La reserva federal de los EEUU inyecta más liquidez par la recuperación

El Comité de Política Monetaria de la Reserva Federal resolvió el 27 de agosto establecer como objetivo inflacionario “…un promedio de 2% anual por encima y por debajo de ese nivel”, lo que significa terminar con la pauta fija de 2% por año vigente en la última década”.

La razón de esta trascendente decisión, verdadero punto de inflexión en la historia de la política monetaria, es que la inflación en EE.UU. nunca alcanzó ese nivel en los últimos 10 años, en que subió a un promedio de 1,6%/1,3% anual, la mitad de la pauta vigente en el siglo XX, en que ascendió a +3.5% anual.

La clave es lo que sucede con la denominada “tasa neutral de interés” en la que hay plena utilización de los factores de producción (capital y trabajo), sin que aparezca señal alguna de inflación, en una situación de plena estabilidad monetaria, y por lo tanto financiera. Esta es una novedad histórica, de signo cualitativo.

El Comité de Política Monetaria presumía que el nivel de la tasa neutral de interés era igual a la inflación: 1,6% por año en el último lustro. Pero la Reserva Federal de Nueva York, a través de su titular John C. Williams, demostró que dicha tasa era menos de la mitad, 0,5% anual, del nivel general de inflación, lo que implica que había caído 2 puntos porcentuales en los últimos 20 años.

Esto significa que la tasa de interés de EE.UU. en el momento actual puede reducirse hasta 4 veces en un año con un aumento proporcional de la liquidez, sin temor a desatar proceso inflacionario alguno; y lo que es igualmente importante, elevando en forma más que proporcional la tasa de ocupación de la fuerza de trabajo con el correlativo nivel de disminución del desempleo, en especial en las minorías afroamericana e hispánica.

El resultado es que al bajar la tasa de interés, se intensifica la inyección de liquidez, y la economía de EE.UU., la mayor del mundo puede crecer 1 punto o 1 punto y medio por encima de su nivel potencial de largo plazo (2,5% anual). Esto equivale a provocar un aumento significativo en la creación de puestos de trabajo, siempre en condiciones de estabilidad de precios, que son, precisamente, los dos objetivos estratégicos de la Reserva Federal desde que fuera creada por el Congreso norteamericano en 1913.

Esto torna absolutamente irrelevante la meta de 2% anual fijada por la Reserva Federal; y le brinda un carácter transformador, de signo cualitativo, a la decisión del 27 de agosto de virtualmente eliminarla.

El cálculo que hay que hacer es simple: si en vez de aumentar la tasa de interés en los 3 años previos a diciembre de 2019 (pasó de 0,25% anual a 2,5% por año), la hubiera disminuido 4 veces, todos los indicadores de alza del producto y de creación de empleo se hubieran elevado hasta 1 punto y medio por encima del estándar que finalmente alcanzaron, en el contexto de una inflación que virtualmente ha desaparecido.

Esto era posible porque la productividad se duplicó en 2018, y volvió a hacerlo en 2019 (3,5% anual), mientras que se mantuvo estancada – 1% por año o menos, entre 2009 y 2017.

También es obvio que la Reserva Federal con la decisión del 27 de agosto considera un anacronismo la denominada “Curva de Phillips”, que establece una correlación necesaria entre la caída de la tasa de desocupación (5% anual) y el alza del nivel general de precios. La “Curva” se ha aplanado ahora irreversiblemente y por eso ha perdido todo carácter predictivo, toda utilidad.

El Banco Central de EE.UU. ha constatado que el aumento de la fuerza de trabajo/nivel de participación laboral y la caída de la tasa de desocupación que alcanzó a 3,5% anual en diciembre del año pasado – la menor en 6 décadas – no provoca inflación. Al contrario, la combate, porque al producir más bienes, en el contexto de un fenomenal aumento de la productividad por la revolución tecnológica, la producción crece mientras los precios caen drásticamente.

La Reserva Federal prevé que la nueva política monetaria permitirá una reducción de 3,5 puntos porcentuales en el nivel de desocupación de la comunidad afroamericana y de 2,5 p.p. en la minoría hispánica, que lograron en diciembre de 2019 los menores niveles de desempleo de su historia.
Lo mismo señala respecto al grado de participación laboral de la mujer, que experimentaría un auge de más de 3 p.p. respecto a los niveles actuales. A esto habría que sumarle un alza de 3,5 millones de puestos de trabajo en la franja (hombres y mujeres) de 18 a 29 años de edad.

La preocupación central de la Reserva Federal durante 40 años ha sido una alta y creciente inflación. Pero hoy, tras la decisiva e histórica intervención sucesiva de Paul Volcker y Allan Greenspan, la amenaza ha desaparecido y su lugar la ocupa el riesgo de la deflación y de la reducción sistemática del crecimiento posible.

La nueva política inflacionaria de la Reserva Federal ha enterrado definitivamente la ideología del “estancamiento secular”, fundada en el desconocimiento del cambio cualitativo que implica la revolución tecnológica en la primera y más avanzada economía del mundo.