Juan y Mercedes; miradas limpias para Madrid

Queda apenas un año para las próximas elecciones municipales y autonómicas. Y, una vez más, la campaña de Madrid será una de las más decisivas en la contienda.

Por varias razones.

En pocos sitios como en Madrid se presenta la batalla ideológica de modo tan crudo y nítido. Ellos hablan de comunismo o libertad. Nosotros podríamos hablar de decencia o mangancia.

En el territorio madrileño coinciden al tiempo los más aprovechados y los más damnificados del país. Aquí conviven muchos de los “listos” que trincan comisiones millonarias con un par de llamadas. Y también muchos de los “tontos” que han de elegir tarifa eléctrica calculando cuánto les queda para comer.

Y la capital es, asimismo, escenario, centro y epicentro de los mayores escándalos de corrupción del país, protagonizados siempre por la derecha gobernante: los Gurtel, los Lezo, los Púnica… y los Kitchen que corrompen para tapar la corrupción.

Resulta lógico, por tanto, que las principales formaciones políticas dirijan a la contienda madrileña su atención, su mejores capacidades de análisis y sus estrategias más depuradas.

El PSOE buscó en otro tiempo para la campaña de Madrid algunos fichajes de solvencia demostrada, aunque de escaso recorrido en la política capitalina. Unos salieron mejor que otros.

Hoy, el Partido Socialista está liderado en la región y en la capital por dos figuras de la cantera. Son dos personas jóvenes, llenas de ideas y, a la vez, con una capacidad de gestión ya acreditada. Juan, en lo municipal. Mercedes, al frente de la Delegación del Gobierno.

Ambos han llegado a convertirse en líderes tras años de trabajo esforzado y exitoso, que les ha ganado el respeto de sus compañeros, cada cual en su perfil y faceta. Nadie les ha regalado nada.

Sen trata en ambos casos de liderazgos hechos a sí mismos. Y con la mirada limpia. Por su honestidad, desde luego, y también porque los dos practican la sana política de la fidelidad a los principios, y la anteposición, siempre, del interés general.

Ni tienen primos comisionistas, ni se transmutan en estadistas o tabernarios a golpe de encuesta, ni juegan jamás al cuanto peor mejor.

Coherencia con los valores propios y servicio público. No hay velo alguno en su mirada.

La derecha va a procurar, una vez más, eludir la controversia ideológica explícita, o cualquier debate serio sobre gestión o programa.

Intentará, otra vez, reducir la campaña a una sucesión de mensajes puramente emocionales, negativos en su mayoría. La Ayuso libertaria frente al sanchismo diabólico.

Los demás tendremos que esforzarnos para superar las añagazas populares, bien regadas durante años con el comisionismo empresarial y mediático. Y habremos de hacerlo situando el debate en sus términos más útiles para los electores.

Habrá que hablar de ideología, claro. Pero no en el simplismo tramposo y maniqueo que proponen los estrategas populares. Sino en el contraste de ideas que han de sustentar las diversas alternativas de gobierno.

Para la derecha, gobernar Madrid consiste en facilitar negocios (a veces legales) a costa de la igualdad de oportunidades y el bienestar general. Para el PSOE, gobernar consiste en promover un progreso justo de la economía, garantizando la justicia social y la sostenibilidad ambiental.

Ellos, con preeminencia de lo privado. Nosotros, con preeminencia de lo público.

Ellos, con regalos fiscales a cambio del sálvese quien pueda. Nosotros, con fiscalidad justa a cambio de dignidad garantizada por igual.

Ojalá y ésta pueda ser, al fin, una campaña ideológica de verdad.

Y habrá que hablar de programa, desde luego. Comunidad y Ayuntamientos gestionan las políticas y los servicios que afectan de forma más amplia, directa y cotidiana a la vida de las personas.

Casi nunca permitió la derecha que las campañas madrileñas versaran sobre los modelos diversos de gestión de la sanidad, la educación, las prestaciones sociales, las políticas de empleo o vivienda, los transportes, la ordenación territorial, la preservación ambiental…

Porque saben que ahí pierden.

Y habrá que hablar de personas. Y (es a lo que vamos) aquí pierden también.

No caben perfiles más contrapuestos que los propios de PP y de PSOE en Madrid.

Ayuso representa la política populista, visceral, sin un ápice de rigor. Ni lo tiene, ni lo quiere, ni cree necesitarlo.

Y Juan está sabiendo combinar la fuerza de la ilusión y el crédito de la responsabilidad. Crece cada día y de manera visible ante la ciudadanía, alternando sus críticas certeras con la propuesta constructiva y realista.

Almeida es un superviviente, que asume durante un tiempo el falso perfil moderado. Que se transforma después, por encargo de su partido, en mamporrero antisanchista. Y que se abraza ahora a Vox para no ahogarse en el cieno del comisionismo…

Mercedes no tiene parientes a comisión, y se lleva bien con Pedro Sánchez, y no necesita coser cada tarde el partido que le han descosido por la mañana (como le pasa a la otra izquierda).

Mercedes hace política para resolver problemas, sabe cómo hacerlo y cuenta con la experiencia y la ayuda necesarias.

Sus prioridades son las mismas que tienen los madrileños: empleo, vivienda, barrio. Empleo digno, vivienda accesible, barrio cuidado, calidad de vida…

Hay una escena elocuente en la película “La familia perfecta”, de Arantxa Echevarría. El personaje que interpreta Belén Rueda viaja en la parte trasera de un coche por la capital, con su hijo al volante.

Mientras recorren el centro de Madrid, su rostro refleja satisfacción con lo que ve. Paulatinamente, conforme salen del centro, su gesto se va nublando hasta llegar al desagrado evidente. “¿Pero ésto sigue siendo Madrid?”, pregunta. “Sí, mamá”, responde el hijo en tono reprobatorio.

Mercedes trabaja para que esa pregunta no tenga justificación. Por ejemplo.

La campaña de Madrid siempre es apasionante. En esta ocasión, también.