Se descubre una condición genética que podría ayudar a detener la extinción del lince ibérico

El lince ibérico (Lynx pardinus) es un mamífero de tamaño mediano (machos con un peso medio de 13 kg y casi 10 kg para las hembras), cuyo hábitat principal es el Parque Nacional de Doñana. Pero desde hace muchos años, este felino se encuentra en peligro de extinción.

Son muchas las causas por las que el lince ibérico se encuentra en peligro de extinción, pero la principal es que los conejos de monte, de los cuales se alimentaban cayó en picado. Esto se debía a que se vieron afectados por dos virus (mixomatosis en los años 50 y la enfermedad vírica hemorrágica del conejo en los 80). Otra causa es que el hábitat de esta especie se limita solo a la península ibérica, por lo que sufren un alto nivel de endogamia. Ahora se ha descubierto que esta ultima causa también podría ser la explicación a infecciones o plagas.

El grupo de científicos que ha llevado acabo esta investigación liderada por la Estación Biológica de Doñana-CSIC ha analizado los genomas de 20 linces ibéricos (Lynx pardinus) y 28 eurasiáticos (Lynx lynx) descubrieron que, a pesar de que el ADN de los linces ibéricos tiene lastres, ha sido capaz de ‘purgar’ algunas variantes genéticas, las más peligrosas, heredadas de progenitores con un parentesco cercano.

Pero existe un tipo de mutaciones, las recesivas, cuyos efectos nocivos solo se manifiestan cuando coinciden en ‘doble dosis’. Por ejemplo, cuando se heredan de los dos progenitores al mismo tiempo. Uno de los investigadores afirma que «en las poblaciones pequeñas, como el nivel de consanguinidad es mucho mayor. Por lo que la probabilidad de que estas mutaciones recesivas acaben coincidiendo en un mismo individuo es mucho más alta. De esta forma, el animal no es capaz de reproducirse o, directamente, de sobrevivir, con lo cual las mutaciones nocivas se pueden “purgar” de la población».

Por lo que se considera que eso es precisamente, lo que ha ocurrido entre los linces ibéricos. Los individuos más débiles no sobreviven o no los pasan a la siguiente generación. La “purga” genética logra eliminar muchas mutaciones recesivas nocivas, hasta el punto de que los ibéricos están más ‘limpios’ que los euroasiáticos.

Actualmente la Península Ibérica ya cuenta con aproximadamente 1.100 ejemplares de linces ibéricos.