A Ayuso ni caso, a sus políticas ni un voto

Me comentaba un amigo, Juan Ignacio Crespo, fino analista económico y de mercados, pero con agudas incursiones en el escenario político, “los ataques a Ayuso, le han convertido en un líder no sólo autonómico sino nacional, que hoy opaca a todas las figuras del PP y la derecha” y tenemos que reconocer que esto tiene mucho de verdad, que la estrategia de Miguel Ángel Rodríguez, de provocar que algo queda, se ha ido mostrando como altamente eficaz.

En otros terrenos: verdad, mentira, valores, respeto ni podemos entrar porque la base de las estrategias del trumpismo universal se basan precisamente en la generación de un mundo virtual que apela a los odios y las entrañas al margen totalmente de cualquier pensamiento racional y, por supuesto, al margen de cualquier valor democrático. Su táctica es siempre al ataque, por eso la mentira, el insulto y la difamación es parte de su instrumental básico. Por mucho que en las sociedades occidentales la ruptura con la razón y el respeto al ser humano cueste comprender y mucho mas asimilarlo, esta ha sido una constante en muchos momentos de nuestra historia.

El paradigma de Goebbels es la demostración pero por ese proceso hemos pasado muchas de nuestras sociedades; el mayoritario colaboracionismo petainista en Francia del que es heredera Le Pen; el fascismo de masas en la Italia de Mussolini con su actual formulación Salviniana, la gran mentira del totalitarismo estalinista de Yagoda, Yezhov, las derechas racistas y xenófobas de Austria, Holanda, Finlandia, en todas ellas los principios básicos de la convivencia democrática y el respeto mínimo a la verdad son arrasadas en pos de la lucha por el poder. Los instrumentos han podido cambiar, y por suerte han cambiado, de los freitkops, las SA, los camisas negras, el rexismo belga, el fascismo de Mosley en Reino Unico con su estela de violencia, intimidación y muerte ha dado paso a la intoxicación de las conciencias a través de los medios de comunicación, las redes sociales y las acciones intimidatorias de baja intensidad. La iglesia de Bannon mide sus seguidores por millones, y entre sus alumnos favoritos el equipo de la Comunidad de Madrid: Rodriguez, Lasketty, Ayuso y López pugna por figurar en el cuadro de honor de este curso, y a Monasterio y Abascal no les importa su protagonismo porque saben que los alumnos favoritos son ellos.

La aplicación del principio de acción reacción: soltar una brutalidad, cuando más grande mejor y provocar una reacción inmediata de la otra parte y si es posible subida de decibelios, mejor que mejor, es como dar muchos likes a favor y a la vez que los contrarios lo reenvíen señalando a los propios “mirad que nueva salvajada o tontería ha dicho Ayuso” y la rueda sigue y la acumulación de conocimiento se incrementa.

El ascenso de Ayuso al prime time se produce por su activismo mediático y polémico, pero también por la continua respuesta que desde la izquierda se ha dado a sus provocaciones, cualquier ocasión era buena para potenciar una persona que llegó con el marchamo de anécdota y que hoy se aúpa al liderazgo del giro a la derecha del PP y de todo su entorno. Este no es un fenómeno nuevo recordemos el ascenso de Vox al convertirlos en foco de campañas, pensando que con ello se fortalecía la izquierda, dos hechos de consecuencias evidentes: la campaña andaluza de 2018 focalizando el PSOE su crítica en la formación de ultraderecha y la repetición de elecciones generales del 10 de noviembre, que permite la irrupción del partido de Abascal (duplicando votación) y la recuperación del Partido Popular (sumando 33 escaños). La experiencia está hecha, y los aprendices de brujo siempre acaban mal.

La última jugada, la convocatoria de elecciones en Madrid para el 4 de mayo. Por supuesto la irresponsabilidad que esto supone en medio de una pandemia y cuando Madrid no logra aproximarse a niveles de circulación del virus que den una cierta seguridad, pero esto es algo que les preocupa poco, como nada les altera la no distribución de las ayudas que el Gobierno de Sánchez les iba a transferir. Lo que importa es que ella da una rueda de prensa y promete euros a cascoporro a todos los sectores imaginables con lo cual deja la sensación de que Ayuso es garantía de apoyo y además que defiende la economía de las clases medias.

Con la presentación encabezando a Unidas Podemos de Pablo Iglesias, la ecuación se completa al gusto de Rodríguez/Ayuso. Que es lo que esperan los estrategas de la Puerta del Sol, pues que si Ayuso dice que el fascismo es el buen camino, Iglesias le conteste que a ella lo que le gusta es Auschwitz lo que permite una réplica todavía más adecuada para su estrategia, que Pablo Iglesias quiere montar el gulag en la casa de Campo y la bola de nieve sigue creciendo haciendo aún mas prietas las filas marciales de los Cayetanos y provocando la confusión y el agotamiento de aquellos ciudadanos que contemplan con estupor el espectáculo.

A estas alturas resulta evidente que las dos derechas tienen movilizadas y cohesionadas sus bases, les han llamado a una cruzada nacional contra la izquierda, el independentismo y el socialcomunismo y han respondido como “españoles” sin duda y sin rubor. Esta base social ha sido construida pacientemente desde hace mas de 25 años, el poder institucional y económico de la derecha se ha volcado para ir generando redes de intereses, focos de propaganda, elementos de discurso, clientelismo engrasado por la corrupción que hace que una parte esencial de la población esté alineada con el trumpismo madrileño y eso nos muestran las series electorales desde hace mucho tiempo, solo cuando ese grado de movilización ha bajado (2015 en la ciudad de Madrid) y además la izquierda ha ilusionado y movilizado a su gente el resultado ha hecho posible un cambio. No es en el terreno de los “cayetanos” donde está la lucha del 4 de mayo.

