¡Ya llegó la vacuna!

Nos habían avisado: solo descubrir la vacuna podrá parar a esta emergencia sanitaria, social y económica.

Los institutos de investigación virológica e inmunológica empezaron a recibir financiación, como nunca anteriormente habían recibido. Importantes laboratorios e industrias farmacéuticas como Pfizer y Janssen se ponían a la cabeza de esta especie de carrera En la fantasía de estos grupos cabía, legítimamente, la obtención del Premio Nobel de Medicina.

Edward Jenner fue el primero en descubrir, en 1796, la vacuna de la viruela, una definición científica de una observación realizada, unas decenas de años antes, por Lady Montagu, una escritora británica, pero su técnica acabó siendo rechazada y muchos médicos en Inglaterra no confiaron en su método. Decenas de años después, no sin controversia, Jenner consiguió dar “forma científica” a esta experiencia empírica y así se estableció el inicio de las vacunas. La viruela era una enfermedad que llegaba hasta un 30% de mortalidad y, en todo caso, dejaba señales cicatriciales indelebles en aquellos que lo habían padecido.

En España, los avances de Jenner llegaron a oídos de un cirujano llamado  Javier de Balmis, que tuvo la posibilidad de contárselo al rey Carlos IV. Con esta noticia organizó la “Expedición Filantrópica de la Vacuna”, que partió de La Coruña en 1803 con destino a Centroamérica. Balmis viajó con 22 niños huérfanos, que “transportarían” la vacuna a través de su propia inmunización. Aunque se perdieron vidas por el camino, se estima que más de 500.000 personas fueron inmunizadas directamente por la Expedición Balmis y que millones de personas fueron salvadas de morir gracias a la vacunación pública que se realizó en los lugares por los que pasaba la Junta Sanitaria y las Casas de Vacunación.

En 1979  la Comisión Mundial para la Certificación de la Erradicación de la Viruela de la OMS corroboró que la enfermedad había desaparecido en todo el mundo. Este hecho constituye el primer éxito mundial de una vacuna: la erradicación de la primera enfermedad infecciosa en la historia de la humanidad.

La poliomelitis hoy día tiene una certificación cerca del 99% de descenso de la incidencia mundial. Igualmente gracias a la utilización generalizada de la vacuna antipoliomelitis, pudiendo ser, probablemente, la segunda enfermedad que sea erradicada por la acción de una vacuna.

Sus detractores forman los denominados: “colectivos antivacunas” que acusan a las vacunas de todo tipo de males y se oponen a que se lleven a cabo lo que se denomina como “calendario vacunal”, que en España se pactó siendo Ministra de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, Luisa Carcedo quien con su equipo consiguieron pactar un acuerdo entre Sociedades Científicas y las Administraciones Sanitarias del conjunto del Estado Español.

Los colectivos antivacunas aducen que algunas vacunas podrían desencadenar la aparición de autismo infantil. En el año 1998 se publica en The Lancet, un trabajo, por Andrew Wakefield, en el que vinculaba la administración de la vacuna triple vírica (MMR), que protege del sarampión, las paperas y la rubeola, con el autismo. En el año 2003 existe el primer fallo judicial en contra de las demandas presentadas por estas asociaciones antivacunas a las que se siguieron otras.  Un año después, en 2004,  la revista publicó una retractación parcial de todos los autores excepto dos, se añadió un comentario del editor jefe de The Lancet, Richard Horton, donde reconoce que en 2004 seguramente no hubieran publicado tal cual el artículo al que nos hemos referido, lo hicieron entonces (1998) convencidos de que disponer de foros donde puedan exponerse libremente ideas nuevas, a pesar de que a menudo resulten chocantes, es vital para la medicina y la salud pública.

Wakefield se embarcó en una campaña contra la vacuna triple vírica en aras de potenciar las que sólo presentaban un antígeno como la vacuna simple del sarampión. La opinión pública ignoraba que en 1997 el propio Wakefield había solicitado una patente para una vacuna contra el sarampión de un solo antígeno, había ocultado su conflicto de intereses y terminó por ser inhabilitado para el ejercicio de la medicina.

The Lancet se retractó públicamente en febrero de 2010 por haber publicado ese artículo con resultados “falsificados”. Otra revista señera en el ámbito médico, el British Medical Journal analizó meses más tardes el escándalo científico al que tildó, directamente, de fraude. Al final de toda una peripecia legal y científica se concluyó en 2019: “No existe evidencia científica de que la vacuna antisarampionosa esté implicada en la etiopatogenia ni en la fisiopatología del autismo”.

Tras más de veinte años de debate e investigaciones científicas y varias sentencias judiciales, se finalizaba con criterios de evidencia científica a favor de la vacunación, pero esas discrepancias iniciales han perdurado en la actualidad con la difusión de posturas anti-vacunas de relativa aceptación en varias capas sociales, aunque sus razonamientos no se puedan sostener con ningún tipo de evidencia científica documentada.

Estos antecedentes son los que sustentan los dos criterios fundamentales que deben reunir las vacunas en la actualidad: su fiabilidad en la prevención de la afección (protección frente a la infección, creación de respuesta inmunitaria adecuada y persistencia en el tiempo) y, en segundo lugar, la seguridad, es decir la ausencia de secuelas y efectos secundarios de importancia que superen los beneficios que pudieran aportar. Desde el campo de la bioética consiste en dar cumplimiento a dos de sus principios definitorios claves: el de beneficencia (obtener mejores resultados que la libre evolución de los acontecimientos) y el de no maleficencia (que los posibles efectos secundarios no superen cuali-cuantiativamente a los producidos por la libre evolución del proceso que se pretende atajar).

