La invasión de Putin sobre Ucrania inicia una nueva etapa en las relaciones económicas y políticas del mundo

El presidente ruso consiguió que Ucrania desista de su incorporación a la OTAN. Y forjó una alianza pragmática con China. Comienza una nueva etapa en la política internacional, pero la consecuencia que seguro es precipitada; es una invasión mediante guerra relámpago de Ucrania por parte de Rusia.

El lunes de esta semana, el presidente de Ucrania Volodymyr Zelensky dijo lo siguiente: “La incorporación de Ucrania a la OTAN es una aspiración escrita en la Constitución Nacional. Pero reconozco el difícil lugar en que se encuentra nuestro país hoy, completamente rodeado por las fuerzas rusas; y con socios como EE.UU. que insiste en que no va a enviar tropas a Ucrania para repeler una invasión rusa”.

Por eso se preguntó Zelensky: “… ¿Cuánto tiempo más debe continuar Ucrania en este camino?; ¿Quién nos va a apoyar?”. Eso hizo concluir al mandatario ucraniano que “…la posibilidad de que Ucrania se una a la OTAN es un sueño”, alejado de la realidad.

Zelensky habló junto al canciller alemán Olaf Scholtz, quien señaló con mucha nitidez: “En el caso de una escalada militar, estamos listos para imponer sanciones efectivas y de largo plazo de acuerdo y en coordinación con nuestros aliados”. Pero agregó a continuación: “La incorporación de Ucrania a la OTAN no está en la agenda de la Organización, y presumiblemente no lo estará en el futuro inmediato, lo que significa que no puede ser la razón del conflicto con Rusia, porque no es un tema de discusión”.

Por supuesto, el canciller ruso, Sergei Lavrov, recibió con satisfacción las expresiones tanto del presidente ucraniano como del canciller de la República Federal; y luego, a través de toda la televisión rusa, en un programa perfectamente planificado, le informó al presidente Putin las novedades ocurridas, pidiéndole abrir entonces el camino de la negociación diplomática, a todo lo cual el líder ruso respondió en un ejercicio de cuidadoso laconismo, según la prensa alemana: “Vale, bien”…pero la invasión estaba decidida.

Resumiendo, se ha producido un punto de inflexión en la mayor crisis de seguridad de Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial; y un nuevo conflicto bélico en el corazón del Continente Europeo, al mismo tiempo que es preciso advertir que el presidente Vladimir Putin ha logrado una monumental victoria política/estratégica de dimensión global, con consecuencias necesarias tanto en Europa como en Asia, y ante todo en la relación con EE.UU..

Rusia es el país más extenso del planeta con más de 17,5 millones de km2., y se extiende desde el Báltico al Pacífico, con el Ártico como frontera Norte.

A esto hay que sumarle que esta victoria del presidente Putin ocurre después de que Rusia se asociara “sin límites” con la República Popular, fundada en una visión común de los acontecimientos mundiales y de las tendencias fundamentales de la época, lo que implica la aparición de un factor cualitativamente novedoso en el escenario mundial.

El acuerdo entre Rusia y China no implica en modo alguna una alianza militar, porque no está allí el poder en el mundo de hoy, absolutamente integrado por la revolución de la técnica, y que se caracteriza por el pleno despliegue de la revolución industrial; y esto sucede cuando se ha dejado atrás la letal pandemia de los últimos 2 años, que mostró en los hechos la solidaridad de la sociedad global del siglo XXI.

Por eso es que Rusia y China presentan su asociación no en términos militares sino como expresión de una nueva época de la historia mundial. Esto, en definitiva, es lo que se ha impuesto a partir de todo lo que está pasando en Kiev, en Moscú y en el mundo.

Comienza ahora un proceso de revisión del orden internacional surgido de la Post-Guerra Fría, hoy notoriamente en crisis tanto en Europa como en Asia; y en él, en lo que viene, ha comenzado a emerger el aspecto político de una sociedad global, capaz de otorgarle sentido y legitimidad a un sistema verdaderamente integrado en el que encuentren su lugar las grandes civilizaciones del mundo.

Esto es lo que ha ocurrido en la crisis ucraniana, la tierra donde nació la civilización rusa, expresión de una nación profundamente europea, aunque sin la fragmentación de Europa; y que hoy se ha asociado con la gran Civilización China en su fase de República Popular, el Imperio del Medio del siglo XXI, que hoy encabeza, junto con EE.UU, la Cuarta Revolución industrial.

Esto significa que lo que sucede en EE.UU. a partir de ahora es lo verdaderamente relevante en el mundo, cuando se encuentra en uno de los momentos de mayor debilidad de su historia, después, sobre todo, de ese punto de inflexión que fue la derrota en Afganistán en agosto del año pasado, y cuando experimenta una crisis política interna de extraordinaria envergadura, la más grave de su historia desde la Guerra Civil de 1861-1865.

En los últimos 2 años, más de 2 millones de inmigrantes ilegales han entrado en EE.UU. por la frontera sur. Provienen de todas partes, desde Honduras a Kazajistán, pasando por Brasil, Haití y el sur de Europa. Todos persiguen el “Sueño Americano”; y con razón: la economía norteamericana, la mayor del mundo (22.4 billones/25% del PIB global) creció el año pasado 5.5% anual, y se expandiría este año más de 4%, en condiciones de sobre-empleo.

Este es el significado de lo reconocido por el presidente Zelensky de que la admisión de Ucrania en la OTAN es un sueño imposible. Esperemos que la invasión sea guerra relámpago y sus repercusiones se limiten en el tiempo….las tendencias geopolíticas son ya imparables.