La República Popular China acaba con la miseria y extiende la prosperidad del pueblo

La fortuna personal de las cabezas de las 3 principales compañías hightech de la República Popular Comunista; Jack Ma de Alibaba, Pony Ma de Tencent, y Robin Li Yanhong de Baidú, ascendió a 280.000 millones de dólares en el primer trimestre de este año; y son los que constituyen la avanzada de las dos docenas de emprendedores de alta tecnología con un capital de al menos 2.000 millones cada uno de dólares.

Son más de 1.000 los billonarios en China, provenientes de todas las actividades económicas, el doble que hace cinco años, y muy por encima de los 696 billonarios de EE.UU.

El líder de los muy ricos en la República Popular es ZhongShanshan, titular del imperio productor y distribuidor de agua mineral “Nonfu Springs”, cuya fortuna ascendió a 72.500 millones dólares de EEUU en el primer trimestre de este año.

Los nueve principales productores automotrices, ahora volcados primordialmente a la fabricación de vehículos eléctricos, han aumentado en 22.000 millones de dólares su riqueza colectiva desde julio de este año; y el que encabeza el pelotón, Wang Chuanfu, titular de BYD, la elevó en 4.000 millones dólares en los últimos 2 meses, llevándola a 25.000 millones, y esto la convierte en la décima persona más rica de China.

El presidente Xi Jinping proclamó la necesidad de regular los ingresos (personales) excesivamente elevados, y alentar a los grandes grupos empresarios a devolver a la sociedad una parte mayor de sus ganancias.

El mandatario chino denomina a esta política “Prosperidad Compartida”; e implica un giro estratégico de envergadura en relación a la prioridad establecida por DengXiaoping en 1978 de “…impulsar a los más ricos a ir primeros”, ya sean regiones, empresarios, o actividades productivas.

Tras este anuncio, Tencent amplió en 7.700 millones un Fondo destinado a la “Prosperidad Común”, elevándolo a 15.000 millones, y asegurando que utilizará para su ejecución todas sus “capacidades tecnológicas, empresariales, y digitales, asistiendo al desarrollo de las zonas rurales y a los sectores de bajos ingresos”. Agrega Tencent que pondrá el énfasis en el alza de la medicina primaria y la educación de base.

La cifra de 7.700 millones que compromete Tencent es la cuarta parte de sus ganancias netas de este año (21.330 millones), y aspira a duplicarla en 2022.

La “Prosperidad Compartida” nada tiene de esfuerzo igualitario, y no establece un techo o límite a las ganancias empresariales, sino que procura que todos los sectores sociales participen de la riqueza del país, ampliando cualitativamente sus oportunidades económicas, sociales, y culturales, una vez que ha quedado atrás la “pobreza extrema”, definitivamente eliminada en 2020.

El objetivo macroeconómico de la nueva política es incentivar el consumo como el eje del crecimiento económico de la República Popular (6,9 billones en 2020); y que ahora es liderado por el gasto de una clase media de 440 millones de integrantes con ingresos comparables a los norteamericanos (35.000/45.000 dólares anuales), que crece 12,5% por año.

El ingreso per cápita chino alcanzaría a 12.500 dólares anuales en 2022 – y crecerá (con una tasa de crecimiento de 8% por año) a 20.000 en 2030; a partir de ese momento la República Popular ingresaría en el segmento de los países de “ingresos elevados” establecido por el Banco Mundial.

En esta categoría, lo esencial ya no es la tasa de expansión económica, sino la distribución del ingreso. Es un aspecto cualitativo lo que está en juego, no el auge del PIB nominal; y el objetivo es obtener un crecimiento de elevada calidad, sustentado en el consumo intensivo de todos los sectores sociales; y para eso hay que expandir la riqueza y “compartir la prosperidad”.

China, en síntesis, ha superado la “trampa de los ingresos medios”, que castiga con el estancamiento y la desigualdad social a todos los países emergentes.

Por eso se orienta ahora hacia la meta del Segundo Centenario (2049, 100 años de la fundación de la República Popular). En ese momento sería un país próspero, medido en términos del capitalismo más avanzado de la época, en todos los aspectos, regiones y sectores sociales, altamente competitivo e innovador, convertido en el eje de los acontecimientos mundiales.

Para China el proyecto y el trayecto son lo mismo. Por eso la “eliminación de la pobreza” obtenida en 2020 ha sido el primer paso hacia la “Prosperidad Compartida”, aspirando a concluir este extraordinario emprendimiento en 2049, el Segundo Centenario, con un punto de inflexión colocado a mitad de camino que se cumple en 2035.

La regla en China, como quedó demostrado con la “eliminación de la pobreza”, es que los objetivos históricos se cumplen. Esta eficacia fenomenal es un rasgo distintivo de su sistema político.

Es por esto que se ha establecido un nuevo mecanismo de regulación de las fortunas personales, y se ha convocado a las grandes empresas a un mayor esfuerzo de devolución a la sociedad de sus ganancias extraordinarias, lo que deberán hacer, por supuesto, con su eficacia característica.

Esto es lo que se denomina “Prosperidad Compartida”, o socialismo de características chinas del siglo XXI; algo distinto a la socialdemocracia europea pero con similares objetivos reales.