Trump pierde las elecciones pero mejora resultado en votos gracias a la gente con menos renta y menor cualificación

Muchos politólogos dicen y con razón que las elecciones siempre las pierden los gobiernos, no las gana nunca la oposición. Esta frase refleja bien lo sucedido en EEUU en este larguísimo escrutinio de votos de más de quince días. Trump es el quinto Presidente del último siglo que no es reelegido y el primero desde George Bush en 1992 hace casi 30 años. Trump ha mantenido fiel a su votante, incluso lo ha aumentado, pero ha generado tanto rechazo con su política de polarización que ha provocado que millones de americanos que no fueron a votar en 2016 hayan votado a Biden ahora y de manera entusiasta.

No obstante, la visión desde Europa que con Biden todo volverá a la normalidad indica lo que cuesta entender el fenómeno populista. Trump no era la causa de los problemas de los EEUU, era el efecto. Sus votantes tienen miedo al futuro, a perder el empleo y a que sus hijos vivan peor que ellos y por eso votan autoridad y el American First. Tras periodos de globalización y revolución tecnológica vienen épocas de populismo y proteccionismo por el terror de perder la hegemonía mundial de la economía al ver el triunfo del comunismo chino en un país que es una bala económica.

La Reserva Federal ha establecido con mucha claridad a fecha septiembre 2020, que los trabajadores norteamericanos de menor nivel educativo y sin educación universitaria, aumentaron sus ingresos 5% anual en los últimos 4 años; y esto ocurrió con un crecimiento de la economía de un promedio de 2,5% por año en ese periodo.

Significa que es la primera vez en la historia de EE.UU. del siglo XXI que se ha producido una redistribución del ingreso y la riqueza hacia los sectores más desprotegidos; y esto ha sucedido en un periodo de expansión continuada y drástica reducción de la desocupación, que cayó a 3,5% en el cuarto trimestre de 2019, el menor en los últimos 60 años (el desempleo ascendía a 5% en 2016).

Esto explica por qué el 1% de arriba de la sociedad norteamericana experimentó una disminución de 3% en sus ingresos, mientras que los trabajadores industriales y la baja clase media los aumentaron 5%. Resulta paradójico que haya ocurrido esto con un gobierno absolutamente de derechas. El resultado ha sido que los sectores de menor nivel educativo tuvieron un alza de sus ingresos de 18% entre 2016 y 2019, mientras que el 30% de arriba tuvo un modesto auge de 2% en ese periodo, lo que contrasta claramente con lo ocurrido entre 2010 y 2016, en que esta disparidad entre el segmento de arriba y el de abajo se invirtió.

Hay que agregar que menos de un tercio del sector de menores ingresos de la sociedad estadounidense participa de los mercados bursátiles, en tanto que el 70% del tercio de mayores ingresos es un protagonista fundamental del boom de Wall Street en los últimos 4 años. Esto equivale a afirmar que la mejora en los ingresos de los trabajadores norteamericanos que disponen solo del nivel secundario de educación surge exclusivamente de la mejora de sus salarios reales, sin participación alguna de las ganancias récord de la bolsa de Nueva York.

La cuestión crucial en EE.UU. es determinar por qué el sector de menor nivel educativo es el que ha tenido el mayor nivel de ingresos en el periodo 2016-2019; y la respuesta es doble, o mejor triple: ante todo la caída sistemática de la desocupación con la mayor capacidad de creación de puestos de trabajo de la historia (en EE.UU. se han creado en el ultimo año el doble de empleos en relación al personal desocupado); y todo esto ha sucedido cuando la tasa de inflación ha sido solo de 1,6% anual en este periodo. La tercera y decisiva respuesta a este problema central de la sociedad norteamericana, es que la productividad ha aumentado 3% anual entre 2016 y 2019 como consecuencia de la oleada de inversiones que recibió EE.UU entre 2017 y 2020, que ascendió a 12 billones de dólares. Es el resultado del recorte de impuestos realizado por el gobierno de Donald Trump, encabezado por la disminución del impuesto a las ganancias de las compañías estadounidenses que pasó de 35% a 21%.

Esto estuvo acompañado por un proceso de drástica desregulación del sistema productivo y de servicios de EE.UU., que significó una mejora en las ganancias de las firmas estadounidenses de más de 2 billones en este periodo.

Por último, en octubre de este año se crearon 638.000 puestos de trabajo, y la desocupación cayó a 6,9%, comparada con un 7,9% en septiembre, en tanto que en abril, el momento más álgido de la pandemia del coronavirus, se colocó en el 14,7%. Esto sucede en el momento en que la pandemia del coronavirus ha provocado el mayor número de casos de los últimos 8 meses (116.000 infecciones diarias); y cuando más de un tercio de la economía norteamericana permanece todavía cerrada, sobre todo en California y Nueva York.

Todo esto explica la razón por la que Donald Trump ha obtenido 74 millones de votos el 3 de noviembre, 8 millones de votos más que los que logró en 2016; y ahora, además, ha duplicado el respaldo que le otorgaron en la comunidad afroamericana: 8% en 2016 y ahora 16%, que en los jóvenes negros de 18 a 29 años ha llegado a más de 30%. También es la causa de que el factor fundamental que llevó a Trump al triunfo en Texas por una diferencia de casi 5 puntos fue el respaldo de casi 50% de la comunidad hispana latina con un porcentaje superior en los condados fronterizos con México, donde la población de origen mexicano es más de 70% del total.

El fenómeno vivido ha transformado al Partido Republicano, de expresión de la elite empresarial de la Costa Este, en el canal de representación de los trabajadores y de la baja clase media norteamericana con una creciente participación de las minorías hispana y negra.

El sistema norteamericano está profundamente fracturado en lo que hace al poder político entre el que tiene el ejecutivo, la Casa Blanca, y el que controla el Congreso estadounidense, donde la cámara fundamental en materia de decisiones, tanto económicas como de política internacional, es el Senado. El Partido Demócrata ya cuenta con la mayoría absoluta en el Congreso y está a un escaño de conseguirla en el Senado.

En EE.UU., el Poder Ejecutivo, la Casa Blanca, tiene virtualmente paralizada sus decisiones, si no cuenta con el respaldo pleno y activo del Senado.

Los cambios históricos son imprevisibles, usualmente ocurre lo inesperado, pero de ninguna manera arbitrarios: están cargados de sentido, tienen su propia razón, que surge de la realidad de los hechos: lo único difícil es interpretarlos. Aquí el trumpismo ha aguantado por las clases bajas, menos cualificadas y de niveles de estudios primarios, algo que en Europa se vio con el fascismo de Le Pen en Francia, con Amanecer Dorado en Grecia, con Alternativa en Alemania e incluso, se empieza a ver con Vox en España.