Decía Mitterrand “la primera condición para ganar unas elecciones es movilizar a los tuyos y luego te puedes plantear otra cosa”. Más allá de que hoy difícilmente se puede hablar de que nadie puede considerar “suyo” a ningún sector de la población y que su confianza hay que ganarla en cada momento, y mucho más cuando esta está deteriorada, parece evidente que la izquierda (la definimos globalmente para no entrar en discusiones estériles) tiene que volcarse con seriedad en los barrios populares y en los pueblos donde además su peso institucional, por los municipios que se gobiernan, es muy importante. Pero esto no es sólo un tema de campaña, el Gobierno de coalición debe acelerar todas las medidas del que ellos mismo han denominado “escudo social” para que ese escudo aparezca de forma material en la vida de las personas, sino como ya está sucediendo con el Ingreso Mínimo Vital, una ilusión se transforma en decepción y de ahí a la indignación (caladero para la extrema derecha) hay poco trecho.

Por eso las tres izquierdas, cada una con sus características y con sus estrategias, deben dejar a Ayuso clamando en el desierto, no alimentando el terreno del debate “ideológico” dicho así por simplificar. A Ayuso ni caso, a su gestión y a sus políticas todas. Hay que señalar con claridad que el gobierno Ayuso-Monasterio lo que trae a los madrileños es mucha peor vida.

El Gobierno de Ayuso-Aguado presenta hoy la peor gestión de la crisis sanitaria sin importarles un ápice la salud de los madrileños. No es que tenga los peores datos en incidencia del virus y en letalidad, los datos en si no reflejan directamente la gestión, la diferencia es que Madrid no ha puesto los esfuerzos y los recursos para combatir la pandemia, ha primado su confrontación con el gobierno sus negocios con los amigos por encima de la salud de la población. Ninguna comunidad autónoma del color político que sea, ha actuado con la irresponsabilidad y negligencia del Gobierno Ayuso: cierre de los centros de atención primaria, impacto de la pandemia en las residencias de mayores (consecuencia entre otras razones del modelo especulativo implantado), la persecución a los sanitarios (objetivo prioritario desde que la Marea Blanca les dejo KO), no contratación de personal, ofertas laborales que hacían huir a médicos y enfermeras a otras CCAA, no apertura de instalaciones sanitarias existentes, no contratación de rastreadores, ruptura continuada de los acuerdos de la Comisión Interterritorial de Sanidad, política espectáculo para que se vean colas acudiendo a los test y a las primeras vacunaciones: Torrejón, Wanda, profesores,.., hospitales sin sentido como el Zendal y además con amenazas a los que no le bailaban el agua, retención de vacunas para paso a la privada, sistemas de control y confinamiento caprichosos y clasistas, externalización de todas las coberturas posibles, y un largo y doloroso etcétera que ha pagado la población madrileña. Todavía sigue en el aire la respuesta a una pregunta clave ¿Qué destino dio la Comunidad de Madrid a los cerca de 1.200 millones que le transfirió el Gobierno central para combatir el COVID? ¿Qué gastos de emergencia se cubrieron con ellos? ¿Cuánto se destino a los servicios sociales? ¿Es cierto que una parte se dedicó al pago de intereses de una deuda pública, generada por su contrarreforma fiscal? Estas y otras preguntas de este estilo son las que hay que hacer a la candidata Ayuso-Vox.

El resultado de la gestión del Gobierno de Ayuso-Aguado-Monasterio es penoso para la inmensa mayoría de los ciudadanos y especialmente para los sectores populares. La utilización del Ingreso Mínimo Vital como sustitutivo y liquidación de la Renta Mínima de Inserción autonómica refleja como su objetivo no es apoyar a las personas sino aminorar el gasto social. La única ley de peso impulsada es la ley del suelo (recurrida ante los tribunales), ley que convierte incluso lugares de protección ambiental en objeto del ladrillo, ya en los primeros días de la crisis, Ayuso con la ligereza que la caracteriza señaló que su apuesta para salir de la crisis era el ladrillo, mas especulación y mas negocio para las constructoras, y cuando se habla de los fondos europeos y del plan de reconstrucción su eje son de nuevo las grandes inversiones en líneas de tren y no en la generación de un nuevo tejido de mayor valor añadido o el apoyo a la digitalización del sistema público educativo.

La política de Ayuso/Monasterio esta clara: menos sanidad pública, menos educación pública y mas privada, pin parental, recorte de las ayudas sociales, menos impuestos a los amigos, menos protección a los mayores, reducción de los apoyos a la dependencia (7.700 beneficiarios menos), mucho ladrillo y poca innovación, deterioro de la universidad pública, no protección frente a la violencia de género, apoyo 0 a la lucha contra el cambio climático, persecución a los movimientos sociales (como están haciendo Almeida y Villacis en la ciudad de Madrid), campañas contra los emigrantes. En definitiva mayor deterioro social, y peor vida para la población.

Por eso a Ayuso ni caso, a sus políticas ni un voto.