¿Qué es el Acuerdo de Escazú?

Toda ayuda y acuerdo es poco en la lucha contra el medio ambiente.

Todos los países del mundo trabajan, desde hace años, en la lucha contra la contaminación y el cuidado del medio ambiente.

De hecho, la mayoría de los naciones se han sumado al proyecto lanzado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) conocido como la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible cuyo objetivo es el de “establecer un plan de acción a favor de las personas, el planeta y la prosperidad” y, por otro lado, ” fortalecer un compromiso común y universal en la búsqueda del desarrollo sostenible”.

A esta carrera por frenar la contaminación y conseguir un entorno más limpio y saludable se han sumado Latinoamérica y el Caribe.

Lo han hecho a través del llamado Acuerdo de Escazú, un gran tratado medioambiental impulsado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en 2018.

Sin embargo, la puesta en marcha de este acuerdo pende de un hilo después de que Chile haya anunciado que rechaza ratificarlo pese a que este país fue uno de los impulsores de este importante acuerdo.

¿Cuál es la finalidad del Acuerdo de Escazú? ¿Por qué se niega Chile a ratificarlo? 

¿QUÉ OBJETIVO TIENE ESTE TRATADO?

El Acuerdo de Escazú  tiene como objetivo “facilitar el acceso a la información pública y promover la participación ciudadana en las políticas medioambientales de América Latina y el Caribe”.

Para que su entrada en vigor se haga efectiva, necesita del apoyo de al menos 11 de los 22 Estados que en el año 2018 se adjuntaron a la puesta en marcha de este importante tratado medioambiental.

Los países que, inicialmente, pusieron la primera piedra de este acuerdo fueron Costa Rica y Chile.

Por este motivo, la sorpresa ha sido mayúscula en América Latina y en la Comunidad Internacional después de que haya sido la nación dirigida por Sebastián Piñera la que haya anunciado que no va a ratificar su apoyo a este proyecto.

Otro de los objetivos de este tratado es, según la CEPAL, “garantizar el derecho de todas las personas a tener acceso a la información de manera oportuna y adecuada, a participar de manera significativa en las decisiones que afectan sus vidas y su entorno y a acceder a la justicia cuando estos derechos hayan sido vulnerados”.

Hasta el momento, han sido Bolivia, Ecuador, Antigua y Barbuda, Panamá, San Vicente y las Granadinas, Nicaragua, Guyana, Uruguay y Saint Kitts y Nevis, los 9 países que han reafirmado su apoyo a este tratado.

La negativa de Chile ha generado una enorme oleada de protestas por parte de la oposición en el país así como una gran cantidad de críticas por parte de decenas de organizaciones defensoras del medioambiente.

LA NEGATIVA DE CHILE, EL PROBLEMA PRINCIPAL

Muchos altos cargos y representantes de los países que sí apoyan este tratado consideran definen como “inconsciente” y  como “auténtica equivocación” la inesperada posición de Chile ante la ratificación del Acuerdo de Escazú.

Ante la polémica, el país ha salido al paso de las críticas y ha justificado su nueva postura.

La ministra de Medioambiente, Carolina Schmidt, fue la encargada de comunicar la decisión. Para el gobierno chileno, según comparte Schmidt, “el tratado de Escazú contiene obligaciones ambiguas que podrían poner en peligro la ley medioambiental que tiene Chile”.

Además, a través de su cuenta de Twitter, en respuesta a un usuario que le preguntaba el porqué del no de Chile al acuerdo, la ministra respondió que “Chile tiene ya en su legislación ambiental incorporado todos estos temas a diferencia de los otros países de América Latina y el Caribe”.

Por otro lado, en el programa de televisión Estado Nacional, Schmidt aseguró que “la redacción del tratado podría exponer a Chile a juicios y controversias internacionales”.

Sin embargo, pese a la explicación de la ministra chilena, el presidente de Chile, Sebastián Piñera, aseguró que Chile está “totalmente comprometido” con el cambio climático.

Algo que no concuerda con la negativa del país a a hora de apoyar la ratificación del Acuerdo de Escazú.