El planeta que no debería existir: LTT 9779b

El año pasado, un equipo de astrónomos dirigido por James Jenkins, de la universidad de Chile, descubrió un planeta a 260 años luz de la Tierra. Se trata del planeta LTT 9779b, que tiene un tamaño parecido al de Neptuno. Sin embargo, al estar tan cerca de su estrella tarda 19 horas en completar su órbita. Pese a sus elevadas temperaturas, cuenta con una atmósfera propia, convirtiéndose así en el planeta que no debería existir.

Representación del sistema LTT9779 a escala, con el planeta caliente del tamaño de Neptuno a la izquierda y su brillante estrella cercana a la derecha. El rastro de material que sale del planeta es hipotético pero probable, basado en la intensa irradiación de este planeta

Los datos se han obtenido gracias a los telescopios espaciales TESS y Spitzer de la NASA, siendo la primera vez que se observa un planeta dentro de la categoría “Neptunos calientes”. Los cuales, se pensaba que no eran lo suficientemente masivos para evitar la evaporación atmosférica sustancial y la pérdida de masa. Es por ello que la mayoría de exoplanetas calientes que encontramos son como Júpiter, enormes planetas que perdieron la mayor parte de su atmósfera hace tiempo. Lo que hace que este planeta que no debería existir desafíe el conocimiento y la comprensión humana.

Una superficie fundida a 1600 grados

Mediante el estudio de su energía térmica con luz infrarroja, hemos podido conocer la temperatura de este planeta. Se encuentra tan intensamente irradiado por su estrella que su temperatura supera los 1600 grados centígrados. Lo que debería haber hecho que perdiese parte de su atmósfera y se convirtiese en un núcleo de roca.

Mucho más frío de lo esperado

Por si fuera poco, el planeta es mucho más frío de lo que pensamos. Esto sugiere que está irradiando gran parte de la luz incidente que lo golpea. Aunque no está comprobado se presupone que debe ser gracias a las nubes del lado del día, afirma el astrónomo Nicolas Cowan del Instituto de Investigación de Exoplanetas.

Al sondear al planeta con otro telescopio descubrieron que algunas de las longitudes de onda están siendo absorbidas por moléculas probablemente de monóxido de carbono. Esto se había encontrado en gigantes gaseosos que utilizan su gravedad para retener su atmósfera. Hasta ahora se pensaba que los planetas del tamaño de Neptuno no eran lo suficientemente masivos para conseguir hacer esto.