La ganadería gana peso en la economía global

El cálculo de FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) es que los animales de uso humano, ante todo los vacunos, son responsables de la emisión de aproximadamente 5% del total de Dióxido de Carbono (Co2) por año; y que fundamentalmente provienen de las actividades industriales (+ de 2/3), que es la causa esencial del calentamiento de la atmósfera o “cambio climático”, el flagelo de la época. Agrega el organismo internacional que esa proporción se triplica a 14.5%, cuando la producción de alimentos, el transporte y otros factores semejantes, se toman en consideración.

Este aumento notable en la emisión de Dióxido de carbono (Co2) deriva fundamentalmente de la industria de la carne combinada con la actividad láctea, con la particularidad de que el ganado vacuno emite sobre todo gas metano, que es sólo 15% /20% del Co2 existente en la atmósfera, aunque su penetración e incluso duración, resulte significativamente mayor que el conjunto del Dióxido de Carbono. Esto significa que el gas metano atrapa 30 veces más calor que el dióxido de carbono promedio (Co2).

El stock de ganado vacuno en el mundo asciende a unos 1.500 millones de cabezas, según FAO; y este stock produce en conjunto unos 7 gigatonnes de dióxido de carbono por año, que es aproximadamente 60% del total de las emisiones de Co2 de la población animal del planeta.

De ese total, casi 40% corresponde al gas metano, que aunque dura menos en la atmósfera que el Co2, es más de 30 veces más potente que el dióxido de carbono; y por lo tanto, su responsabilidad es 30 veces mayor en el calentamiento de la atmosfera o “cambio climático”.

Esta es la razón por la que el “Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático” (IPCC) convocado por Naciones Unidas, e integrado por 234 científicos de primera línea internacional provenientes de 65 países en el mundo, estima que las temperaturas del planeta continuarán elevándose al menos “hasta 2050”, lo que significa que no podrá lograrse el objetivo fijado en la cumbre de Paris de 2019, que aspiraba a obtener un aumento de sólo 1.5 Grados Centígrados / 2 Grados Centígrados en relación a los niveles de la etapa pre – industrial (1850).

El IPCC ha establecido que la temperatura promedio del planeta ha aumentado 1 Grado Centígrado, entre 0.95 y 1.2°C, desde 1850, con el agregado de que la temperatura de la superficie terrestre se ha elevado más rápidamente desde 1970 que en cualquier otro periodo de 5 décadas de duración de los últimos 2.000 años.

Al mismo tiempo, la temperatura del sistema global ya ha aumentado 1.2 grados centígrados en 2020, a contar también de la etapa preindustrial, situada en 1850 en el Medio Oeste Norteamericano; y según la Agencia Internacional de Energía (AIE) , la emisión de Co2 alcanzó a 32 gigatonnes el año pasado.

La respuesta de fondo en la industria ganadera al desafío de reducir la emisión de gas metano, y de esa manera disminuir la intensidad del calentamiento de la atmósfera o “cambio Climático”, consiste en obtener más carne y más leche de un número cada vez menor de cabezas de ganado, en lo que se denomina un esfuerzo sistemático de “intensidad productiva”.

Al mismo tiempo se trata de acelerar la integración de la actividad ganadera en la economía circular agroalimentaria, propia de la producción avanzada, lo que implica transformar los residuos animales en fuentes de energía, que es el proceso característico de la 4ta revolución industrial en su dimensión biológica.

El resultado de este esfuerzo sistémico seria que la industria ganadera se convierta en una actividad de alta tecnología con una economía de nichos de alcance global, con precios equivalentes a los productos de lujo. Esto significa que el consumo de sus productos estaría en manos de la gigantesca clase media asiática, primordialmente china, con ingresos comparables a los norteamericanos.

Esta clase media asciende ya en la República Popular a unos 440 millones de integrantes y se duplicaría en los próximos 10 años, alcanzando a 850 millones de consumidores con niveles estadounidenses de ingresos, sino más. Este parece ser el signo de la actividad ganadera y de la preocupación por el gas metano en el siglo XXI.