La Peñita: el campo de refugiados que pasó de ser salvación a pesadilla

Mientras el coronavirus ocupa toda la atención a nivel mundial, hay situaciones que han quedado en el olvido más absoluto al tiempo que la gravedad de estas realidades aumenta por momentos.

La pandemia del COVID-19 ha provocado que centenares de personas hayan abandonado sus lugares de nacimiento en busca de una vida mejor.

Sin embargo, en algunas ocasiones, el virus es solo una excusa para muchas de estas personas que no pueden más con las condiciones de precariedad en las que viven a diario y que ven en el patógeno la vía de escape perfecta para emprender un camino hacia la felicidad.

Para muchas de estas personas, los campos de refugiados son la salvación y también la solución transitoria a muchos sus problemas.

A día de hoy, estos lugares están al límite de sus capacidades, los márgenes de actuación y ayuda han quedado reducidos casi en su totalidad y la situación que muchos migrantes encuentran en estos lugares no es, ni de lejos, mejor que la que tenían.

Esto es lo que está ocurriendo en la provincia selvática de Darién, La Peñita, un pueblo en el que se ha levantado un campo de refugiados que ha tomado el control de este lugar en el que antes vivía una comunidad indígena de 200 habitantes.

¿QUÉ PASA EN LA PEÑITA?

La Peñita (Panamá) se ha convertido en el nuevo objetivo de las organizaciones humanitarias debido a la grave situación que se está viviendo en este pueblo.

Un poco antes de que estallase la pandemia, hasta este remoto lugar del Sur de Panamá se han traslado más de 1.500 migrantes con un único objetivo: cruzar la frontera para llegar hasta Estados Unidos y México.

En La Peñita conviven personas de todas partes, pero principalmente han sido de Haití, Cuba, Bangladés, Nepal, Congo, Camerún e India, lo que se han trasladado hasta este lugar que entendían como la llave de acceso a una vida mejor.

Sin embargo, al llegar al campo de refugiados de La Peñita se han topado con una realidad muy diferente: fronteras de acceso cerradas por la situación sanitaria, pobreza extrema, condiciones climatológicas impredecibles, hacinados en tiendas de campaña, atención sanitaria insuficiente y así un largo etcétera de contratiempos que hacen de La Peñita un lugar en el que el drama migratorio está más patente que nunca.

En las últimas semanas, la situación en La Peñita se ha vuelto insostenible debido a una sucesión de incidentes provocados por los propios migrantes que acabó con gran parte de los – pocos – servicios con lo que contaba este campo de refugiados.

VIOLENCIA Y DESESPERACIÓN

Estos incidentes fueron provocados por la desesperación de los migrantes ante la situación en la que se encuentran.

Para llamar la atención de las instituciones y a modo de queja por la desatención que sufren, los últimos disturbios que se produjeron en La Peñita terminaron con 7 coches quedamos, varios heridos, 12 personas detenidas y las carpas levantadas en el campamento en la que se guardaban insumos y material de ayuda humanitaria quedaron completamente calcinadas. 

En una entrevista para AFP, uno de los habitantes del campamento de La Peñita,  Thomas Saint Louis, aseguraba que “este no es un lugar para que estén los humanos. Vengan y ayúdennos”.

La selva de Darién, lugar en el que se encuentra levantado el campo de refugiados de La Peñita junto a otros tres campamentos más, es el punto de encuentro de miles de personas que quieren optar a una vida mejor.

Sin embargo, la situación se ha vuelto tan insostenible que la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha exigido a Panamá que, hasta que se estabilice la situación, tome medidas para garantizar los derechos de los inmigrantes. 

La petición de la entidad parece que no ha sido escuchada y el gobierno panameño ha confirmado que, o se calman los ánimos en La Peñita o se deportará a todos los migrantes que participen en actos violentos.

Así lo confirmó la directora del Servicio Nacional de Migración, Samira Gozaine, quien asegura que el gobierno no tardará en “activar las gestiones para expulsar del país a 280 personas aproximadamente”.