Llanto seco por las mujeres afganas

“¡Silencio! ¡A callar he dicho! Las lágrimas cuando estés sola ¡Nos hundiremos todas en un mar de luto! ¿Me habéis oído? ¡Silencio, silencio he dicho! ¡Silencio!

Federico García Lorca (La casa de Bernarda Alba)

 

Afganistán está “pá allá”, pero mucho. Suena y resuena a muchas y muy variadas cosas, desde los recuerdos infantiles de películas de aventuras con las peleas por la piel del cordero montados a caballo, la mítica aureola de los mujaidines y los pastunes, los menos románticos señores de la guerra. Una tierra ideal para las guerras de guerrillas, las emboscadas y las peleas tribales entre desiertos y montañas. Todo muy contradictorio e impreciso.

Un segundo bloque de recuerdos me transporta al origen de la droga afgana, fuera en forma de opio o de su producto el “caballo”, la heroína, con sus efectos devastadores que se iniciaron allá por mis tiempos mozos. Toda una generación, un poco más joven que la mía, que fue cayendo en el uso y abuso de un coqueteo que pasó a representar una trampa del consumo de las drogas. Sus efectos fueron, aún siguen siéndolo, catastróficos en las edades juveniles y en las clases sociales populares. Ahí el caballo afgano tenía prestigio.

En la perspectiva político-social, la Unión Soviética apoyó el derrocamiento de la monarquía afgana y tomaron el poder los que aplicaban los principios del llamado “socialismo real” de forma rígida y dogmática. De hecho, en Europa occidental se denominaban afganos a los intransigentes de las teorías izquierdistas.

Pero tampoco esa organización social tendría estabilidad y surgen los señores de la guerra, entonces apoyados por USA en contra de la URRSS. Pero la llegada al poder de los mujaidines, lejos de tranquilizar las cosas, las tensó. Oprimió al puebla desde la aplicación rigurosa y brutal de la “saría” o modelo de Estado islámico, también aplicado de forma rígida y dogmática, lo que les valió el nombre de talibanes.

Se constituyó en el campo de cultivo idóneo para acoger el dogmatismo guerrero, se constituyó en el santuario del terrorismo yihaidista, incluso acogiendo al propio Osama Bin Laden y sus grupos terroristas, allí se entrenaban y convivían. Los talibanes mujaidines les amparaban, les cobijaban, les protegían y ocultaban.

Pero, con todo y ello, lo más cruel de todo era el trato a las mujeres: no se las dejaba acudir a centros escolares ni sanitarios, se deben quedar en casa, no pueden salir de casa sin ser acompañadas por un hombre, su forma de vestir: el burka, algo ofensivo y denigrante para la mujer que se ve embutida y tapada totalmente salvo una rejilla tupida a la altura de los ojos. Los mínimos derechos humanos hacia las mujeres son pisoteados y ultrajados sin miramiento alguno.

Hace treinta años se expulsó a los talibanes, se inició un cambio en la relación social y la mujer ocupó un lugar social más acorde con el siglo XXI. Las mujeres eran sujetos sociales y las niñas podían acudir a los centros escolares, ha tener acceso a la universidad a al trabajo fuera del hogar.

Pero ¿qué se ha hecho mal en 30 años para que emerja de nuevo, con fuerza, la cultura talibán? En cuanto USA anunció su marcha los talibanes se rearman y buscan la reconquista del poder a partir del vacío generado por la marcha de los norteamericanos y del resto de las naciones occidentales.

Los talibanes han progresado con una rapidez que ha sorprendido a propios y extraños, esa rapidez solo tiene una explicación: dentro del propio sistema se encontraba una infiltración talibán potente. Esa infiltración llegaría a todos los niveles de las organizaciones del estado, incluyendo el ejército que, simplemente, bajó las manos y dejó hacer a los talibanes.

Las naciones occidentales reaccionan con diferente intensidad, deben repatriar a los trabajadores y cooperantes que estaban allí y además deben acoger a los afganos que han colaborado con ellos y también a las familias de estos colaboradores.

España, de forma decidida, organiza una repatriación de los españoles y un acogimiento de los afganos colaboradores con las tropas españolas. Además, acoge a los de otros países de Europa y de la propia USA, al objeto de colaborar a la evacuación desde Kabul.

Las imágenes del aeropuerto de Kabul y sus alrededores son impresionantes.

El empeño del Presidente de Gobierno español fue: facilitar la salida a los españoles y, sobre todo, de las mujeres y niñas. El esfuerzo fue reconocido y alabado a nivel internacional, por la Presidencia de la Comisión Europea, por la Presidencia del Consejo de Europa, por el Presidente de USA, por una gran mayoría de los medios de prensa internacionales.

La oposición española… vocifera, insulta, tergiversa, manipula y no colabora.

Las mujeres en Afganistán ya han desaparecido de las calles. Los burkas vuelven como catafalcos en vida para las mujeres, tumbas andantes. Las niñas sin acudir al colegio… Una vez más: muerte a la inteligencia.