Del in(d)ulto al in(s)ulto: Un viaje de ida y vuelta

Estimado Director, como te puedes imaginar, no queda más remedio que hablar de la noticia que ha invadido los medios de comunicación y el prime-time de todas las televisiones: el indulto. Aunque parece que está muy manido, hemos de afrontar la situación desde otra perspectiva más estructuralista y asertiva.

El indulto, según el diccionario de la RAE, significa: gracia por la cual se remite, total o parcialmente, o se conmuta una pena. Algunas premisas previas a tener en cuenta: que existe una pena reconocida y condenada, que hay alguien que debe conceder la gracia y, por fin, que alguien está en disposición de conceder tal gracia. Está claro que, hasta ahora no se exige ninguna condición al condenado, al menos formalmente y en el seno del propio concepto, otra cosa es en la formulación legal. Por cierto gracia, en este contexto, no supone algo gracioso y divertido, sino concesión de un beneficio. Hemos de matizar todo.

Otro elemento fundamental consiste en que el indulto es una gracia plenamente constitucional, es un acto del gobierno que se contempla en la constitución (artículo 62), por lo tanto, no queda ninguna duda de la legalidad constitucional por parte del gobierno que desee conceder un indulto, de hecho gobiernos de uno u otro signo han hecho aplicación del indulto en épocas diversas, por causas diferentes y en cualquier tiempo y lugar, en una ocasión hasta más de 1.000 indultos de una sola tacada.

Es muy significativo que la ley de indultos se promulgó en 1.870 y, desde entonces se encuentra en vigor sin que ningún gobierno o parlamente, fuera del tiempo que fuere, optara por modificarlo, enmendarlo, derogarlo o sustituirlo. Es de suponer que algo bueno tendrá para haber sobrevivido, impertérrita, frente a viento y marea.

Lo expuesto hasta ahora son los límites del contexto que nos ayudan a comprender la situación, ahora queda ver lo que ha ocurrido para que esas condenas existen, es decir que esos posibles hechos son evaluables y responden a un referente legal.

En el denominado “procès” ¿existen hechos punibles o solamente son ideas políticas?

Debemos mantener la sangre fría para reflexionar y no caer en simplismos o relaciones lineales causa-efecto en el análisis de estas circunstancias. Un grupo dirán que son condenados por sus ideas y por haber puesto urnas para votar en un referéndum, otros defenderán la opción contraria acusándoles de “golpistas” por transgredir la ley de forma reiterada. No está de más recordar los hechos con una narrativa directa y sin interpretaciones basadas en las meras apariencias.

No es fácil dilucidar los contenidos en este caso, porque existen hechos reales y concretos, pero con vivencias y expresiones muy emocionales que distorsionan la realidad con interferencias muy potentes. Estas distorsiones dificultan la objetividad total, ya que aparecen intersecciones potentes que alteran la realidad.

En Cataluña existe una legalidad vigente: la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Guste más o menos, es la legalidad de referencia, cumpliendo sus condiciones se puede modificar y cambiar, actualizar o anular, pero siempre cumpliendo el marco de las normas, requisitos, límites y condiciones que se definen en el marco legal. Lo primero que hay que señalar que, frente a la modificación legal, se constituyeron otras leyes que soslayaban y sobrepasaban los límites legales, estas nuevas leyes comportaron una fragmentación real del Parlament y de la propia sociedad catalana. Estas normas tan… “peculiares” fueron catalogadas como ilegales por los servicios jurídicos del Parlament y por el Tribunal Constitucional.

La deducción es muy clara: son unos primeros hechos, no opiniones, que traspasaron la legislación, luego son hechos no legales, pues fueron anulados por el Tribunal de mayor rango, les declaró sin efecto. No vale decir es que yo no reconozco a ese tribunal, es el que hay.

Tras esos actos, no opiniones sino actos, se realiza una convocatoria en plan mascarada que simula un referendum. Aquí la Generalitat y el Gobierno Central sobreactúan por elevación indiscriminada y se suceden todo tipo de actos indescriptibles, solo hay que decir que es más una mascarada que actos con sentido.

Había existido un tiempo previo de avisos y actos parciales, pero actos. Lo más significativo era que una parte actuaba: la Generalitat y el Parlament, mientras otra parte ni estaba ni se la esperaba: el Gobierno de M.Rajoy. Así que, ante la inacción, la judicialización. En vez de desarrollar vías políticas, se implantan vías judiciales. Ya la propia vía judicial había puesto de manifiesto que los contenidos meramente políticos no debían judicializarse. No obstante, el pp lo hizo: judicializó la política y ahí se armó la marimorena. El Tribunal Supremo emitió su sentencia, discutida y discutible en varios lugares jurídicos nacionales e internacionales. Así se ofertaron mártires y las distorsiones de la realidad con nombres rimbombantes como presos políticos y exiliados, es evidente que eran políticos presos y huidos de la justicia, esa realidad se volvió a distorsionar y, por lo tanto, a tensar la sociedad, las opiniones y las situaciones. Origen: un mal hacer político.

A la aplicación de la ley se le volvió a llamar represión, pero sin embargo el hecho real es que personas que hablaban y que publicaban, que se presentaban a elecciones y explicaban sus programas electorales con idénticos contenidos a los contenidos en los actos precedentes, lo hacían libremente, en las instituciones, en los medios de comunicación, en los lugares públicos y donde fuera menester. Esas personas exponían las ideas, incluso de forma vehemente, sin que se les reprimiera ni se les juzgara, es decir, tenían un ejercicio de la libertad de opinión, de expresión y de acción, de una forma muy elevada y ni se les detenía, si se les juzgaba, ni se les encarcelaba ni se exiliaban. En otras palabras, tenían asegurado el ejercicio de sus libertades políticas, además eran elegidos como representantes de la ciudadanía y seguían ejerciendo cargos públicos dando altavoz, de nuevo, a esas ideas.

