El coronavirus lanza las inversiones intangibles en las empresas multinacionales

La inteligencia artificial es la tecnología fundamental de la Cuarta Revolución Industrial que es el proceso de digitalización completa de la manufactura y los servicios. Lo significa que en términos productivos, estrictamente económicos, lo esencial es la inversión que se realiza en ese proceso de rediseño, inversión de nuevos productos complementarios, y aumento en la calificación del capital humano, que esto es lo que requiere y es la condición de la digitalización generalizada de la manufactura y los servicios, esto es, de la nueva revolución en marcha.

 

Lo esencial en esta nueva etapa histórica de la inteligencia artificial no es lo tecnológico, sino lo productivo, la transformación digitalizada de los procesos de producción. Esta inversión masiva se realiza esencialmente en bienes “intangibles”, cuyo carácter, difícil de medir, es esencialmente cualitativo. Pero es desde allí que surge el boom de productividad que caracteriza en términos históricos a la revolución industrial que es el mayor proceso transformador de la historia del capitalismo.

 

Todo en el sistema capitalista es cuestión de tendencias, ritmo y secuencia. Es un proceso vivo, absolutamente dinámico, y creador continuo y constante de novedades.

En los últimos 10 años, más de 80% de la inversión en EE.UU. se ha realizado en capital intangible, con reorganización empresaria, incluyendo compras y fusiones, formación y despliegue del capital humano altamente calificado, y desarrollo, a través de marcas y patentes, de nuevos procesos productivos y modelos de negocios altamente remunerativos, todos ellos absolutamente digitalizados.

 

En Wall Street ocurre un fenómeno similar, solo que de mayor magnitud; y más de 90% de la inversión que ha recibido el Dow Jones en la última década, y prácticamente la totalidad del Nasdaq se ha realizado en capital intangible, esencialmente patentes y marcas.

 

EE.UU. recibió más de 12 billones de dólares de inversiones del mundo entero en los últimos 4 años, incluyendo la repatriación de 1,6 billones de capitales que las transnacionales estadounidenses tenían en el exterior, y que no retornaban para evitar el pago del mayor impuesto a las ganancias del mundo avanzado, de 35% sobre la inversión de capital. Eso se revirtió con el recorte de impuestos resuelto por Donald Trump en 2017 (pasó de 35% a 21%).

 

El capitalismo es un fenómeno esencialmente temporal hecho de secuencias y ritmo. Por eso la pandemia del coronavirus con la explosión del teletrabajo y el comercio por Internet que desató ha hecho eclosionar un extraordinario salto cualitativo de inversión en capital intangible. Este es el contenido histórico del gobierno de Donald Trump en los últimos 4 años.

 

Las grandes empresas norteamericanas, especialmente las plataformas de alta tecnología, han invertido en digitalización y automatización para enfrentar el cierre forzoso de la economía que provocó la pandemia en 2020.

 

El resultado fue que el salto productivo que se experimentó entre el segundo y tercer trimestre del año, equivalió a las ganancias de productividad que podría lograr el sistema en un periodo de 6 a 8 años.

 

Este fenómeno de abreviación histórica se debió a que la masa de las inversiones que realizaron las grandes high tech tenían como objetivo liquidar los viejos hábitos (procesos) analógicos, en un extraordinario esfuerzo de modernización organizativa para hacer que las nuevas tecnologías, ante todo la “Inteligencia artificial”, desplegaran todo su enorme potencial, que es el de la Cuarta Revolución Industrial.

 

El éxito de las vacunas anti-Covid19 no modifica este proceso histórico, sino que, al contrario, lo acelera. Hay que prever, en consecuencia, que en los próximos 2 años más de 80%/90% de las empresas norteamericanas tendrán sus “procesos” productivos absolutamente digitalizados, lo que implica que el 100% lo hará a partir de 2022, con un avance similar en la automatización de las tareas productivas, lo que obliga a realizar una mejora de más de 30% en la calificación del “capital humano” en este periodo.

 

La inversión en inteligencia artificial se ha incrementado de 500 millones en 2010 a 4.200 millones en 2016. Pero agregan que la inversión en “capital intangible” de actividades complementarias con el pleno despliegue de la inteligencia artificial ha crecido más de 300% en esta etapa: pasaron de 26.000 millones a 39.000 millones, en tanto que la inversión en actividades robóticas (automatizadas) se cuadruplicaron en ese periodo; y ahora todo esto se ha intensificado cualitativamente con la pandemia del coronavirus.

 

Es indudable que el coronavirus, la reaparición de la “peste negra” en el siglo XXI, ha tenido un efecto benéfico en términos globales y de productividad para el capitalismo mundial. La historia tiene un sentido nítido, pero nunca un carácter lineal. Veremos…