Para terminar con el ascenso de la inflación y las subidas de tipos del dinero en el mundo hay que poner fin a la guerra de Ucrania

La Guerra de Ucrania ha tenido un extraordinario impacto disruptivo en la economía mundial, más allá de las dimensiones materiales de Rusia y Ucrania, y en primer lugar ha golpeado profundamente los mercados de commodities y las condiciones financieras e inflacionarias globales.

El resultado ha sido una desaceleración profunda de la economía mundial, que crecería este año sólo 2,9% anual (de los 4.5% previstos un año atrás), en tanto que los países emergentes también han visto degradada su proyección, con un alza de 3,4% este año (casi 1 punto y medio menos de lo diagnosticado 12 meses atrás).

Esta nítida tendencia de declinación del auge económico global coincide con un aumento de la tasa de inflación que ha alcanzado un 10% anual en EE.UU., Europa, y tendencialmente en la economía global.

Por eso, lo previsible ahora para los próximos 10 años es una situación de bajo crecimiento económico combinada con una alta inflación; y este ominoso pronóstico está directamente vinculado a la Guerra de Ucrania y su continuidad, en la estimación del Banco Mundial.

Los últimos datos de la inflación mundial de abril de 2022 son los siguientes: la tasa global asciende a 8%, el mayor nivel desde 2008; y ha subido a 10% en los países avanzados, llegando incluso al 20% en tres países de la Unión Europea.

Lo que desató esta ola inflacionaria en el mundo ha sido el shock energético mundial provocado por la Guerra de Ucrania, especialmente a partir de la invasión del 24 de febrero de 2022, acompañada por las sanciones impuestas a Rusia por EE.UU. y los países europeos. Sin olvidar la locura de consumo después de las enormes restricciones por la pandemia global.

Algo semejante ha sucedido con el crecimiento económico mundial, que tras haberse elevado 5,7% anual en 2021, después del virtual colapso experimentado por la pandemia, se redujo a 2,9% en 2022, y mantendría el mismo nivel en 2023 y 2024.

Lo verdaderamente preocupante es el alza de 2% anual en el largo plazo (segunda mitad de la década de los 20), como expresión de un debilitamiento generalizado de la capacidad de auge potencial, en especial en los países avanzados.

El punto verdaderamente crítico de esta situación diabólica es el impacto altamente disruptivo de los shocks energéticos y alimentarios provocados por la Guerra de Ucrania, con el agregado de que su gravedad está directamente vinculada a la duración del conflicto.

Lo notable es que esto ocurra cuando el cambio tecnológico en los últimos 20 años es verdaderamente extraordinario; y la economía global mucho más flexible y eficiente, incluso en términos energéticos, que hace dos décadas.

La automatización se ha generalizado, y la Inteligencia artificial se ha convertido en la tecnología más abarcativa de la época, lo que significa que la revolución tecnológica ha desatado un proceso generalizado de desinflación estructural.

En suma, esta caída del crecimiento potencial provocado por la Guerra de Ucrania y sus consecuencias tiene lugar cuando está en pleno despliegue la Revolución Industrial de nuevo cuño.

La particularidad intensamente distorsionadora de la Guerra de Ucrania y las sanciones contra Rusia es su carácter estrictamente exógeno y exclusivamente geopolítico, completamente ajeno al proceso orgánico de acumulación capitalista.

Esto significa que poner término al conflicto a través de un proceso de negociación entre las partes, puede erradicar en un sólo movimiento y de manera prácticamente inmediata las causas de fondo de la crisis mundial.

Pero lo que está ocurriendo en el momento actual es exactamente lo contrario. Hay una ruptura generalizada y una completa falta de cooperación en la economía mundial.

La crisis financiera internacional 2008/2009, surgida con el colapso del Lehman Brothers en Wall Street, fue resuelta por un esfuerzo fenomenal de cooperación y coordinación en el mundo, que fue encabezado por EE.UU. y China utilizando como plataforma de gobernabilidad mundial al Grupo de los 20 (G-20).

Las dos superpotencias, actuando en estrecha cooperación movilizaron a todas las instituciones globales – Banco Mundial, FMI, OMC, OIT, etc -; y lo que hicieron fue un adelanto de lo que implica la creación de un sistema de gobierno del mundo.

Nada de eso existe hoy, sino todo lo contrario. Entre EE.UU. y la OTAN hay una situación de guerra global con Rusia y China; y todas las instituciones de Bretton-Woods están hoy profundamente divididas, o han sido vaciadas de contenido real.

Hoy, en vez de un proceso de cooperación para resolver la crisis, hay ruptura y enfrentamiento; y es esto lo que transforma a la actual crisis en la más grave de la historia del sistema capitalista, muy superior a la de 2008/2009.

Esto es lo que transforma a la actual situación en extremadamente peligrosa, incluso desde el punto de vista bélico, y profundamente volátil. Se llega a la guerra no por una voluntad maléfica, sino por un conjunto de errores, surgidos de la ignorancia o de los prejuicios ideológicos. De hecho tanto Ucrania como Rusia están gobernadas por líderes profundamente nacionalistas y ubicados en la derecha y extrema derecha, respectivamente.

En síntesis y abreviando: hay que terminar con la Guerra de Ucrania a través de una negociación política lo antes posible.