Es evidente que los condenados lo fueron por hacer actos fuera de la legalidad vigente, es un hecho incontrovertible.

Una vez aclarados estos contenidos, por otra parte, conocidos, se juzgó a sus actores, fueron a la cárcel y, fuera como fuere, se plantea una solicitud de indulto al Gobierno del Estado, acogiéndose al artículo 62 de la Constitución. Ante ello, debe actuar y se pone en marcha el mecanismo legal, estableciendo las consultas preceptivas a la fiscalía y al Tribunal Supremo, consultas que no son vinculantes. A partir de ahí se inicia una verdadera cruzada en post de si se arrepienten o no se arrepienten de lo hecho y si conceder la gracia es una traición al Estado.

Lo primero que se debe decir es que el gobierno del Estado sopesó: la inacción y dejar que la realidad se pudriera distribuyendo un hedor insufrible a toda la democracia española o, por el contrario, arriesgarse a explorar nuevas vías que desatascaran la inmovilización en la que se encontraba toda esta situación. Era preciso desjudicializar la política y retomar las vías exclusivamente políticas, habría que ppner buena dosis de control de emociones, poner racionalidad y coherencia para estimular y primar los contenidos de la convivencia y reorganizar los valores de comprensión y de servicio público, frente a la confrontación.

En el procès ha primado demasiadas emociones, por uno y otro lado, en una sociedad catalana fragmentada prácticamente al cincuenta por ciento, dividida en dos mitades casi idénticas que, dependiendo de situaciones externas, oscila en + 1% hacia uno u otro costado. Las razones aludidas se referían a las tripas, todo era un contenido emocional fácil de influenciar con sentimentalismos o demagogias que estimulaban las emociones de la ciudadanía. Hemos de asumir la racionalidad y saber dimensionar ideas y actos allí donde corresponde, rebajando la tensión en aras a implementar acciones que tiendan a suturar unas heridas que tienen unos bordes muy lacerados y que se dislaceran con gran facilidad, debemos evitar las dehiscencias por una sutura demasiado tensa, pero se ha de poner la suficiente tensión para que los bordes se aproximen con el fin de facilitar la cicatrización de la forma más operativa y funcional posible, evitando feas cicatrizaciones en segunda intención o retracciones con falta de funcionalidad o la formación de los antiestéticos queloides que se extienden más allá de los bordes de la herida.

Buscando la convivencia y actuando con magnanimidad, evitando regodearse en el mal ajeno, el Presidente del Gobierno, con valentía la decisión, decide iniciar el indulto, que se desarrolla caso a caso el cómo se debe aplicar la medida constitucional de gracia, así como las condiciones mediante las cuales podría revertir la situación. Bastaba con cambiar una sola letra al indulto para que apareciera el insulto, esa fue la opción de las derechas.

Con esta opción, sin ninguna otra alternativa, el Presidente del Gobierno ha recibido una catarata de insultos, según la RAE es un acometimiento o asalto repentino y violento. Se siguen de amenazas y descalificaciones sin medida ni concierto. Insultos y descalificaciones muy violentas, cargadas de rabia, de insidia, de manipulación.

Nadie puede asegurar nada de antemano. Explorar una vía de deshielo, para romper la indiferencia, para lanzar puentes que puedan ser transitados es una opción de valentía política. Nadie pretende romper nada, muy al contrario, consiste en reconocerse mutuamente para explorar vías de salida, de comunicación de vertebración, ese mutuo reconocimiento implica asumir lo que representa cada institución y su representatividad, guste más o menos, pero está con el cargo, aunque a veces sea una carga.

Sócrates ya avisó que cuando en el debate alguien es perdedor, solo le queda el insulto y la difamación. Así es, en este caso el congreso de los diputados, la iglesia, los sindicatos, las asociaciones de empresarios, organizaciones diversas de la sociedad civil se han manifestado a favor de la medida de gracia que proponía el gobierno. Aún así las derechas bramaban su odio con miradas lancinantes y que lanzaban rayos y centellas.

La sociedad catalana, fragmentada al 50%, precisa hablar, escucharse, acercarse y poder establecer una vía de convivencia. Debe saber gestionar la tensión para evitar que se transforme en un muro infranqueable. Es importante la tolerancia a la diferencia, en iniciar el trayecto sin culpas ni culpabilidades ni culpabilizaciones, no conducen a nada y paralizan el progreso. No es solo reparación, sino que debe mediar la comprensión y la empatía para establecer un nuevo camino que converja en una sociedad dispuesta a reconstituirse.

La puerta se ha abierto, ahora es imperativo que unos y otros estén dispuestos a establecer vías de colaboración para el análisis de la situación, no volver a posiciones rígidas, saber emplear la flexibilidad y la capacidad de adaptación y de reconocer al otro, sin omnipotencia ni victimismo.

Recuerden que en tiempos de crisis las personas inteligentes buscan soluciones y los incompetentes y los mediocres buscan problemas.

Amics jo vull la pau, però de veritat, amb seny i bonhomía també amb vousaltres, tots i totes junts farem camí.