La alta inflación durará lo que dure la pandemia

Medida por el índice de precios al consumidor es el indicador que mejor mide el incremento del coste de la vida. La inflación en EE.UU. ascendió a 6,2% anual en octubre de 2021; y si se la cruza con el índice de gastos de consumo personal esto que es sin energía ni alimentos, alcanzó a 4,4% por año en el mes de septiembre. Estos datos se están repitiendo en todos y cada uno de los países de la Unión Europea al igual que en Japón y Corea del Sur.

Este problema coyuntural es fácilmente explicable y países como España que llevan cuatro años sin inflación, de repente estemos por encima del 5%. Hay que agregar que más de la mitad del alza de la inflación se debe a un consumo extremadamente elevado de bienes físicos, acompañado por un retraso en su provisión; y es evidente que estos dos fenómenos correlativos están directamente vinculados al nivel de vacunación. Los países con mayor nivel de vacunación tienen un crecimiento sorprendente y una escasez de productos que sorprende; todo coyuntural y el capitalismo perfecto lo arregla con más producción.

Esto significa que la disminución de los riesgos de salud revela el grado de efectividad de la vacunación contra la pandemia del coronavirus. Por eso es que la Reserva Federal de EEUU le otorga al fenómeno inflacionario un carácter estrictamente vinculado a la situación de la pandemia, lo que implica que tiene una dimensión esencialmente transitoria de no más de seis meses.

Se deduce de esto que a medida que la pandemia se supere, y por lo tanto la economía norteamericana, la primera del mundo vuelva a la normalidad la demanda de servicios va a aumentar significativamente, y también su provisión.

La inflación en bienes subió 8% anual en octubre, y que esto ocurrió mientras que la tasa de incremento del precio de los servicios se mantuvo prácticamente estancada, con un alza promedio de 2% anual.

Por su parte la energía, extremadamente volátil y que ha subido de promedio en los últimos 2 años, aumentó otro 30% anual en octubre de 2021, en tanto que se hundió -20% en diciembre de 2019; y el precio de los alimentos, si bien aumentaron en octubre 5% anual, se mantuvieron en un nivel promedio de 2% en el año en los 12 meses previos.

La tasa de inflación en bienes de octubre de este año ha sido la más elevada de las últimas tres décadas; y lo notable es que ha resultado negativa la mitad del periodo iniciado en 2000, lo que implica que el precio de los bienes cayó sistemáticamente en esa etapa.

Esto es lo que le otorga al alza de 6,2% anual en el índice de precios al consumidor de octubre un carácter verdaderamente excepcional.

El consumo real de bienes ha experimentado un auge de 15% en los primeros 9 meses de 2021, medido en relación a la etapa pre-pandemia que concluyó en diciembre de 2019.

Incluso en los 3 primeros meses del año el consumo aumentó más de 20% en relación a la etapa pre-pandemia. La razón por la que la Reserva Federal ha insistido en otorgar un carácter transitorio a este auge excepcional de la inflación en el mes de octubre se debe a tres factores: en primer lugar, que el precio récord de los productos se ha transformado en un poderoso incentivo para aumentar la oferta, lo que ya está ocurriendo.

Luego, que el nivel de ahorro realizado por el público norteamericano en la etapa más álgida de la pandemia (segundo y tercer trimestre de 2020) ha sido excepcional, y abarca a más de 30% del producto en los últimos 2 años. Caso idéntico a las potencias europeas y clavado a España.

Ahora, los consumidores estadounidenses y europeos han comenzado a volcar masivamente ese gigantesco nivel de ahorro doméstico en la compra de servicios, como mostró el éxito extraordinario del reciente “Black Friday”.

Por último, el apoyo fiscal a los consumidores norteamericanos votado por el Congreso en 2020 y 2021 ascendió a más de 3,5 billones de dólares, cifra que hay que sumar a la excepcional acumulación de ahorro doméstico; y lo que ha sucedido en los últimos 6 meses es que los norteamericanos han comenzado a gastar en gran escala por primera vez desde 2019.

Hay un factor de orden estructural que puede frenar esta tendencia a la transitoriedad de la tasa de inflación; y es la restricción crucial del crecimiento económico provocada por la disminución de la fuerza de trabajo ofrecida en el mercado.

En el mes de septiembre se crearon 530.000 puestos de trabajo en el sector servicios, sobre todo en restaurantes, bares, y hoteles, pero aun así el empleo en la actividad estuvo 1,5 millones de trabajadores por debajo de los niveles del periodo pre-pandemia. En un sentido estricto, la desocupación en EE.UU. prácticamente ha desaparecido, debido a que se ofrecen en el mercado más del doble de los empleos que el número de desocupados que existe; y aun así, la fuerza de trabajo es significativamente inferior en el momento actual a la que estaba ofrecida en diciembre de 2019.

Atrás de esta paradoja hay razones de orden estructural. En primer lugar, hubo una explosión del teletrabajo que ha multiplicado el número de norteamericanos que se auto-emplean y trabajan desde sus hogares; y luego, a que el subsidio laboral para los desocupados ha aumentado más de 40% en estos últimos 2 años, de modo que se ha convertido en un formidable des-incentivo para volver al trabajo.

Esta restricción, en suma, es el principal obstáculo para la plena recuperación de la economía norteamericana, y es lo que mantiene tan elevada a la tasa de inflación. EE.UU. fija la tendencia mundial en materia de inflación. El caso de España es idéntico y calcado al explicado, con una presión en los precios forzados por los costes laborables al rozar ya cifras récord de empleo, ya 20 millones de afiliados a la seguridad social, y tasas de paro ya bajas, 12%, para lo que ha sido siempre España.

“Si quiere que trabaje pague más” es la cuestión central en el plano inflacionario de la economía global del siglo XXI en la postpandemia.