Estados Unidos y México: historia de una dependencia

Por primera vez desde que asumió el cargo a la presidencia de México, Andrés Manuel López Obrador, también conocido como AMLO (por las iniciales de su nombre), viajó al extranjero. Su destino: Estados Unidos.

Lo cierto es que, a pesar del creciente rechazo del presidente Donald Trump hacia los mexicanos, las relaciones entre ambos países se remontan décadas atrás.

 

Los mexicanos conforman el colectivo de extranjeros más abundante de Estados Unidos. Según las estimaciones del Migration Policy Institute, constituyen el 25% de los más de 44 millones de inmigrantes que había en el país en 2017.

Con motivo de la pandemia del coronavirus, Trump ha endurecido las políticas migratorias, congelando, por ejemplo, la emisión de green cards (las residencias permanentes para los extranjeros) y otro tipo de visados. Sin embargo, hay un grupo con el que el presidente de EE. UU. parece ser más flexible: los trabajadores del sector agrícola.

Si se vuelve la mirada, se ve que la relación entre México y Estados Unidos está llena de vaivenes a lo largo de toda la historia.

 

DURANTE LAS GUERRAS MUNDIALES

Mientras los hombres estadounidenses iban a la guerra, muchos mexicanos los sustituían en los trabajos industriales.

Un artículo del Council on Foreign Relations señala que “los historiadores estiman que alrededor de 16.000 mexicanos trabajaron en las ferrovías a principios de la década de 1900 y representaban hasta el 60% de la fuerza laboral ferroviaria de Estados Unidos en ese momento”.

Por otro lado, los expertos indican que el programa Bracero (1942-1964) fue esencial para entender la mano de obra mexicana en Estados Unidos. Alrededor de dos millones de mexicanos trabajaron en cultivos de 30 estados.

Todos estos trabajos que desempeñaron los inmigrantes (ferroviario, industrial, agrícola, minería) fueron algunos de los motivos del desarrollo económico del suroeste de Estados Unidos.

Los trabajadores, por su parte, sufrieron de mano de obra barata por parte de los productores, ignorando las pocas protecciones por las que supuestamente estaban amparados.

DESARROLLO INDUSTRIAL 

Una vez finalizado el programa Bracero, el Gobierno de México impulsó un nuevo marco industrial para acoger a los trabajadores que regresaban al país. Para ello, instalaron plantas industriales en las ciudades fronterizas, que dieron empleo a medio millón de mexicanos y producían el 40% de las exportaciones internacionales del país.

Por supuesto, Estados Unidos se benefició de la producción de estas instalaciones.

 

MIGRACIÓN CONTROLADA

A pesar de la contribución de los trabajadores mexicanos, Estados Unidos parece no haber querido abrirles sus puertas del todo.

A lo largo del siglo XX hubo dos reformas de las políticas migratorias. La primera se dio en 1965 bajo la presidencia de Lyndon B. Johnson, en la que se limitó la entrada de inmigrantes provenientes del hemisferio occidental al país.

La segunda fue la Ley de Reforma y Control de Inmigración, en 1986, y estableció visados tipo H, que recogen varias categorías y son los que mantienen hasta la fecha, aunque con algunas modificaciones del actual presidente estadounidense.

Por un lado, la ley amparaba a trabajadores mexicanos que se dedicaban a sectores como la agricultura, pero, por otro, aumentó la vigilancia y las restricciones de entrada en la frontera a aquellos mexicanos que no tuvieran la documentación correspondiente.

Muchos expertos señalan que los trabajadores inmigrantes ganan más dinero en EE. UU. que en su país y están quitando el puesto de trabajo a miles de estadounidenses.

Sin embargo, y echando la vista atrás, ¿hasta qué punto Estados Unidos no depende de México, un país al que se empeña en cerrar puertas?