De la insufrible levedad de los mediocres

En el diccionario de la Real Academia de España define la palabra mediocre con dos voces: De calidad media, la segunda voz tiene mucho interés: de poco mérito, tirando a malo. En el Diccionario de uso del español de Doña María Moliner utiliza tres voces para referirse a mediocre: De calidad media, coincidiendo con la RAE; en la segunda voz es mucho más contundente al referirse a bastante malo, de escaso mérito y en la tercera voz se muestra demoledora: aplicado a personas poco inteligentes.

Este tipo de individuos se complican cuando, además, son o se muestra prepotentes, tienen un funcionamiento rígido y funcionan con rasgos narcisistas. Claro que si, además, tienen un grupo de corifeos bullangueros en derredor entonces la cosa adquiere niveles de gran preocupación para el conjunto de la gente que observa lo que acontece.

Sostuvo Platón que había que participar en la actividad política porque “si la gente normal se retira, entonces llegan los mediocres”. Unos siglos después, Antonio Machado lo perfiló diciendo que “el riesgo de no participar en política es que lo hagan por nosotros otros menos capaces y, posiblemente, actúen contra nosotros”.

No protesten los apolíticos, pues en el fondo tienen lo que se merecen.

Solo hace falta ver una sesión parlamentaria donde se habla a medias, muchas veces sin terminar las frases, se modula poco y se grita más. En no pocas situaciones hay broncas desde las bancadas contrarias a quien interviene y la Presidencia no consigue que sus señorías le hagan caso.

Hay quien en minuto y medio ha conseguido dirigir varias decenas de insultos e improperios al Presidente del Gobierno, lo hace sin argumento alguno, simplemente por el hecho subjetivo del “porque yo lo valgo”.

En otras ocasiones hemos visto blandir cual Tizona de papel lo que pretendían ser argumentos que quedaron, tristemente, en fake-news, una vez más. La utilización con mediocridad supina para vaciar de contenido real los debates.

Es que los mediocres enlodan, rebajan fragmentan y luego se oponen a todo, para finalizar culpando al que pasaba por allí con o sin intención, así realizan fáciles generalizaciones con repetitivos y cansinos razonamientos llenos de mezquinas razones que alimentan su mediocridad (tercera acepción de María Moliner) rampante. Ya lo avisaba Sócrates, “cuando el perdedor siente que ha perdido el debate, solo le queda la difamación”. De esta suerte se inician los insultos, improperios, frases hechas de típicos tópicos o tópicos típicos sobre el rojerío patrio. Se habla de “consenso progre” con desprecio, se nombra al gobierno constitucional como “ilegítimo” o como “social-comunista”, se responsabiliza al Presidente de Gobierno de la Guerra de los cien años y se le denomina como “asesino”, se amenaza continuamente con denuncias judiciales por acciones políticas, se retuerce la ley para evitar asumir responsabilidades. Esta oposición que de tal guisa se comporta no se da cuenta ni va a aceptar lo que decía Noam Chomsky de “no deberíamos estar buscando héroes, deberíamos estar buscando buenas ideas”, ante la imposibilidad de hacerlo adquieren el nombramiento de “alumnos predilectos de Goebels” queriendo conseguir que, a base de repetir mentiras, lo dicho se convierta en verdad.

Esos mediocres buscan a los medios de comunicación más tradicionales porque es donde se cumple aquello de Chomsky de que “la tradición intelectual es de servilismo hacia el poder, y si yo no la traicionara me avergonzaría de mí mismo”, efectivamente este servilismo se aprecia en las subvenciones descaradas a los medios de comunicación, como en Galicia ha hecho el candidato de la derecha y actual presidente de Galicia, o como hizo el Presidente de Andalucía o como aceptó un medio on-line líder de las fake-news para constituirse. Esta gente consolida al “poder” que no siempre coincide con el gobierno. Algunos nos rebelamos para poder sobrevivir intelectualmente y no fallecer por inanición.

Esta época de pandemia nos ha evidenciado que la mediocridad es un germen muy contagioso y con altas capacidades destructivas del pensamiento y del sentimiento. Si el pensamiento se anquilosa y repite martingalas paupérrimas de contenido, que se hiele el sentimiento es fatal porque se debe tener hielo en lugar de corazón para no apoyar el Ingreso Mínimo Vital, o votar no a todo escudo social para los colectivos más vulnerables de la sociedad. Lo mejor de todo es escucharles hablar de epidemiología como si fueran redomados especialistas y no son más que lerdos legos de mesa camilla que oyen campanadas, pero desconocen de dónde vienen los sonidos ¡Con qué facilidad desprestigiaban a un especialista reputado con insultos de todo tipo! Eran tan lelos que no se percataban que sus insultos de mediocres le enardecían más.

Se critica por todo, lo último ha sido un funeral a las “víctimas” de la pandemia convocado por la jerarquía de la Iglesia Católica. Verán es que España es un país aconfesional y láico. La Iglesia Católica es una organización privada y como tal puede opinar y hacer convocatoria de actos, su opinión será para sus fieles y a sus convocatorias irán quienes quieran. Pero no hay que olvidar que es una organización privada y debe estar separada de la actividad política, por ello es necesario dos cosas: que pague sus impuestos como lo hacemos todos y clausurar el concordato. Por cierto, los fallecidos por la pandemia son eso: ciudadanos o ciudadanas fallecidos o muertos por una maldita enfermedad, pero no son víctimas de nada, no se debe manipular el lenguaje.

De esta suerte y manera se va configurando la mediocridad, se toque lo que se toque se le vacía de contenido y luego se insulta y se ponen palabras huecas que solo resuenan. A cada paso más mediocridad. A cada intervención parlamentaria mayor mediocridad.

Con ello la gente se acostumbra a lo rimbombante sin sentido, al razonamiento mediocre y vacío, al acompañamiento meramente embrutecido, a la oposición a todo porque el éxito del otro es algo temido, a desmantelar la acción positiva de converger voluntades porque no se hace lo mío. Sí, en definitiva, se defiende una mediocridad para que no se me ponga en evidencia.

Mientras esto acontece el Ministro de Sanidad está serio, concentrado, sereno, escucha y esboza una sonrisa. Sus fuerzas están para dirigir el avance contra la pandemia, no se encuentra en pararse a justificar mezquindades de mediocres (tercera acepción de María Moliner).

Menos mal que pensar posibilita salir de esa mediocridad marasmática y nos permite recordar a Noam Chomsky: “Si asumes que no existe esperanza, entonces garantizas que no habrá esperanza. Si asumes que existe un instinto hacia la libertad, entonces existen oportunidades de cambiar las cosas”. En esta segunda opción estamos muchos porque huimos de la mediocridad.