La inflación está bajo control en los EE.UU pese al ingente estímulo fiscal de Biden

La inyección de liquidez realizada por la Reserva Federal en los últimos 2 años ha sido verdaderamente extraordinaria y supera en términos de provisión de moneda los 8 billones de dólares, 10 veces el volumen de 2008 y un tercio del PIB norteamericano (22.6 billones/25% del global). El respaldo fiscal a la economía de EE.UU. y del G-7 alcanzó a 17% del PIB en 2020, en tanto que en los países emergentes solo ascendió a 5% del producto. A esto hay que sumarle 1,9 billones votados por el Congreso estadounidense como medida de estímulo a requerimiento del presidente demócrata Joe Biden, que a su vez actuó como corolario de los 2,6 billones sancionados bipartidariamente en 2020 a pesar de Trump.

El resultado es que la relación deuda federal/PIB ha superado largamente el producto, y asciende a 130% del total. Esto constituye un récord histórico absoluto desde la Segunda Guerra Mundial. Esta situación ha desatado un salto inflacionario en la economía global; y muy notablemente en EE.UU..  Allí el Índice de Precios al Consumidor (IPC) subió a 4,7% anual en mayo superando el nivel de 4,2% en abril, que ya era la tasa más elevadade los últimos 13 años.Esto significa que el IPC fue 5% superior el mes pasado comparado con igual periodo del año anterior.

El carácter estructural de esta situación lo revela que el IPC básico que es la medida de la inflación real una vez extraídos los ítems volátiles de alimentos y energía, alcanzó en mayo a 3,8% anual, el mayor nivel desde 1992.

Lo notable es la reacción del mercado a esta elevación sistemática de la tasa de inflación que experimenta EE.UU.. Por caso, el rendimiento de los títulos del Tesoro a 10 años cayó 0,018 puntos porcentuales el día que la tasa de inflación subió en mayo a 4,7% anual, y llegó a 1,47% en el año, por debajo del nivel donde el riesgo principal es la deflación; y ese mismo día la bolsa de Nueva York saltó el 0,5% y 0,67% a través del alza del S&P500 y el Nasdaq, respectivamente.

Esta asombrosa disparidad entre el auge de las tasas de interés y las expectativas absolutamente opuestas del mercado responde a razones objetivas de carácter estructural. EE.UU., la mayor economía del mundo que constituye ella sola el 25% del PIB global, experimenta un boom económico de extraordinaria envergadura, con un alza de 6,4% en el primer trimestre de 2021 respecto al cuarto trimestre del año anterior; y ahora se prevé, en los términos de Oxford Economics, una elevación de 13,6% en el segundo trimestre del año; y todo esto implica un auge de 9% anual o más en estos 12 meses, que sería el mayor desde la Segunda Guerra Mundial.

La economía norteamericana está sumergida en la Cuarta Revolución Industrial (CRI, digitalización e integración completa de la manufactura y los servicios); y cuenta para eso, en lo que constituye la fase actual de la acumulación capitalista en el mundo, con más de 70% de su producción convertida en “economía digital”, que es la que tramita, precisamente, la CRI. La economía estadounidense está prácticamente digitalizada; y por eso realiza más de 80% de sus inversiones en “capital intangible” (patentes, marcas, “capital humano”, etc).

La principal manifestación de esta economía esencialmente digitalizada es el sistema transnacional de producción constituido por 88.000 empresas transnacionales y sus 600.000 asociadas o afiliadas; y este conjunto que constituye la base estructural del capitalismo del siglo XXI es financiado por el mercado financiero internacional con epicentro en Wall Street. En este sistema el nivel de densidad (hiperliquidez) es el más elevado de la historia y las tasas de interés son las más bajas (0%/1% anual) desde la Primera Revolución Industrial (1780/1840).

La consecuencia de esta combinación de factores es que el nivel de productividad de la economía norteamericana es la mayor del mundo; y por eso encabeza el proceso de acumulación global. Esta es la razón por la que las expectativas inflacionarias en EE.UU. son prácticamente inexistentes. Esto implica que la tasa de inflación estructural norteamericana ha descendido a 0,5% anual, según la Reserva Federal de Nueva York, lo que es un punto y medio (1,5%) por debajo de la pauta/objetivo de 2% establecida por la Reserva Federal.

Esto es lo contrario de la deflación, que se ha convertido en una categoría anacrónica, propia de una época histórica que ha quedado definitivamente atrás. Donde la hiperliquidez estadounidense ha desatado un alto riesgo inflacionario es fuera de EE.UU., sobre todo en el mundo emergente carente por definición de una estructura de elevado nivel de productividad, así como en el mercado mundial de los commodities, especialmente de los agroalimentarios, cuyo precio no depende solo de la demanda sino, también, del valor del dólar norteamericano. Por eso es que hay hoy en el mundo un agudo y creciente proceso inflacionario de los alimentos. Todo gira en el sistema global de hoy sobre la productividad norteamericana.