La rentrée y las buenas formas y maneras

Estar de vuelta de vacaciones, la rentrée de los franceses… ¡Ah! cuántos recuerdos… Lo primero que nos pasa es la recreación de las frases hechas y manidas: “¿Qué tal las vacaciones?” y la respuesta es clara: “Ya ni me acuerdo”. Sí, ya decía que era hora de frases hechas.

El despacho sigue igual, incluso más recogido y ordenado que de forma habitual. Pocas novedades.

En ocasiones hay más novedades en la Administración Pública. Es conocido que la época de vacaciones es muy buena para nuevas normativas o nombramientos. Si fuera así la rentrée tendría el aliciente de las presentaciones de las novedades, claro que para eso se necesita clase y estilo. Lo más habitual suele ser que todo siga igual tras el cierre de un paréntesis.

Han vuelto las sesiones al Congreso y al Senado. En esta ocasión, por mor del deseo del Presidente de Gobierno se ha iniciado por el Senado. Al final, da igual por donde se comience, los bulliciosos escaños de la oposición parlamentaria se han hecho notar. En el congreso había una nueva “portavoza” en el pp, han cambiado la gesticulación, pero no los contenidos desabridos y malencarados. Esta legislatura va a ser muy cansina, sabemos la intervención del pp y de voxiferantes antes de que acontezca, así son de cansinos.

¡Ojo! Sus señorías se han presentado en su escaño con mascarillas, sí, sí, como lo oyen: con mas-ca-ri-lla. Eso sí, se la toquetean todo el rato, se han dado cuanta lo incómodas que son para hablar. También se han saludado con el codo, aunque algunos se han atrevido al superficial y aéreo ósculo de recibimiento.

Hay una cosa que debemos entrenar en este país: el hola y el adiós, junto con el por favor y las gracias. No, no crean que es una chorrada. Cuando alguien llega a un sitio de nuevas está muy bien saludar y ser un poco receptivo a lo que allí acontece. También es razonable y educado interesarse por lo que hace cada quien en el lugar que le compete.

Cuando tomé posesión de la Dirección Provincial de INSALUD, allá por el lejano año de 1993, recorrí uno por uno los servicios administrativos de la Dirección, cada uno de los Centros de Atención Primaria de toda la muy extensa provincia, incluidos los de montaña, y todos y cada uno de los servicios hospitalarios, recorrí las instituciones de todos los niveles administrativos con los que me debería relacionar en mi práctica y también cité a todas las organizaciones sanitarias de la sociedad civil. Indudablemente fue una prioridad absoluta para mí, quizá por deformación profesional de mi especialidad médica de abordar la relación y la palabra. Aún conservo las notas tomadas de todas y cada una de las reuniones mantenidas, con la fecha correspondiente. Magdalena y Carlos, sigo tomando nota en todas las reuniones y siendo puntual al iniciarlas. Valoración general: la cara de sorpresa, hasta incredulidad, de los profesionales y de los funcionarios y funcionarias y de los representantes de instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Es decir que lo que representaba solamente la deferencia de la educación y respeto hacia ellos, se transformaba, al parecer, en algo excepcional.

Quizá sea moderno o muy actual la pérdida de las formas relacionadas con la educación o excluir los aspectos relacionales e interactivos, en la opinión de este articulista, nada más lejos de la realidad. En momentos de crispación creciente es cuando hay que extremar las expresiones relacionales y las formas sociales de lo que se conoce popularmente como las “buenas maneras”.

La rentrée también lo será para las instituciones docentes, entre ellas la Universidad. Existen demasiadas dudas pues no se han hecho todas las tareas institucionales y existe una cierta alarma o desgana, cargada de cierto malestar y temor hacia lo que va a pasar. Temor hacia el futuro, podría desencadenar cuadros de la tipología ansiosa, por la invasión de los temores venideros en el presente, bueno así lo explicamos en las clases de psicopatología.

También tenemos ocasión de confrontarnos con tareas pendientes o con tareas inacabadas. Es hora de concluir temas pendientes, evitando que queden cosas que lastren el avance. Lo que no finalizamos antes de marchar, lejos de olvidarse, es algo que nos impide avanzar de forma ligera y sin sobrecargas inoportunas. Retomar y finalizar estas tareas inacabadas nos permite rectificar errores, incluir nuevas perspectivas, establecer nuevos desarrollos y, en definitiva, perfeccionar las propuestas de trabajo.

El saludo cordial, el arte de escuchar y transformar, precisa de buenas maneras, de tolerancia y flexibilidad, pero también de compromiso. El equilibrio entre lo bueno y lo mejor consiste en tener empatía y la rentrée es el momento de poder presentar esa tarjeta por llegar “descansados”, estamos más proclives a escuchar.

Una rentrée que potencia las buenas maneras, posibilita una interacción mejor y más productiva, incrementa la sonrisa cómplice y fomenta el acercamiento. Perdón, estamos en época postcovid, acercamiento hasta un metro y medio y mascarilla mediante. Pues por esta razón las buenas maneras deben ser más que un gesto y transformarse en un requerimiento insustituible.

No hay que avergonzarse o explicar de forma artificiosa que con la rentrée o en general, uno tenga buenas maneras y se expresen como buenas formas. Alguno podría pensar que eso es de otro tiempo, nada más lejos de la realidad. Otros habrá, incluso, que otorguen el calificativo de blandito o pasteleo, pero no aciertan pues lejos de ser signo de blandura representa un gran fortalecimiento de la posición de autoridad y respeto para la persona y para el cargo que ostenta. En el polo opuesto se sitúan los que creen que es un mero cumplimiento formal que expresa rigidez, lejos del valor real lo evalúan, pues estos actos corteses expresan flexibilidad y capacidad de adaptación al otro y evidencian capacidad de empatía.

Definitivamente, unos requisitos formales mínimos como saludar a la llegada, despedirse al marchar, sonreir al cruzarse en el pasillo con alguien, saludar en encuentros casuales, interesarse por las tareas que se están desarrollando por los que se encuentran bajo nuestro mando, no buscar excusas “socorridas” para justificar nuestros actos reales, saber estar receptivos y flexibles, pedir por favor y dar las gracias después, demostrar complicidad en las dificultades y comprensión ante los errores son formas que en la rentrée se cumplimentan con mejor humor y más prestancia, esperemos que también se desarrollen con más presteza.