De Arniches a Valle-Inclán: Segundo acto de sainetes esperpénticos

Hace algo más de dos años escribía acerca de las situaciones saineteras que Arniches hubiera deseado para sí. Expresaba que esas situaciones, no obstante, eran tan exageradas que se emparentaban con la sorna gallega en forma de sarcasmo del más rutilante y contradictorio Valle-Inclán.

Arniches escribía teatro con un contenido aparentemente costumbrista, en forma de comedias de orientación cómica. Eran, los sainetes, un costumbrismo muy digerible por el ciudadano de a pie, aunque ocultaba, con decoro, alguna trama dramática en el marco de una exposición de ámbito conservador, pero lo realizaba de una forma tan mordaz que se transformaba en una sutil crítica social de corte paternalista. Ese era, indudablemente, su encanto un tanto provocador en sus descripciones sociales de la villa y corte, de sus corralas y de la tipología estereotipada de sus gentes y costumbres con sus raíces, sus dichos y redichos más populares elevados al estrado de lo literario.

Arniches parecía un autor teatral desaparecido, hasta su estilo permanecía en un calculado olvido, la gente “intelectual” siempre había considerado a los sainetes un “teatro menor” y hasta pelín superficial. Pero hemos llegado a la actualidad y personajes reales de la escena política lo han rescatado para pasearlo sin decoro alguno por la faz patria. Un reparto inigualable de actores que lo conciben desde un simplismo reduccionista de tres al cuarto ejerciendo la cosa pública con descaro y, en buena medida, con no poco desdoro y escaso decoro.

En la situación actual, la característica fundamental que hacen algunos personajes de la política cotidiana, nos muestra la presentación de una realidad deformada y grotesca con la degradación de los valores consagrados a una situación ridícula, transformándola en un verdadero esperpento, llegando más allá de lo que D. Ramón María del Valle Inclán se hubiera imaginado, su fantasía llena de sorna gallega jamás se hubiera imaginado que la realidad superaría, con creces, su construcción más conspícua.

Valle Inclán sí que representó una tendencia rompedora, ciertamente mordaz y llena de un sarcasmo descreído para expresar su contradictoria forma de pensar, nos describe personajes y situaciones del suelo patrio, con un género que no tiene nada de menor pues estaba lleno de imágenes y metáforas sin par de la Galiza más rural y mitómana. La aplicación a la situación actual se confirma por el hecho de pasar de la imagen metafórica, producto de la fantasía narradora del escritor gallego, a una clamorosa realidad de cada día, donde no se exageran o distorsionan los rasgos de los personajes, sino que son rasgos exagerados y/o distorsionados de que ellos mismos poseen.

Así llegamos a que estos dos autores, Arniches y Valle Inclán, hoy se vean glorificados por el quehacer y ejercicio público de muchos de nuestros magníficos representantes que les vanaglorian, muchas veces sin saberlo tan siquiera, con sus intervenciones públicas, con sus actos ampulosos, grandilocuentes, impostados y amanerados. Han conseguido que la realidad se convierta en un sainete sarcástico y esperpéntico, que se aleja de toda comprensión racional, para esbozar una sonrisa como mera mueca de incredulidad, cuando no de franca perplejidad, al contemplarlos de esa guisa. Más aún cuando se detecta un relevante y profundo desconocimiento de estas características aquí descritas con lo que lo elevan al grado de la sorpresa de ser autores y actores simultáneos de tanta desfeita y tanta trapallada, con tanto más valor, cuanto que son desconocedores e ignorantes del paralelismo aquí descrito. Pasando, de forma natural, del costumbrismo buenista madrileño de Arniches al costumbrismo sarcástico y esperpéntico de las tierras galáicas, lleno de metáforas descreídas de Valle-Inclán.

Nuestro elenco del cuadro de representantes se empeña, de forma contumaz y pertinaz, en ser, a la par, autores, actores y críticos de un sainete elevado a la categoría de esperpento. Baste con hacer un somero recuerdo de situaciones y circunstancias en las que nos encontramos viviendo en la actualidad como espectadores atónitos frente a tanta desfeita, como se diría en Galiza.

