Ayuso un peligro para Madrid

Ayuso representa el perfil del político extremista, provocador y bravucón que ha logrado obtener cierto rendimiento electoral efímero en algunos ámbitos. Se trata de personajes más propensos a generar broncas que soluciones. Un peligro para la convivencia, por tanto.

Más allá de los exabruptos y las bravuconadas con que ha intentado justificar la reciente convocatoria electoral, el último movimiento de Ayuso responde a tres razones: el afán de mantener el poder y los intereses asociados a ese poder desde hace décadas, la decisión de apoyarse definitivamente en la ultraderecha, y la necesidad de camuflar sus incapacidades al frente del Gobierno.

Casi dos años después tomar posesión, no ha logrado aprobar unos presupuestos y solo ha promovido dos leyes: la creación de otra universidad privada y una re-liberalización urbanística recurrida ante el Tribunal Constitucional. Eso sí, pasará a la historia como la primera gobernante en inaugurar un gran hospital sin plantilla propia, sin quirófanos, sin urgencias, sin especialidades, sin servicio propio de laboratorio…

No caben calificaciones más creíbles que las procedentes de quien ha sido el vicepresidente de su fracasada coalición hasta hace escasas horas: “irresponsable”, “mentirosa”, “caprichosa”, “desleal”, “se le va la cabeza”, “juega con la vida de las personas”…

La decisión de disolver el Parlamento regional y abocar a la estupefacta sociedad madrileña a tres procesos electorales en cuatro años solo responde, en efecto, al cálculo partidista de Ayuso. Es más, tal decisión traiciona gravemente los intereses de la ciudadanía de esta región, justo cuando atraviesa la peor crisis de la generación presente.

Es un peligro para Madrid convocar elecciones en plena pandemia, cuando aún queda media legislatura por delante. Lo es especialmente cuando esta comunidad es la que presenta la peor incidencia de toda España en cuanto a la propagación del virus, cuando la atención primaria sufre una huelga y con un vacilante proceso de vacunaciones en marcha.

Es irresponsable abrir un periodo de interinidad a las puertas de recibir los millonarios fondos europeos logrados por el Gobierno de España, que tan vitales resultan para la recuperación de la economía y los empleos en esta región.

Peligroso, pero revelador, es también señalar a la ultraderecha como aliado único. Los madrileños, y especialmente las madrileñas, pueden temer lo que supondría un gobierno autonómico del PP auspiciado y sostenido por Vox: el desmantelamiento de las políticas de igualdad, la instauración del pin parental, la xenofobia institucional…

La estrategia de la controversia permanente y el matonismo dialéctico que practica Ayuso conduce inexorablemente a tensionar, dividir y enfrentar a unos ciudadanos con otros, a unos territorios con otros, a unas administraciones con otras.

Asegurar que “los hombres reciben más violencia que nosotras” es eso, una provocación falaz con ánimo de regalar los oídos ultras y promover el odio hacia las luchadoras por la igualdad. Y aludir a una supuesta “madrileñofobia” tan solo busca reclutar fanáticos a base de enemistar a unos españoles con otros.

Ayuso ha jugado constantemente a generar desencuentros y romper consensos entre instituciones, aún a costa de poner en riesgo la salud de la ciudadanía a la que se debe. El último ejemplo lo encontramos en su desafío al acuerdo alcanzado en el Consejo Interterritorial de Salud para limitar la movilidad en semana santa y frenar así los contagios.

El sectarismo con que atiende las reivindicaciones de unos ayuntamientos y otros en función de su color político es otro buen exponente de esta vocación frentista. Muchos madrileños recuerdan con rabia sus alusiones a que “los contagios se están produciendo por el modo de vida” de los habitantes de determinados barrios.

Un peligro supone también la continuidad de las políticas de desmantelamiento de los servicios públicos, de privatizaciones por doquier y de precarización creciente en el empleo de la administración autonómica. Y muy vinculado a esto, el populismo fiscal con que desarma a la administración ante los retos de una sanidad pública desbordada, una economía ralentizada y una exclusión social disparada.

Ayuso es la garantía de permanencia e impunidad para las redes clientelares que llevan más de dos décadas campando a sus anchas y haciendo botín a costa del interés general y, a veces, a costa de la legalidad.

Y su última agresión al interés de la ciudadanía madrileña solo trae consigo una buena noticia: bien sea la moción de censura, bien sea la convocatoria electoral, se abre una oportunidad para el cambio necesario en Madrid.

El PSOE y Ángel Gabilondo ya ganaron las elecciones. Esta vez, además, gobernarán. Ayuso es un peligro para Madrid. Gabilondo es el Presidente que Madrid necesita y merece.