La subida de precios dispara el miedo en los EE.UU. a una recesión

El Foro de Davos en Suiza señaló que no se espera una recuperación global en 2023, ni siquiera bajo la forma atenuada de bajo crecimiento económico y alta inflación lo, que llamamos estanflación, sino una recesión en la economía mundial, provocada por una verdadera “tormenta perfecta”, a la que contribuyen la Guerra de Ucrania, la elevada inflación, la inseguridad alimentaria, los altos precios energéticos, el confinamiento en las grandes ciudades chinas (como Shanghai y otras), la devaluación de las monedas de los países emergentes, y sobre todo, el hecho crucial de que se ha producido una ruptura en los mecanismos de coordinación y cooperación del fenómeno de la globalización, que es el núcleo estructural del capitalismo de siglo XXI.

Kristalina Georgieva, Directora Gerente del FMI, ya lo había advertido en un discurso en Washington de hace unos días, donde señaló que en realidad hay tres crisis superpuestas en la economía global de 2022: la pandemia del coronavirus, aun no concluida; la Guerra de Ucrania, transformada en un conflicto global de largo plazo que enfrenta a EE.UU. con Rusia; y por último, lo decisivo, la ruptura que se ha producido del proceso de globalización debido al estallido de una nueva Guerra Fría que encabeza EE.UU. y Occidente contra Rusia y China, y que se desarrolla tanto en Europa como en Asia.

Allí, en Japón, el presidente Joe Biden le ha dicho a China que va a ir a la guerra por Taiwán si intenta recuperar la isla por la fuerza en cualquier hipótesis.

Esta ruptura de la globalización contradice su naturaleza como expresión de la fase actual de la acumulación capitalista, en la que es un sinónimo de integración definitiva e irreversible del sistema a través de las cadenas globales de producción, representadas por 88.000 empresas globales y sus 600.000 asociadas y afiliadas, de las cuales 44% son norteamericanas y 25% chinas. Esto ha provocado que EE.UU. experimente el más alto nivel de inflación de los últimos 40 años, con 8,5% anual en marzo y 9% en abril, lo que ha obligado a la Reserva Federal a aumentar las tasas de interés 0,5% anual de una sola vez, con la previsión de que se elevarán 7 veces este año.

Lo previsible ahora es que se desencadene en EE.UU., la primera economía del mundo, una recesión leve pero prolongada este año o el próximo año, con una honda e inmediata consecuencia para el sistema global.

Se advierte que la semana pasada, las brutales caídas de Wall Street de los últimos 15 días son el resultado de la virtual certidumbre que hay en el principal centro financiero del mundo sobre la proximidad de una recesión global (los mercados bursátiles norteamericanos cayeron más de 18% desde principios de año).

Todo indica que la tasa de inflación estadounidense se ha “normalizado” en un nivel de 8% anual promedio, en tanto que la tasa de interés real potencial de EE.UU es menos de 2% anual. Paul Volcker logró controlar la inflación norteamericana en la década del ‘80 cuando duplicó la tasa de interés respecto al nivel de inflación, llevándola hasta 21% anual en los primeros 3 meses de 1981.

Por eso advierten que la caída de 1,4% anual del primer trimestre del año adelanta una tendencia de fondo, nítidamente recesiva, en 2022 y 2023, que sería más grande en 2024. Esto sucede cuando la demanda estadounidense ha crecido extraordinariamente en los últimos dos años, en los que ha crecido más de 6% anual.

Así, por ejemplo, la demanda nominal se ha elevado más de 12% a contar del primer trimestre de 2021, en tanto la desocupación ha caído a 3,5%, el segundo nivel más bajo de la historia norteamericana desde 1950; y esto ocurre cuando la oferta estadounidense notablemente pujante solo está frenada por la restricción que existe en la fuerza de trabajo disponible. Hoy, en un sentido estricto, EE.UU tiene una situación de sobre-empleo (se crean más puestos de trabajo que personal existe en condiciones de ocuparlo).

La regla establecida por Alan Greenspan, ex Jefe de la Reserva Federal durante 18 años, es que los mercados se adelantan a las tendencias que prevén. De ahí la drástica caída de Wall Street, que hizo que el Nasdaq disminuyera 30% en los primeros 3 meses del año, lo que representa una pérdida de 12 billones de dólares, la mitad del PIB de EE.UU.

Las crisis económicas, como las estratégicas, o políticas, son siempre determinadas y específicas, y se desatan en un lugar y con protagonistas intransferibles. Esto obliga a descartar todo tipo de tentaciones catastróficas, porque el capitalismo se expande a través de las crisis, y no fuera de ellas, especialmente en el caso del actual sistema global, absolutamente integrado por la revolución de la técnica. Con lo cual todo esto a la larga es bueno y positivo.

Pero hay que agregar que incluso las crisis globales como la actual tienen un comienzo y un punto de partida, que en este caso es la Guerra de Ucrania y el efecto en la economía mundial de las sanciones comerciales y financieras a Rusia.

Esto es lo que ha provocado la actual ruptura del mecanismo de integración y cooperación, que afecta a la propia índole estructural del sistema integrado transnacional de producción, que es el capitalismo del siglo XXI.