Taiwán, Corea y China se convierten en líderes del mundo en fabricar microchips

Los “chips” y “microchips” que son los semiconductores que utilizan todos nuestros aparatos tecnológicos son el producto básico de la Cuarta Revolución Industrial, que es el proceso histórico de digitalización plena de la manufactura y los servicios; y tres cuartas partes de la producción mundial de microprocesadores ha estado concentrada tradicionalmente en EE.UU. y Europa (UE). De pronto, en los últimos 10 años, la fabricación de “chips” se ha volcado a los países asiáticos, y primordialmente a China, Corea y Taiwán.

El porcentaje de EE.UU. en la producción global de semiconductores o circuitos integrados era 37% del total en 1990, y cayó a 12% en 2020, en tanto que la parte de la UE constituía 35% del total en la primera fecha, y declinó a 9% el año pasado. Por su parte China carecía de esa industria hace 30 años, y ahora dispone de 15% del total mundial, que sería 24% en los próximos 5 años.

Si se le suma las plantas productoras de microprocesadores que posee la taiwanesa TSMC, así como la de la surcoreana Samsung, y la de las múltiples compañías japonesas, el Sudeste Asiático controla hoy el 75% de la producción de semiconductores del mundo.

La inversión extranjera directa (IED) destinada a la expansión de la industria de los circuitos integrados ha seguido el camino de su fabricación del Atlántico al Pacífico; y el resultado ha sido que la República Popular recibió 84 inversiones en nuevas plantas y proyectos (“greenfield”) de fabricación de semiconductores en los últimos 5 años, en tanto que EE.UU. atrajo 39 inversiones menos en ese periodo.

Hay que agregar que construir una planta de “chips” en EE.UU es un tercio más caro que hacerlo en el Sudeste Asiático, mientras que sus costes de operación son 50% superiores a los emprendimientos realizados en China.

La recuperación generalizada de la economía global en 2021 arrastra a todos los sectores prácticamente sin excepción, y en primer lugar a la industria automotriz.

Esto ha provocado una súbita y enorme carencia de “chips” en todos los mercados del sistema global, debido al retraso de la producción respecto a las exigencias extraordinarias de la demanda. Por eso la manufactura automotriz norteamericana ha experimentado suspensiones en gran escala en los últimos tres meses, ante todo en General Motors (GM) y Ford, tanto en sus plantas de Detroit como en las de Michigan.

Las sanciones establecidas por el gobierno de Trump contra la empresa china Huawei, que es líder mundial en el desarrollo de la 5-G, han tenido el objetivo estratégico de cerrarle el acceso a las tecnologías estadounidenses de producción de microprocesadores.

La persecución estratégica llevada a cabo por Washington contra Huawei en los últimos dos años se debe al hecho de que esta empresa representa la punta de lanza del desafío tecnológico de la República Popular a la principal superpotencia del mundo. Donald Trump no ha equivocado su objetivo. La persecución a Huawei ha sido un acto de lucidez. Para eso ha golpeado a la principal proveedora de Huawei que es SMIC, con sede en la República Popular, que utiliza para su producción tecnología estadounidense, y es la única capaz de producir la categoría más sofisticada tecnológicamente de semiconductores de hasta 10 nanómetros (nm.), cruciales en términos de seguridad en la producción de equipos militares.

Por su parte TSMC (Taiwán) ha comenzado a fabricar este año “chips” con un tamaño de 3 nanómetros, que son 70% más veloces y eficientes que los actuales de 5 nm., aptos para ser utilizados en la Inteligencia artificial y la 5-G.

La República Popular no se encuentra en condiciones hoy de producir con tecnología propia estos equipos de “chips” de 10/5/3 nm.; y no podría hacerlo antes de 10 años.

De ahí que la fabricación de “chips” de alta gama con tecnología propia se haya convertido en el núcleo del programa establecido por el presidente Xi Jinping para lograr la plena autonomía tecnológica y científica de China en la próxima década, obviamente en relación a EE.UU., su rival geopolítico global, y la otra superpotencia del sistema.

El Banco Mundial estima que 40% del asombroso crecimiento chino a partir de 1978 (creció 9,9% anual acumulativo en los últimos 40 años) se debió a la utilización intensiva de tecnología estadounidense.

China creció ocupando el papel del aprendiz y del país más atrasado, y por eso el de más rápida expansión, en relación a EE.UU. Ahora, la política de plena autonomía científica y tecnológica de Xi Jinping aspira a cubrir ese bache histórico con la potencia norteamericana; y su objetivo es hacerlo en un plazo no mayor a 10 años.

Planea realizarlo a través de SMIC que ahora cotiza en el mercado bursátil de Shanghai, lo que ocurrió en diciembre del año pasado. El primer día de cotización de SMIC recibió 7.600 millones de dólares, lo que implica un excedente de 246% respecto a la estimación inicial realizada por la propia compañía. Un dato estratégico esencial es que Huawei adquiere más de 70% de su producción.

Lo que sucede en el mundo con la fabricación de semiconductores indica que el tiempo juega a favor de la República Popular y en general del Sudeste Asiático; y el tiempo, señaló Mao TseTung, es el factor estratégico central, muy por encima del espacio.