Sumba, la isla donde los hombres secuestran a mujeres para casarse con ellas

La idílica isla de Bali es testigo del disfrute de miles y miles de turistas que van a bañarse a sus playas, a recorrer sus frondosos arrozales y a nutrirse de su riqueza cultural.

Sin embargo, no todo lo que está a la vista de esta isla indonesia es tan plancentero. Al este se atisba una isla, Sumba, allí, el secuestro a mujeres por parte de los hombres es algo habitual. ¿El motivo? Contraer matrimonio con ellas.

“Estuve pateando y gritando, mientras me empujaban dentro del auto, pero estaba indefensa. Luego de dos personas me retuvieron y yo ya sabía lo que estaba pasando”

Citra, víctima de un secuestro para casarse (BBC Mundo)

 

HOMBRES CONOCIDOS 

Esta práctica se conoce comokawin tangkap y consiste en que un hombre, familiar o amigo de la mujer, la secuestre y la fuerce a casarse con él.

Los vídeos que se han circulado por las redes sociales han dado a conocer esta situación y varios grupos que luchan por los derechos de las mujeres se han puesto manos a la obra para que se acabe con este abuso.

Sin embargo, y a pesar de que el gobierno de la isla lo ha calificado como un problema, en algunas partes de la isla se siguen realizando secuestros y matrimonios sin consentimiento por parte de las mujeres de Sumba.

Citra, el nombre ficticio que ha decidido utilizar una mujer víctima de esta práctica, ha relatado a BBC Mundo su horrible experiencia. Ella, con aspiraciones de crecer profesionalmente, acudió a una reunión de trabajo convocada por sus superiores. Finalmente, el encuentro resultó ser falso. Un grupo de hombres la metió en un vehículo forzosamente y, al menos, dentro de él, Citra consiguió mensajearse con su novio y con su padre.

Además, la mujer se dio cuenta de que quienes la habían secuestrado eran familiares lejanos de su padre.

El vehículo paró, llegaron a un lugar donde parecía que se iba a iniciar una ceremonia. “Había mucha gente esperando allí. Sonaban un gong cuando llegué y comenzaron a hacer rituales”, recuerda Citra.

No tardó en darse cuenta de lo que estaba pasando.

 

QUE EL AGUA NO TOQUE LA FRENTE

En Sumba conviven el cristianismo, el islam y, también, una antigua religión conocida como Marapu, que es la que promueve este tipo de secuestros. Asimismo, una de sus creencias recoge que si el agua toca tu frente, no puedes salir de la casa en la que te encuentres.

Cuando Citra llegó al lugar, lo primero que intentaron fue mojarle la frente. “Lloré hasta que se me secó la garganta. Me tiré al suelo. Me golpeé la cabeza contra los grandes pilares de madera. Quería que me entendieran que no quería eso. Esperaba que sintieran pena por mí”.

De nada sirvió, Citra estuvo retenida en una casa durante seis días.

 

NEGOCIACIONES 

La mujer se negó a beber y a comer cualquier cosa que le ofrecieran. Mientras, fuera, estaba su familia y grupos de derechos de las mujeres negociando su liberación.

Citra, finalmente, consiguió ser liberada. Sin embargo, los datos de liberación no son tan optimistas. Los grupos que luchan contra esta práctica solo han conseguido liberar a tres mujeres, entre ellas, Citra.

Las activistas, además, señalan que muchas de las mujeres que han logrado escapar de este matrimonio arreglado son estigmatizadas por su comunidad. “Están etiquetadas como una desgracia y la gente les dice que no podrán casarse o tener hijos. Por eso las mujeres se quedan, por miedo a eso”, relata una de las activistas.

 

EL FUTURO DE ESTA PRÁCTICA

Según el historiador local Frans Wora Hebi, esta práctica se sigue llevando a cabo por la falta de medidas por parte de las autoridadesde Sumba.

“No hay leyes en contra, solo a veces hay una reprimenda social contra quienes lo practican, pero no hay un impedimento legal o cultural”, explica el experto.

Gracias a los vídeos que han circulado por Internet y a las protestas nacionales en contra de esta práctica, la ministra de Empoderamiento de la Mujer, Bintang Puspayoga, ha prometido que el Gobierno iba a poner fin a esta actividad, que describió como violencia hacia la mujer.