La pandemia del coronavirus ha colocado al continente latinoamericano como el lugar en el que la COVID-19 ha mostrado la peor de todas sus versiones.

Economía y salud, al igual que en el resto de países, han sido los dos ámbitos mayormente golpeados por una enfermedad que ya alcanza en el mundo la inimaginable cifra de 31 millones de contagiados y casi 1 millón de fallecidos. 

El otro área que también se ha visto especialmente afectado por la pandemia ha sido la educación.

Si bien es cierto que en los países más desarrollados ha sido más fácil adaptar los ciclos escolares a la nueva normalidad impuesta por el virus, en América Latina, adaptar la educación a este nuevo tiempo marcado por la pandemia supone un reto en ocasiones inasumible.

De hecho, en diferentes países del continente se habla ya de una catástrofe generacional educativa sin parangón que marcará a millones de estudiantes, más concretamente a 160 millones de escolares.

Las condiciones económicas, la incapacidad de tener acceso a internet o el desconocimiento de miles de familias refleja aún más el complicado trance que atraviesa la educación en América Latina.

Además, los expertos dibujan ya los 5 efectos que, con casi total seguridad, tendrá en esta nueva generación de estudiantes esta deriva educativa.

DÉFICIT EN EL APRENDIZAJE

El parón en seco que sufrió la educación para evitar así un mayor número de contagios hizo que los estudiantes sufriesen una interrupción muy significativa en sus procesos de aprendizaje.

Mientras que los más mayores pueden gozar de una mayor autonomía a la hora de llevar a cabo el estudio, preocupa mucho la situación de los más pequeños de las escuelas, quienes se encontraban en la etapa más importante de la educación al estar aprendiendo las nociones básicas relacionadas con leer, escribir o aprender las cuestiones matemáticas básicas.

Además, este sector no cuenta con esa capacidad autodidacta que les permitiría sobrellevar esta etapa.

FALTA DE ALIMENTACIÓN 

Otra de las grandes preocupaciones en Latinoamérica es el aumento de la desnutrición en los más pequeños.

Muchos de los escolares recibían la única comida del día en los comedores de los centros, algo que ahora es imposible debido al cierre de los mismos.

Además, muchas familias llevaban a sus hijos a los comedores escolares ante la imposibilidad de poder alimentarlos en sus propios hogares debido a las bajas rentas de la casa.

FAMILIAS SIN CONOCIMIENTO PARA ENSEÑAR

En los países en los que ha entrado en vigor la enseñanza telemática o por televisión, los alumnos reciben sus clases diarias a traves de estos medios.

Sin embargo, ante la imposibilidad de poder plantear dudas que puedan surgirle a los estudiantes, estos optan por preguntar a sus familiares quienes, en muchas ocasiones, no son capaces de dar respuesta a los planteamientos de los pequeños ya que no han podido tener acceso a la educación en su momento.

Por otro lado, muchos de los niños están solos durante las jornadas lectivas ya que los progenitores deben acudir a sus puestos de trabajo, algo que impide que las dudas puedan ser resueltas.

DESIGUALDAD EN LA CONECTIVIDAD

Otro factor que agudiza esta catástrofe generacional educativa tiene que ver con la desigualdad en la conectividad que sufren millones de alumnos.

En ocasiones esto ocurre porque viven en lugares a los que no llega una conexión suficiente o porque no pueden pagar internet en sus viviendas debido a su alto coste.

Muchos expertos del América Latina coinciden en que, en el continente, la brecha digital siempre ha existido pero que, con la pandemia, se ha disparado hasta unos extremos en los que muchos alumnos tienen que dejar de estudiar debido a esta problemática.

AUMENTO DEL ABANDONO ESCOLAR

Sumando los cuatro escenarios anteriores, la única solución que ven factible miles de alumnos y familias es la de abandonar los estudios hasta que la situación recupere un estado en el que asistir a la escuela sea posible.

A raíz de la pandemia, el aumento del abandono escolar ha sido muy llamativo y es en los barrios y zonas más pobres en los que se ha detectado el mayor incremento de esta situación.

Ante esta problemática, el miedo que tienen los docentes del continente es que muchos de estos alumnos no regresen a la escuela o que se queden estancadas en niveles que no corresponden con su curo habitual.