La Rusia de Vladimir Putin gana poder económico en el mundo

Hay varios hechos que demuestran la fortaleza de Rusia en estos años veinte del siglo XXI. El vínculo estratégico entre Rusia y China es esencialmente energético, y tiende a profundizarse en los próximos 15 años, la demanda china de gas, la primera del mundo (410 millones de m3 por día) se duplica en 2035; y 64% es cubierta hoy por la producción doméstica. Hay que precisar que la oferta interna bajaría 15 puntos en 2035, lo que significa que aumentarían por necesidad mas importaciones. Esto acrecienta el papel del gas ruso en el mercado de la República Popular, en primer lugar a través del gasoducto de 2.500 km de extensión que transporta el gas de Siberia, y que alcanzaría una capacidad plena de 38 millones de m3 por día en 2025.

Vladimir Putin y Xi Jinping han pactado ahora la construcción de un gasoducto de más de 4.000 km de extensión que va a transportar el gas de Siberia norte y sur a China en un negocio de más de 400.000 millones de dólares en 20 años.

Rusia produce 691 millones de m3 de gas por día, y consume internamente 66% de ese total; y el resto lo exporta, hasta ahora a Europa a través de 3 gigantescos gasoductos/oleoductos. Esto hace que hoy provea más de 40% de la energía (gas y petróleo) que consume la Unión Europea. Esto le otorga un papel decisivo en términos geopolíticos en toda la Unión.

Las reservas de gas rusas son las mayores del mundo, 70 billones de m3, superiores a las de Arabia Saudita y Qatar sumadas, y son capaces de producir a los niveles actuales más de 100 años asegurados. El coste de la producción gasífera rusa es 0,5/1 dólar por millón de unidades, comparable o menor que la saudita o la qatarí. En suma, el gas ruso es no solo el más abundante del mundo, sino también uno de los dos más baratos en su costo de extracción.

Más de 60% de la energía que consume la República Popular proviene del carbón, el insumo más polucionante del mundo; y ahora China ha decidido alcanzar la neutralidad carbónica (equivalencia entre emisión y absorción de dióxido de carbono/CO2) en 2060; y para eso requiere sustituir el carbón por gas de fuente rusa en más de 65%, lo que multiplica por 4 sus importaciones en las próximas 3 décadas. ¡Negocio perfecto!.…

Este es el sustento estratégico de la alianza establecida entre Rusia y China por los presidentes Vladimir Putin y Xi Jinping, que es un elemento fundamental del equilibrio frente a EE.UU en la masa de países europeos.

En las condiciones de la globalización, la geopolítica no se puede realizar a pérdida. Es exactamente lo contrario a lo que sucedió en la Guerra Fría, cuando la ofensiva geopolítica de la Unión Soviética en Asia, África y América Latina tuvo un carácter ruinoso para su economía, y fue una de las causas de su fracaso como sistema.

Rusia fue el país emergente más favorecido por el primer superciclo de las commodities que tuvo lugar entre 2001 y 2011, que le permitió obtener un plus de ingresos de más de 1 billón de dólares en ese periodo. Putin hizo 3 cosas con esa plusvalía extra: mejoró extraordinariamente las reservas del Banco Central de Moscú, que ascienden hoy a 630.500 millones de dólares, lo que significa que han crecido 235.000 millones en los últimos 7 años; modernizó, y reestructuró a las fuerzas armadas, hasta hacerlas una de las tres más eficaces y móviles del sistema global; y por último, mejoró drásticamente las condiciones sociales, disminuyendo la pobreza, y eliminando prácticamente el alcoholismo como causa de muerte.

También Putin logró que Rusia reapareciera en el mercado mundial de agroalimentos, revirtiendo la virtual destrucción del sistema productivo realizado por Stalin, lo que convirtió a la Unión Soviética en un apéndice dependiente de las exportaciones agrícolas estadounidenses. Ahora Rusia se ha convertido en el primer exportador mundial de trigo, con 40 millones de toneladas vendidas el año pasado.

Rusia, en suma, se encuentra en una etapa de extraordinario fortalecimiento internacional, al punto de que Vladimir Putin le ha planteado a los EE.UU. en los últimos dos meses la necesidad de revertir el fin de la Guerra Fría, provocado por el colapso de la Unión Soviética en 1991, eliminando la expansión de la OTAN que tuvo lugar en Europa Oriental. Todo esto implica, como es obvio, volver a otorgar a Rusia la situación de gran potencia que ha tenido en la historia europea y mundial en los últimos 200 años.

Esto permite caracterizar el fenómeno Putin. En 1991 no solo cayó el sistema soviético creado por Lenin 74 años atrás, sino que también se desintegró el Estado ruso instaurado por la dinastía de los Romanov en 1612. El resultado de este doble colapso fue que la Federación Rusa se sumergió en una situación agudamente anárquica, con su economía estatal privatizada en manos de oligarquías extremadamente poderosas.

Allí apareció en 1999 Vladimir Putin, que en un periodo de 15 años logró reconstruir el Estado ruso creado más de 400 años atrás. Este es el significado histórico del líder ruso.

Hay dos tipos de figuras políticas en la historia mundial: las que han realizado una tarea esencial en el devenir de sus pueblos; y las que solo son producto de las circunstancias, y próximas a desaparecer con ellas. Sin duda, Putin es de las primeras.