La pausa a la que se ha tenido que enfrentar el mundo a causa del coronavirus ha provocado imágenes y situaciones que quedarán para siempre en la memoria de todos los que sufrieron la virulencia de la enfermedad.

En medio de tanto caos generado por esta pandemia mundial, cuesta identificar momentos en los que la desazón, el miedo y la negatividad no sean los protagonistas de lo que sucedía.

Sin embargo, en los últimos meses, un equipo de científicos de todo el mundo ha estado investigando un fenómeno terrestre que no se había producido nunca. 

Desde que la COVID-19 obligase a los gobiernos a confinar a los ciudadanos y a pausar la economía, los movimientos sísmicos terrestres han sufrido un descenso sin precedentes en la historia de los terremotos. 

¿Por qué ha ocurrido esto? ¿Qué nuevos escenarios ha traído consigo esta quietud sísmica de la Tierra?

DATOS JAMÁS REGISTRADOS

Un grupo de 76 científicos de 27 países diferentes han publicado un informe en la revista Science en el que revelan que la pandemia del COVID-19 provocó una disminución del 50% en el barullo global que provocan los humanos.

En el mencionado estudio se establece que “la duración y quietud de este periodo representa la reducción global de ruido sísmico más larga y estable desde que se tienen registros”. 

Es decir, la quietud sísmica que ha provocado la pandemia nunca antes había sido registrada, cosechando así un hito histórico a nivel natural y científico.

Los expertos en terremotos que han dado cuerpo a este importante estudio apuntan a cinco elementos como los principales motivadores de esta tranquilidad terrestre: el distanciamiento social, el confinamiento, el cierre de las grandes industrias, la disminución de viajes y el turismo. 

El estudio reunió datos de 268 estaciones de investigación y vio un efecto de apagado en casi todas partes.

Los datos registrados procedían de Turquía, Chile, Costa Rica, Canadá, Australia, Irán o Pekín, entre otras localizaciones del mundo.

Sin embargo, las grandes sorpresas llegaron desde Sri Lanka y Nueva York, lugares en donde se alcanzaron las mayores disminuciones de ruido sísmico, llegando al 50% en el caso de Sri Lanka.

Además, este parón mundial ha permitido a los científicos descubrir nuevas vías y elementos de investigación, como por ejemplo el análisis de temblores naturales débiles que estaban escondidos bajo la fuerte actividad sísmica habitual.

¿MONITOREAR LA ACTIVIDAD HUMANA?

La otra cara de esta investigación se centra en la intención de algunos expertos de hacer uso de este control terrestre para hacerlo extensible a la monitorización de la actividad humana.

Para los científicos, poder rastrear el comportamiento de las personas durante la pandemia ayudará a entender la quietud sísmica que pueda producirse.

Debido a la polémica generada por esta intención manifestada por los científicos, los expertos en movimientos sísmicos han salido al paso asegurando que estos datos siempre serán anónimos puesto que “los datos sísmicos son inherentemente anónimos porque no hay forma de saber quién o qué está generando las ondas de energía”.