¿Solo existe el covid-19 en la gestión de la sanidad?

La pandemia ha eclosionado en la gestión sanitaria como un elefante en una cacharrería. Es muy importante su presencia, sus conocimientos menores que los desconocimientos, las improvisaciones y las determinaciones y decisiones realizadas por ensayo-error la mayoría de las ocasiones. Hay que rescatar la importancia de la pandemia como accidente sanitario de gran envergadura y de gran repercusión en la población y en el marco político.

Pareciera que el mundo se paralizara ante tamaña magnitud, con la sorpresa y la fuerza del impacto sobre la población, sobre los profesionales y sobre los científicos.

La población se desorienta y sufre esas consecuencias tremendas de la acción directa del agente causal, el terrorífico virus del grupo de los corona-virus y que ha sido identificado como Sars-cov-2 y redenominado como covid-19.

Los profesionales se sorprenden por la virulencia de la acción vírica, tanto en su difusión y capacidad de contagio, como en la capacidad para afectar a las personas de una forma sistémica y llegar a afecciones graves o a dejar secuelas de entidad variable que se va descubriendo con el paso del tiempo. Además, observan que no existe un tratamiento específico, por lo que las pruebas se multiplican con diversos y múltiples productos terapéuticos.

Los científicos se encuentran embelesados ante tanta posibilidad de estudios, tanto de la estructura y la dinámica del virus, como de su tratamiento y hallazgo de una vacuna fiable, efectiva y, a ser posible, sin efectos secundarios. Por primera vez tienen fondos disponibles para investigar y “al momento”, además existen multitud de países dispuestos a realizar esa colaboración. Nunca la habían visto igual. No obstante, no pueden contestar en el cortoplacismo que la actividad política reclama, el tempo científico es el del rigor en la obtención y análisis de los datos, por lo que se necesita tiempo y sus hallazgos son a medio y largo plazo.

Pero ¿Quién “cose” todos estos “retales”? Es evidente que la gestión del sistema sanitario, lo que comporta una dedicación importante de recursos humanos y de tiempo para abordar esta situación de pandemia tan virulenta y activa. No hay duda que debe ser así, pero cabe la posibilidad que el árbol impida ver el bosque que, en realidad, es la gestión sanitaria general.

La misión del Ministerio de Sanidad, en su labor de coordinación general de la política y las políticas sanitarias generales es posible que quede desenfocado o cegado por el resplandor de la pandemia y esa potente luminosidad le deslumbre a la hora de ver otros aspectos necesarios y fundamentales de la gestión sanitaria general.

Este posible desenfoque de la situación es clave en algunas autonomías (Madrid, Galicia) donde la crisis sanitaria no ha hecho, sino que evidenciar la muy deficiente gestión desarrollada durante años y las consecuencias manifiestas de la disminución progresiva de recursos en la sanidad pública durante años, lustros e incluso decenios, en beneficio de la gestión sanitaria concertada o descaradamente privada.

La Atención Primaria ya estaba tensionada, hasta el punto que se elaboró una Estrategia ad hoc para abordarla y establecer, de forma rigurosa y clara, un desarrollo que tendiera a recuperar su posición y a regular su funcionamiento. Esta estrategia contó con la aquiescencia de sociedades científicas, asociaciones de usuarios y del consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud (CISNS). Una estrategia ambiciosa que se ha visto truncada por la pandemia y, lo que es peor, “olvidada”, sin dar la suficiente importancia a su labor en esta pandemia.

En esta situación de crisis sanitaria se ha visto la debilidad de la Atención Primaria de salud, esta debilidad ha ocasionado que la contención del contagio y el parar la curva haya sido tan costosa y dolorosa. Todo lo que representaba el trabajo comunitario y de campo se ha cercenado por componentes burocratizados.