito ecológico.

La característica principal de la agricultura moderna, especialmente en Estados Unidos, primer productor mundial, es que es altamente concentrada en algunos productos de consumo masivo y se realiza con una extraordinaria intensidad de capital, junto con una utilización en gran escala de pesticidas, plásticos y agroquímicos.

El resultado es un sistema vorazmente consumidor de recursos, sobre todo combustibles fósiles, lo que transforma la producción agrícola en una gran emisora de dióxido de carbono (CO2), que es la causa mayor del calentamiento de la atmósfera o cambio climático.

Todo esto ocurre con un gran desperdicio de alimentos en el mundo, de más de 30% del total, incluyendo los países avanzados, mientras que otros como India, extremadamente frágiles en su ecuación alimentaria, ese derroche supera 40%, o más de su producción.

Por eso, es necesario diversificar la producción y establecer un nuevo mecanismo agroalimentario que se reconcilie con la naturaleza, y que busque sistemáticamente la eficiencia en la producción y la distribución de los agroalimentos.

Esto ha llevado a la Unión Europea a impulsar un manifiesto global por la diversificación alimentaria, y por el combate a la degradación de la naturaleza y de los suelos. Se trata en suma, de asumir en la fase productiva una lógica de la vida, reconociendo que el sector de los agroalimentos es ante todo una actividad profundamente biológica, y que por lo tanto se guía por sus leyes y las respeta.

En este momento, más de 40% de las mejores tierras trigueras de EE.UU sufren intensas sequias, que ya no tienen evidentemente un mero carácter cíclico, sino estructural. A su vez, los calores extremos de las grandes provincias agroalimentarias chinas han provocado este año los menores rendimientos trigueros de la historia de la República Popular; en tanto que la India, que tiene uno de los sistemas de lluvia más volátiles del mundo, la temperatura promedio del mes de julio ha sido de 49 grados centígrados.

A esto hay que agregar el impacto que ha provocado en el mercado agroalimentario mundial la guerra de Ucrania, cuyo impacto es el más destructivo desde que se llevan registros. Rusia y Ucrania proveen juntas 28% del trigo global, 15% del maíz, y 75% del aceite de girasol.

Por su parte, Rusia y Bielorusia son las mayores productoras y exportadoras de fertilizantes nitrogenados, así como de potasio y fósforo; y ahora todo este complejo productivo ruso ucraniano ha desaparecido del mercado mundial, al menos temporariamente.

Rusia y Ucrania poseen las tierras negras sobre el mar del mismo nombre, que son las más fértiles del sistema global junto con la Pampa Húmeda de la Argentina. Hay, en breve, una situación de emergencia alimentaria en el momento actual, que torna cada vez más difícil alimentar una población de 8.000 millones de habitantes, lo que muestra con claridad el desafío de alimentar una población de más de 10.000 millones de personas en 2050, con una temperatura que superara en 5°/10° los niveles actuales.

Por eso es urgente diversificar la producción agroalimentaria, acompañada de un esfuerzo sistemático de descarbonización y drástica reducción de la emisión de dióxido de carbono; y esto hay que hacerlo en todas partes al mismo tiempo, tanto en EE.UU como en África.

El calculo que hace la Unión Europea en su manifiesto por la diversificación alimentaria es que hay más de 7.000 plantas en el planeta, y de ellas, solo tres -trigo, arroz, y maíz- proveen más de 60% de la dieta alimentaria de la población actual. Hay que unir a esto que prácticamente la totalidad de esa producción se realiza con métodos “intensivos de producción industrial”, acompañados con un alto consumo de fertilizantes y pesticidas de carácter químico.

Este es un sistema productivo con fecha de vencimiento en la historia agroalimentaria que coincide con el fin de una época, que es la de los combustibles fósiles; y donde la alimentación se ha tornado extremadamente monótona y ultra procesada, que es transportada por grandes navíos impulsados por energía de carácter fósil de un punto a otro del planeta.

Para pensar lo nuevo, hay que pensar de nuevo esta discusión mundial absolutamente decisiva, es uno de los rasgos centrales del siglo XXI.