No es extraño contemplar que quien debe velar por el cumplimiento del marco legal lo trasgreda, por lo que su ejemplo es pertinazmente el engaño, la rapiña, el hurto malintencionado, la mentira elaborada y alambicada. De tal suerte que se utilizan los resortes de su ejercicio del poder para conseguir un personal enriquecimiento y luego mirar para otro lado, lanzando y proyectando hacia el exterior indeterminado la responsabilidad que le compete. De tal suerte que se lanza una mirada retadora al tendido, por encima de los sujetos que atónitos miran esperando un desenlace que no llega, mientras ese otro sigue en el mismo sitio pontificando sobre bienes y haciendas, sobre legalidades y constituciones.

Quien así se comporta, espera displicente y cómodamente instalado en una dimensión temporal infinita de dilaciones sin límites, de silencios imperturbables, de plasmas comunicativos, de defensas de actitudes bunkerizadas que terminan por pudrir las resoluciones no tomadas y lanzar el hedor pestilente de su mentira inconmensurable por doquier, confirmando que todo lo que toca y le toca absorbe y disemina el cheire putrefacto que le invade.

Su discurso oral se encuentra pleno de construcciones lingüísticas imposibles y, como poco, lapsus muy significativos. Freud nos enseñó que el lapsus es una producción del inconsciente reprimido y que, por sí mismo,  traduce la verdad oculta del sujeto. Las hemerotecas y las actas del Congreso de los Diputados están llenas de ejemplos que oscilan entre las intervenciones saineteras, llenas de un rancio costumbrismo, hasta situaciones esperpénticas y, en ocasiones, (pre)delirantes. Lo bueno que tiene ser ignorante con conceptos rigurosos, como por ejemplo el lapsus, es que uno lo niega, lo ignora y, como consecuencia, lo expresa con todo su valor y pujanza, haciendo la delicia de algunos observadores más meticulosos y rigurosos.

Lo que se inició en clave de sainete, haciendo una mueca de sonrisa por los lapsus, por las ocurrencias lanzadas desde el atril parlamentario, sustituto de la barandilla de corrala, se lanzaba una diatriba llena de paráfrasis sustitutivas. Ese sainete inicial termina por configurar una verdadera situación grotesca llena de negaciones, de desplazamientos, de proyecciones, de neologismos, de estereotipias, de tics, de argumentarios estrambóticos. Entonces abandonamos la escena del sainete, para caer en las garras del sarcasmo tragicómico que, ya que nos afecta a todos, se encuentra dominado por mecanismos perversos ¡Qué cansino!

Qué decir de quien quiere erigirse en líder de la nada. Alguien que quiere ser líder, pero se encuentra sin presencia, sin consistencia argumental y es heredero de lo que ellos denominan “valores eternos”.  Un tipo con tal megalomanía que pretende presidir un país al que previamente debe machacar mentalmente con bulos sin fin, con mentiras elaboradas y descubiertas nada más ser emitidas desde un busto parlante. Es inaudito que alguien, mínimamente responsable, pueda llegar a proponer defender similar despropósito sin sonrojarse y sin que sus conciudadanos no sientan vergüenza ajena. Se salta aspectos de la legislación vigente, por lo que crea una legislación paralela, constituye en torno a él una realidad virtual plena de un imaginario colectivo, si se le solicitan cuentas de algún tipo se fuga de forma cobarde, se dedica a lanzar proclamas aburridas y reiterativas, se inventa otra realidad virtual utilizando, de forma pomposa y perversa, una terminología de gran valor cultural en beneficio propio (p.e. democracia, libertad, represión,…), pero este sujeto sigue y sigue con su matraca, con lo que tenemos una realidad perversa, extremadamente perversa.

Se hacen propuesta donde domina lo más grotesco como una mera pantomima en torno a una realidad neo-formada. Sus reuniones telemáticas mimetizando las que realiza el Presidente del Gobierno, su hablar ampuloso lleno de banalidades sin cuento y de insultos que vacían de contenido fiable lo que emite. Una caricatura, una desfeita increíble, un querer que sea normal lo ilógico, lo incoherente y lo inadecuado. Se pierde el control, el rigor, la seriedad y la sensatez, un gobernante sin estas cuatro características en un títere, un monigote lleno de esos rasgos de grotesco esperpento con actuaciones más propias del Marqués de Bradomín que de alguien responsable y riguroso. Claro, que peor es quien le hace de corifeo hasta el punto de entrevelar la realidad y transformarla en algo insustancial e inconsistente que posibilita y justifica otras acciones, en ocasiones no menos esperpénticas, en aras a lo inadecuado e incoherente de los contenidos que se proponen. Aquí el esbozo de sonrisa es la de tipo nervioso con rictus de incredulidad ¿hablará en serio? ¿delira? ¿qué se pretende?

