China quiere liderar el mundo al alcanzar la neutralidad en emisión de dióxido de carbono a la atmósfera

Lo último que nos faltaba por ver cómo objetivo de la República Popular China y del Partido Comunista es conseguir una producción industrial menos contaminante y que sea una revolución de la civilización contaminante global.

La “Corporación Nacional de Energía Nuclear” de China tiene 22 plantas nucleares con reactores de tercera generación, los más avanzados en capacidad de generación y estándares de seguridad del mundo, y otras 57 en construcción de las mismas características. Significa que su capacidad instalada asciende a 20.230 millones de kilowatts, con un potencial que supera 1 billón de kilowatts, lo que equivale a una reducción del consumo de 300 millones de toneladas de carbón, sumada a una drástica disminución en la emisión de dióxido de carbono (CO2), de 820 millones de toneladas que es el responsable directo del calentamiento de la atmosfera, o “cambio climático”, el gran desafío ambiental de la época.

La comisión de la energía nuclear china dice que este notable recorte en la emisión de dióxido de carbono tiene un efecto benéfico semejante a una forestación de 2.880 millones de hectáreas, que equivale a una superficie como la de 2 ciudades de Beijing sumadas, con una población de más de 40 millones de habitantes.

El objetivo nacional de la República Popular es lograr el pico de la emisión de dióxido de carbono (CO2) en 2030, y lo esencial y definitivo es obtener la neutralidad, la plena compensación entre emisión y absorción de CO2, en un objetivo cercano del año 2060. Hay que señalar que China, la segunda economía del mundo (15.6 billones/17% del PIB global) depende en más de 80% de los combustibles fósiles para la generación de energía; y de ese total, 60% corresponde al carbón, el fósil más contaminante del sistema global y en especial de China actual.

El doble objetivo de 2030 y 2060, requiere que el consumo de energía por unidad de producto se reduzca 13,5%, y que la emisión de CO2 disminuya 18% por cada punto del PIB.

En junio de 2021 entró en operaciones la planta de generación hidroeléctrica de Bahietan, que es la de mayor tamaño de la República Popular, después de la Presa de las 3 Gargantas sobre el río Yangtze. Bahietan se construyó en 4 años a un costo de 34.070 millones de dólares. Su capacidad instalada es de 16 millones de kilowatts, generados por 16 unidades, cada una con una capacidad de 1 millón de kilowatts, que constituye la segunda mayor potencia generadora del mundo, con una eficiencia comprobada de 99%.

La planta de las 3 Gargantas dispone de una capacidad instalada de 22,5 millones de kilowatts, con una potencia generadora de 88.200 millones de kilowatts. La puesta en operaciones de Bahietan implica una reducción anual del consumo de carbón de 19.680 millones de toneladas, acompañada por una disminución en la emisión de dióxido de carbono (CO2) de 51.600 millones de toneladas.

Shenzhen, en la provincia de Guangdong, es la punta de lanza de China en el mundo; y ahora se propone adelantar el logro de la neutralidad en la emisión de CO2, y llevarla a 2030. Para eso comienza a ejecutar a partir del 1 de septiembre de este año un programa con objetivos decrecientes de CO2 en todas las fases del proceso productivo.

El principal instrumento de acción de la República Popular para enfrentar el desafío de la emisión de CO2 no es una forma de generación determinada, sino la ampliación sistemática de la “economía digital” (digitalización completa de la manufactura y los servicios) que ya abarca a 40% del producto, y crece 12,5% anual.

La naturaleza de la “economía digital” es que utiliza cada vez menos energía, materias primas, y fuerza de trabajo; y que lo hace con un “contenido digital” creciente, la capacidad de procesamiento se duplica cada 18 meses, mientras que los costes caen a la mitad. Además, la “economía digital” se asimila vertiginosamente al conocimiento, por definición universal, y tiende a convertirse en “inteligencia colectiva”.

Más de 60% del sistema productivo chino tendría características de “economía digital” en 2050, al cumplirse el Primer centenario de la creación de la República Popular por Mao TseTung (1 de octubre de 1949). Sería para entonces un país de alto nivel de ingresos, profundamente innovador, con una sociedad fundada en el conocimiento.

Estas serían las bases materiales de China convertida en el Imperio del Medio del siglo XXI, con lo esencial de sus preocupaciones centradas en la situación mundial, en que la República Popular se reserva, dada su historia de 5.000 años, el papel de consejero y guía de la nueva sociedad planetaria.

Lo notable es que Xi Jinping sostiene que el objetivo chino va más allá de la neutralidad en la emisión de carbono en 2060; y se transforma en un fenómeno cualitativamente superior, de otra naturaleza, que es la creación de una nueva civilización. Dice el líder de la República Popular en el tomo tercero de su obra “The governance of China” que “…si los 1.400 millones de chinos se modernizan con los niveles del mundo avanzado, lo que ocurrirá inexorablemente hacia 2050, la población del mundo en esas condiciones se duplicaría; y en ese caso todos los recursos del planeta tenderían a agotarse, y en el límite a extinguirse. En ese caso el mundo entraría en un callejón sin salida, en una crisis civilizatoria de carácter terminal”.

La tarea histórica del Imperio del Medio en el siglo XXI es por eso impulsar una nueva civilización global más limpia y más sostenible.