Tan solo hizo falta que se confirmarse lo que nadie quería escuchar para que Bielorrusia asistiera a un hecho único que, según los especialistas del país, no se producía desde la caída de la Unión Soviética.

Cuando los medios de comunicación del país anunciaron la reelección de Alexander Lukashenko como presidente con un 90% del apoyo ciudadano, miles de personas tomaron las calles del país para gritar lo que llevan años callando: quieren a Lukashenko fuera del poder.

Una marea social lleva más de una semana protestando en las calles de Bielorrusia para exigir al todavía presidente que abandone su cargo y que deje paso a políticos que sí busquen un cambio para el país.

Unas protestas que, con el coronavirus del por medio, congregaron hace unos días a más de 250.000 personas en la llamada Marcha por la libertad, una escena insólita hasta el momento debido al calibre de este levantamiento popular.

Una revolución tan grande se produce porque un pueblo ya no puede más.

¿Qué ha provocado que Bielorrusia se encuentre en una situación como esta? 

GOBIERNO LARGO Y DICTATORIAL 

Alexander Lukashenko lleva en el poder desde 1994.

26 años de control absoluto que los bielorrusos califican, entre otras lindezas, como “la única dictadura que todavía permanece activa en Europa”.

Un gobierno que tiene poder en todo, desde la máxima autoridad hasta la empresa más pequeña del país. La prensa, la policía, el ejército, la economía… Todo está bajo el yugo de Lukashenko , quien en los últimos días ha asegurado que “no va a abandonar la presidencia ni muerto” o que “no va a haber un cambio de presidente hasta que me matéis”. 

En Bielorrusia, la corrupción, la falta de trabajo, la desigualdad social, la pobreza, el machismo y así un largo etcétera de situaciones son los protagonistas de un país que ha salido a la calle para echar al que consideran un jefe de Estado que viola, constantemente los derechos humanos.

PÉSIMA GESTIÓN DE LA PANDEMIA

En materia sanitaria, Bielorrusia no es uno de los países que esté a la cabeza en este ámbito.

Tampoco ayuda contra con un presidente que, en plena emergencia sanitaria mundial, resta importancia al COVID-19 y no toma ninguna medida importante para frenar un contagio masivo en el país.

Hasta el momento, Bielorrusia tiene casi 70.000 contagiados y 620 fallecidos, unas cifras que podrían haber sido mucho menores si Lukashenko hubiera decretado un confinamiento general, o si hubiera suspendido los eventos multitudinarios como  los campeonatos de fútbol o los lugares principales de ocio como los cines, los teatros y las de concierto.

De hecho, una de las cuestiones que provocó un estupor generalizado fue cuando el presidente aseguró que el virus se curaba con vodka, saunas y largas jornadas de trabajo. 

Además, tampoco suspendió ninguno de los mitines políticos que tenía previstos para evitar una situación aún peor.

Por otro lado, la oposición asegura que los datos ofrecidos por el Ministerio de Salud del país son falsos y que los casos de coronavirus en Bielorrusia puede ser 10 veces mayor que lo que dice el Ejecutivo.

RESULTADO ELECTORAL IRREGULAR

El pasado 9 de agosto suponía para gran parte de los ciudadanos de Bielorrusia el día en el que todo cambiaría.

Un día en el que Bielorrusia daría un cambio de 360 grados para dar paso a un país que lleva casi 3 décadas esperando la llegada de la democracia en su totalidad. 

Sin embargo, los resultados electorales dieron como vencedor -una vez más – a Alexander Lusashenko con un 90% frente al 10% que obtuvo su contrincante, Svetlana Tikhanovskaya, que aspiraba a su vez a convertirse en la primera mujer al mando del gobierno bielorruso.

Estos datos eran tan poco creíbles que fueron la gota que colmó el vaso de la exasperación de la sociedad, obligando a miles de ciudadanos a salir a las calles.

Además, en estas elecciones, casualmente, no hubo presencia de los llamados ‘observadores independientes’, lo que hacía presagiar que estas elecciones estaban siendo realizadas en condiciones fraudulentas.

A esta situación, otro hecho que aumentó la certeza de la población sobre las irregularidades del proceso es que Internet cayó durante varios días y, cuando se reactivó el servicio, las urnas, los porcentajes y el conteo daban como ganador a Lukashenko.

Fue en este momento cuando los abusos policiales comenzaron a ser visibles en las calles de Bielorrusia, algo que avivó aún más un fuego que, a día de hoy, está más activo que nunca.

MALTRATO CIUDADANO DESMEDIDO

Gases lacrimógenos, balas de goma, porrazos, descargas eléctricas… Estas son solo algunas de las medidas de dispersión que utilizan las fuerzas policiales de Bielorrusia para enfrentarse a la marea humana que clama por la libertad en el país.

Las detenciones, al igual que las actitudes violentas y los heridos, lejos de contarse por centenares, se cuentan por miles.

La situación en Bielorrusia es tan crítica, que decenas de personas suben a las redes sociales vídeos y todos de las heridas que les han provocado los disturbios policiales, así como muestran la violencia con la que actúan contra los manifestantes.

Además, la revolución ha sido tan grande que gran cantidad de empresas se han declarado en huelga, varios políticos y oficiales de policía y el ejército han dimitido e incluso personal directo del Gobierno ruso ha mostrado su indignación con lo que sucede en Bielorrusia.

La única solución que ven en el país todos los que se han sumado a esta revolución es una: Lukashenko tiene que estar fuera.