La oposición que dicen ejercer es un mero “dime de qué se habla que me opongo”, no existe ni la más mínima posibilidad de acercamiento leal para colaborar en aras al bienestar común. Se retroalimentan: inician con descalificación, siguen con insultos y terminan por oponerse, es un camino repetitivo y vacío de contenido que oculta su falta de alternativas reales. En resumen: una oposición que no hace oposición, sino que realiza oposicionismo y obstruccionismo.

El difícil acuerdo económico que se alcanzó en la Unión Europea, al que se opusieron de forma trapalleira y cobarde, alentando los posicionamientos de los países, llamados frugales, para que no se consiguiera la financiación suficiente requerida por el Presidente del Gobierno. Estos patriotas de pacotilla, de banderita en la muñeca y corrupción en la mochila, se repliegan y se autoasignan el triunfo cuando el acuerdo progresa. Es tal el desgaste que producen que lo único que saben es abrir temas nuevos que no saben, ni pueden ni quieren cerrar o, lo que es peor, lo cierran en beneficio propio con más mentiras. El problema no es que mientan porque ya lo esperamos, lo malo es que quieren que los demás creamos sus mentiras y sus bulos, es decir nos realizan una solicitud esperpéntica al más puro estilo valleinclanesco de la relación entre Max Estrella y Don Latino en Luces de Bohemia.

Se piden cosas, como el fin del confinamiento y el retorno de la gestión a las Comunidades Autónomas, parece una cosa lógica, de la lógica formal pura de Witgestein, pero este filósofo alemán no contó con la actual oposición española. Entonces lo que es de su responsabilidad lo lanzan al Gobierno Central y, por si fuera poco, le exigen responsabilidades hasta sus últimas consecuencias y ellos mismos se liberan de los efectos adversos de su propio ejercicio de la responsabilidad gestora y política, da igual que sean independentistas o que detenten las esencias de la patria. Pidieron el confinamiento, cuando estaba pedían que finalizara, cuando se anuló piden que vuelva el mando único y…vuelta otra vez a la tuerca del tornillo sin fin.

Lo más curioso de todo: la población sigue diciendo que les va a votar, haciendo cierto lo que Séneca avisó: apoyar a los corruptos es ser su cómplice. Pues así vamos. No sé qué más debe acontecer para reaccionar.

“O Coitadinho” de Valle Inclán, es un personaje que, desde esa posición lisiada, pasa de ser secundario en el esperpento a representar las propias esencias rocambolescas de la sorna y el sarcasmo de una realidad sin visos de modificar la postura que sustenta tanto peso sin identidad, sin sustancia y sin esencia. Ni siquiera la depravada y promiscua vida de Mary Gaila es aceptada como liberación. El esperpento se representa en esta reflexión como una caricaturización de lo que ya, de por sí, es caricatura, donde se identifica el humor negro, el sarcasmo y la ironía. Los héroes desaparecen y solo quedan personajes deshumanizados. En el lenguaje esperpéntico se entremezclan expresiones aparentemente cultas y también pedantes, citas literarias y mitológicas, incluso términos vulgares o propios de las jergas de la delincuencia. El término grotesco es una palabra clave con la que el propio Valle-Inclán define la lengua usada en este tipo de obras. Hace adquirir el gran significado exculpatorio de Pedro Gailo hacia los excesos de la Mary Gaila en las “Divinas Palabras”: “Qui sine peccato est vestrum, primus in illam lapidem mittat”. Comprendamos este comentario a la luz de lo que acontece hoy en el proceloso mundo que denominamos política, antes de salir huyendo para no ser descubiertos en plena acción fornicatoria como lo fueron Miau y Gaula.

Con todo esto la acción política oscila entre el sainete costumbrista emisor de cómplices sonrisas paternalistas y el esperpento de humor sarcástico al que muchos de sus actores ni alcanzan a comprender y así siguen viviendo con el tinglado de la antigua farsa.