De juegos, perversiones y tintas de calamar

Aparece de forma periódica alguna serie en determinadas cadenas de televisión y que levanten un inusitado interés popular en torno a sus contenidos, sobre todo por el efecto que pudiera determinar en la población infanto-juvenil. Con ocasión de esta emisión se realizan sesudos análisis de contenidos y aparece la voz de los expertos, la voz de los profesionales; esas voces se erigen en portavoces de un saber establecido y trasmiten la evidencia científica, lo hacen desde la autoridad que les confiere ser un profesional experto en la materia.

En este caso la serie es de origen coreano y se titula “El juego del calamar”. Ha levantado mucho interés y mucha polémica. Se habla de ella desde múltiples lugares mediáticos y profesionales, una buena tertulia que se precie debe abordar el tema, si quiere estar a la última.

La serie toma el nombre de un juego infantil de Corea. Se dibuja en el suelo un calamar y existen dos equipos: uno en el interior y otro en el exterior, uno de ataque y otro de defensa. El de defensa puede correr con los dos pies, el atacante solo puede utilizar los dos pies si pasa a ser de defensa se establece la batalla final en el que el atacante debe llegar a golpear la cabeza del calamar y entonces gana.

Con base en este juego infantil coreano, se establece un argumento en el que se selecciona a una serie de concursantes, estos concursantes tienen en común una situación de estar “arruinados” económica y socialmente, se enfrentan a un concurso para ganar un premio de 33 millones de euros. El concurso consiste en una serie de pruebas consistentes en juegos infantiles y los que pierden son “eliminados”. El problema surge porque a los concursantes eliminados se les mata. A medida que avanza el juego, los cándidos juegos infantiles se van transformando en una verdadera guerra de supervivencia, aparece la violencia para sobrevivir y para eliminar a los competidores, se establecen estrategias y alianzas para ganar y progresar, pero esas alianzas pueden terminar en ocasiones con una verdadera brutalidad para conseguir sus objetivos. Según el director de la serie, Nam Chan-woo, acepta que los juegos son un poco brutales con el fin de maximizar el contenido dramático.

Que la base de la serie sea la realización, por parte de los concursantes, de juegos infantiles, no quiere decir que se una serie para niños. La serie se recomienda para mayores de 16 años en unos países y de 18 años en otros, viene a ser una redefinición de los famosos rombos que señalaban la edad recomendada para ver los programas en la clásica TVE. La plataforma de televisión que difunde la serie avisa de forma explícita que en la serie se incluye sexo, violencia y suicidios. No obstante: la serie y su “reproducción” ya está en el patio de recreo de los colegios. En Bélgica a un chico le dieron una paliza por perder, en UK pasó algo similar imitando en el juego 1,2,3 piano, en Chile no se puede ver por parte de menores de 16 años, pero el 86% de niños y niñas con edades comprendidas entre 10-13 años tienen teléfono móvil de última generación y se utilizan sin la adecuada supervisión, además los anuncios internacionales nos señalan que en Abú Dhabi se está programando un concurso en le realidad basado en esta serie.

Así se entroniza a las series con contenidos fuertes e intensos, llenos de violencia, escenas sangrientas, colores llamativos, canciones pegajosas y disfraces atractivos y sofisticados. En el seno de la violencia aparecen escenas de violencia contra las mujeres, incluida la violencia sexual. En la serie se normaliza y blanquea la falta de empatía, tomando relevancia el “solo importo yo”. Sí, se normaliza la violencia y la tortura utilizando como vía de blanqueamiento los juegos infantiles. Se consigue, como el propio director de la serie admitía, deformando la realidad y la hace atractiva con el fin de conseguir los objetivos que persigue: conseguir más audiencia, al precio que sea.

Esta serie es peligrosa para la infancia, no porque el medio sea pernicioso, sino por el uso que se realiza y el momento en el que se usa. En la etapa de la infancia el aprendizaje social tiene tres fases sucesivas: la imitación, la identificación y la interiorización, pero la base fundamental, para acceder a ese principio ético de la interiorización, se encuentra con la imitación más superficial de conductas y hecho y en el proceso de identificarse con uno de los personajes.

Normalizar la violencia y la tortura, aunque sea en jugos infantiles, hace que en la infancia tenga un impacto muy relevante para la realidad cotidiana de esos niños, niñas y adolescentes. La hostilidad subyacente, los ambientes de violencia vistos en torno a los 10 años de edad, correlacionan positivamente con la evolución hacia la presentación de conductas agresivas en la adolescencia. Además, se ha demostrado que si las figuras parentales no participan para limitar la agresividad y violencia de las escenas vivenciadas y/o visionadas, entonces se incrementa la violencia en la infancia.

El punto de partida de esta serie es absolutamente perverso, los concursantes están arruinados y sin posibilidad de progreso social y relacional, se comprometen a matar o ser matados por la consecución del premio del concurso. Así se plantea, con toda su crudeza, la lucha de clases y la desigualdad, existe mucho individualismo. Aunque aparece una cierta crítica a los programas de reality show, lo hace de forma peculiar con personas/concursantes necesitadas, estrambóticas (Ki Hoom es un adulto fracasado, Sang Woo es amigo del anterior de infancia, Sae Byeok es una desertora norcoreana y ladrona, Deok Su es un pandillero, Joon Ho un policía que busca a su hermano), esperpénticas o adictivas, audiovisualmente expuestas a concursos retorcidos.

Trasmite que los juegos de supervivencia hacen que se forjen alianzas extremas, en ocasiones podrían ser rechazadas, pero la serie es capaz de interrogar al espectador, en casos como el que te planteamos ¿tú qué harías?

Ahora debemos abordar la situación, la serie está en el mercado y ha tenido, está obteniendo, un éxito incuestionable. Por ello debe estar claro cómo debemos afrontarlo, sobre todo con la infancia y adolescencia: Hablar del control parental de los medios TIC que utilizan sus hijos e hijas es reconocer la imposibilidad de hacer un control total, pero sí que es necesario proponerse realizar el control más amplio posible y de forma responsable. En segundo lugar, se debe resaltar, siempre y en todo lugar, que la violencia no es ni debe constituir un instrumento para emplear en la resolución de conflictos y, desde luego, nunca es ni debe constituir la primera elección o la más preferente. Es muy importante insistir en diferenciar el mundo real y el mundo virtual, la vida se juega en el mundo real. En tercer lugar se debe insistir en la ineludible necesidad de que el niño o niña y adolescente se encuentren acompañados de una de las figuras parentales durante el visionado de la serie, la razón fundamental hay que buscarla en que la evidencia científica señala que ver este tipo de series con las figuras parentales disminuye la identificación de los niños, niñas y adolescentes con los personajes más violentos de las series.

Ahora la pregunta del millón: ¿han visto o piensan ver la serie del calamar?