La industria alimentaria de India entra en crisis profunda tras la pandemia

El país más poblado del mundo con más de 1.500 millones de habitantes, se queda sin sector agrícola tras la crisis global del coronavirus. La pandemia ha transformado la crisis crónica del sector agroalimentario indio en aguda e irreversible.

 

Según FAO (“Organización para la Alimentación y la Agricultura” de Naciones Unidas) más de 40% de las frutas y hortalizas producidas por India cada año por un valor de 8.300 millones de dólares anuales, se pierden y se deterioran antes de llegar a los consumidores.

 

A esto hay que sumarle 21 millones de toneladas de granos, sobre todo trigo, que se desperdician cada año debido a la incapacidad funcional de la “corporación de la Alimentación de India”, que es el organismo oficial gubernamental encargado de comprar su producción a los campesinos indios.

 

El campesinado es mas de la mitad de la población, son unos 800 millones de personas, y dentro de ese total, hay unos 300 millones de pobres extremos (indigentes) que constituyen el núcleo duro de la pobreza en el mundo.

 

La federación India es la octava economía del ranking mundial; y con epicentro en Bangalore dispone del mayor servicio de alta tecnología del sistema global. Hay que agregar que más de la mitad de los titulares de empresas de alta tecnología de Sillicon Valley en EE.UU son de origen Indio. Por último, conviene señalar que India es una potencia nuclear y también misilística; y todo esto lo hace con 300 millones de pobres extremos que escandalizan a muchos occidentales solidarios.

 

El cálculo de FAO es que más de la mitad de los niños de menos de 5 años de edad se encuentran crónicamente mal nutridos (hambrientos) en la República de India; y que la consecuencia directa de esto es una situación de estupor (incapacidad de aprender) de este segmento decisivo de la población del subcontinente, que por ello tiene un promedio de vida de 20/ 25 años….¡en España son 80 años!.

 

Al mismo tiempo que esto ocurre, sólo 10% de las cadenas de distribución de productos perecederos poseen capacidades de almacenamiento moderno (frio, equipos automatizados, etc), con el agregado de que prácticamente la totalidad de estos servicios se destinan al tratamiento de la patata y sus derivados, lo que excluye virtualmente a las otras hortalizas.

 

Por eso se estima que no menos de 370 millones de toneladas de productos perecederos permanecen a la intemperie y por lo tanto se pierden por año. Todo intento de modificar este sistema ha enfrentado la resistencia activa del campesinado, que defiende empecinadamente el statu quo. Esto está directamente vinculado a la extrema fragmentación de las unidades productivas del campesinado, menos de 1 hectárea promedio de extensión; y la consecuencia es una bajísima productividad, menos de 1/10 parte de la norteamericana, con niveles de ingresos propios de una situación de mera subsistencia.

 

Esto hace que el agro indio, cuyos recursos hídricos son extremadamente erráticos y provienen exclusivamente de los monzones que se desatan en fechas difíciles de prever y sólo 3 ó 4 meses en el año, esté al borde permanentemente de gigantescas y letales hambrunas. Lo notable es que la estructura especializada del Estado se ha convertido en un instrumento fundamental del mantenimiento de este ruinoso statu quo.

La razón de esta paradoja es que cuando India se independizó en 1947, la prioridad fue garantizar la seguridad alimentaria de su población, entonces integrada por unas 350/400 millones de personas, en tanto que hoy superan los 1.500 millones.

Entonces se creó un mecanismo por el que los productores vendían al Estado la totalidad de sus cosechas, sobre todo trigo y arroz, y lo hacían con precios garantizados oficialmente.

 

El resultado fue se eliminó toda diversidad en la producción, mientras que los escasos recursos hídricos tendían a agotarse aceleradamente a través de un proceso de derroche generalizado. A esto hay que sumarle que como era absolutamente previsible un pequeño grupo de grandes productores se apoderaron prácticamente de la totalidad de los mercados, sumergiendo al resto, más de 80% del total, en una completa marginación y estancamiento, que es la situación actual.

 

El núcleo de este sistema y la clave de su dominio es el mecanismo de precios garantizados; y esto hace que la consecuencia forzosa sea que la inversión prácticamente haya desaparecido, con una preocupación excluyente por el día a día.

Esta crisis crónica de estancamiento y marginación que es la propia del agro indio, la pandemia del coronavirus la ha convertido en una crisis aguda, profunda y generalizada, transformada en irreversible por la migración masiva que ha provocado del campo a las ciudades, que abarca cientos de millones de campesinos, y ha puesto de relieve la pobreza y la miseria de su campesinado.

 

Este es el momento de la verdad para el sector agroalimentario indio y no hay forma de evadirla.