El negocio agrario se convierte en el nuevo objetivo de Bill Gates

El fundador de Microsoft está una vez más a la cabeza de una tendencia mundial: la desterritorialización y el sistemático cambio tecnológico. El informe sobre la Propiedad de la Tierra de EE.UU de enero de este año, señala que Bill Gates, el fundador de Microsoft y poseedor de 45% de sus acciones, es el principal propietario de tierras norteamericanas, titular de una superficie de más de 100.000 hectáreas desplegadas por todo el inmenso territorio estadounidense, el cuarto del mundo en orden de extensión (Rusia / Canadá / China / EE.UU).

La última compra realizada por Bill Gates fue en el Estado de Washington, donde adquirió una finca de 5867,9 hectáreas por 171 millones de dólares, lo que implica un valor destinado a producir maíz y trigo, en rotación con la cosecha de patatas.

Se trata de un tipo de compra que solo pueden realizar los grandes inversores institucionales, todos ellos ubicados sin excepción en Wall Street. La razón fundamental de la ola de compras masivas de tierras que realizan los grandes inversores institucionales es ante todo la necesidad de combatir los efectos del cambio climático o “Calentamiento de la atmósfera” mediante el impulso sistemático a la producción agroalimentaria de carácter sustentable y de largo plazo.

Por eso, los fondos de Wall Street específicamente establecidos para comprar tierras destinadas a la producción agroalimentaria recaudaron 5.700 millones en 2019, y luego retrocedieron a 2.000 millones en 2020 como consecuencia del estallido de la pandemia del coronavirus en el mundo entero, pero luego han trepado a más de 10.000 millones en 2021, como expresión de una nítida tendencia ascendente.

Estos fondos de Wall Street destinados a las compras de tierras agrícolas ofrecen una tasa de retorno de 12% sobre el capital invertido, que se incrementa en el mediano / largo plazo o debido a los aumentos sistemáticos de productividad obtenidos a través de las nuevas tecnologías propias de la dimensión biológica de la Revolución industrial, en pleno despliegue tanto en EE.UU. como en el mundo.

Muchas de estas inversiones, la del Bill Gates en destacado lugar, se proponen lograr la neutralidad carbónica (compensación completa entre emisión y absorción de dióxido de carbono / Co2) de su producción agroalimentaria en un plazo de 5/ 10 años; e intentan hacerlo con alicientes significativos otorgados en las menores tasas de interés y en la reducción del coste de los seguros.

Esto indica la importancia cada vez mayor que los bancos centrales y el sistema financiero internacional otorgan a la necesidad de reducir la emisión de dióxido de carbono y de esa manera combatir el cambio climático. Todo esto implica el logro de mejoras significativas en la ecuación económica originalmente pactada.

En definitiva, todo indica que la tendencia a la neutralidad carbónica de la economía avanzada, incluyendo a la agrícola, tiene un carácter irreversible y creciente. De ahí que tiendan a formalizarse los pasos sucesivos en ese sentido; y que lo previsible ahora es que Europa, Canadá, Australia, y Nueva Zelanda, se propongan instalar un impuesto a la emisión de Dióxido de Carbono (Co2) antes del fin de la década.

El negocio agrario, en definitiva, se transforma en una combinación de contratos, donde la inversión proviene del sistema financiero internacional, y la gerencia ejecutiva y técnica, por definición de alto nivel científico y tecnológico, surge de los grandes centros especializados de formación, y en que, por último, los mercados son los globales, en los que el ingreso per cápita de su población crece sistemáticamente.

En todos los casos, el fenómeno de fondo de esta situación es la profundización cada vez más acelerada del proceso de desterritorialización, que es el rasgo característico de la agricultura avanzada. Esta tendencia esencial experimenta variaciones según el precio de los commodities y determinados factores locales como la sequía y el intervencionismo del Estado, pero el precio de la tierra, el activo crucial, responde a la tendencia de fondo de largo plazo. La desterritorialización y el sistemático cambio tecnológico hacen que el mercado de Tierra sea cada vez más líquido, en la medida exacta en que desaparece la figura del propietario tradicional de tierra.

Ahora las tierras se venden permanentemente, en aplicación de la regla básica del capitalismo que establece que “… todo lo sólido se transforma en líquido”. Bill Gates, en suma, está una vez más a la cabeza de una tendencia mundial, como antes lo fue con Microsoft y la revolución tecnológica del procesamiento de la información. Evidentemente, es su naturaleza ser un pionero de las nuevas realidades, un visionario.