Existe un consenso internacional, científico y ético, que comporta cumplir una serie de requisitos, que se denominan como “Fases de la investigación”, en la primera se investiga sobre el producto (medicación o vacuna), en la segunda se establece el mecanismo de acción con animales de laboratorio y en la tercera y cuarta fase se investiga sobre humanos en las poblaciones seleccionadas al efecto, primero de forma directa y luego con metodología de “doble ciego” (de forma anónima un grupo recibe la vacuna y otro no, pero ni los sujetos ni el grupo investigador conoce quiénes son unos u otros, hasta el final del proceso).

Esta pandemia que ha evolucionado a sindemia, al sumarse multitud de factores a la mortalidad y a la morbi-mortalidad general, con factores directos de la pandemia y otros que se suman provenientes de la crisis sanitaria general, social y económica que se ha producido.

Se nos informaba de los avances que se producían y de la distancia existente entre las investigaciones y la realidad de obtener ese preciado tesoro denominado vacuna. Había siete grupos de investigaciones que despegaban con fuerza, en una carrera frente al tiempo y de cara al prestigio profesional internacional.

Los grupos de China y Rusia parecía que llegaban a la meta, así lo anunciaban, pero no publicaban sus resultados en revistas científicas de suficiente impact factor (IF), de tal suerte que la confianza en sus resultados no obtenía la suficiente fiabilidad.

La OMS señalaba que sería a lo largo del año 2021 cuando se obtendrían los primeros resultados de vacunas con efectos consistentes y fiables, tanto en eficacia como en seguridad.

La vacuna conocida como de Oxford, promovida por laboratorios Janssen, alcanza su estadío 3-4 de investigación, sufre algún parón por posibles efectos secundarios que luego no se confirmaron como debidos a la acción directa o indirecta de la propia vacuna.

Laboratorios Pfizer adelanta sus resultados de fiabilidad al 90% de su vacuna. Dos consecuencias derivadas de este anuncio: la subida espectacular de las bolsas en todo el mundo y, en segundo lugar, el engranaje de la UE se pone en marcha para la compra de más de mil millones de dosis que, con posterioridad repartirá entre sus estados miembros.

La distribución, una vez adquirida, será realizada por la propia compañía farmacéutica, debido a que no se puede romper la cadena de frío en la conservación, pues precisa -81ºC para preservar sus condiciones. Para su eficacia precisa dos dosis.

Con esta información ninguna de las líneas de investigación sobre vacunas frente al covid-19 se anula, muy al contrario, parece que se van a potenciar. Incluso la investigación sobre tratamientos posibles tampoco se paraliza, a las pocas horas de este anuncio, otro monstruo farmacéutico, como Eli Lilly, anunciaba un tratamiento efectivo frente a covid-19 cuyo mecanismo de acción es la producción de anticuerpos.

En cuanto a la logística debemos elaborar un tempograma por cumplir hasta que se tenga la disponibilidad de la vacuna para iniciar el “reparto” en los diferentes países y en sus distintas comunidades y poblaciones. Un tiempo que no va a ser corto y que debe estar presidido por la cautela y la prudencia, hasta que se vacune mayoritariamente a la población, se necesita la persistencia de las medidas preventivas instauradas de mascarillas, distancia física y lavado de manos.

La cuestión ética evidencia desarrollar el principio de justicia y el de autonomía. El principio de justicia se refiere a que el conjunto de la población expuesta debe tener acceso a la posibilidad de recibir la vacuna, sin distinción ninguna. Este principio incluye la priorización de determinados colectivos vulnerables para recibir la vacuna; el colectivo de los profesionales sanitarios por la elevada exposición al contagio a la que están sometidos de forma contínua y el colectivo de personas mayores y enfermos crónicos por la vulnerabilidad biológica contrastada serían, por lógica clínico-epidemiológica y por ética, los primeros en acceder a esa prioridad en la vacunación.

El principio de autonomía es la capacidad de los sujetos para ser vacunados o para rechazar recibir la vacuna. Tiene su fundamento en la seguridad individual y en la capacidad de solidaridad de cada sujeto con el conjunto de su comunidad. En este principio se van a pretender basar los colectivos anti-vacuna. Las administraciones sanitarios deben realizar un esfuerzo de información, veraz y correcta, frente a las falsas informaciones que se van a generar y difundir profusamente desde estos colectivos. Se debiera aportar la suficiente información de las evidencias científicas para neutralizar a lo que se viene denominando como “negacionistas”, que han tenido tanta difusión en los últimos meses.

Se precisa prudencia en el plano general, pues llegar a un resultado no significa aplicación directa y falta constatar ese anuncio en una publicación científica seria y rigurosa. También necesitamos cautela en el plano más individual a la hora de lanzar, como se dice coloquialmente, las “campanas al vuelo”. Necesitamos más información y de forma más precisa.

No se debe perder ni un minuto. Las administraciones sanitaria, tanto la estatal como la autonómica, deben elaborar sus prioridades para el inicio y el desarrollo del proceso vacunal. La Administración Central, además, tiene una responsabilidad inmediata: elaborar la distribución de las vacunas adquiridas, a través de la UE, en todas y cada una de las Comunidades Autónomas. El Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud deberá realizar un claro y rotundo comportamiento ético y equitativo, evitar el clientelismo y el cortoplacismo para actuar con miras estatales y solidarias con el conjunto de la población y no dirigirse a la potencialidad de sus votos en exclusiva.

Debemos clarificar en vez de oscurecer. Recuerdo algo que vengo repitiendo durante toda la pandemia/sindemia: en épocas de crisis las personas inteligentes buscan soluciones, las mediocres y torpes buscan problemas.

Simplemente refiero un deseo: seamos inteligentes, todos y todas.