El curioso caso del “paciente 91”

Stephen Cameron, de 43 años, estuvo 68 días conectado a un respirador, el mayor periodo de tiempo que ha estado un paciente en esas circunstancias en Reino Unido. 

“Si hubiera estado en casi cualquier otro lugar del planeta, estaría muerto. Habrían pulsado el interruptor después de 30 días”, ha asegurado el escocés desde su cama de hospital.

Cameron ha pasado un total de 68 días conectado a un respirador en un hospital Ho Chi Minh, en Vietnam, lejos de su ciudad natal, Motherwell, y de sus seres queridos.

Ha sido la persona más enferma a la que los médicos han tenido que tratar durante la pandemia del coronavirus en Vietnam. El país, con 95 millones de habitantes, no ha llegado a los 400 casos confirmados, tampoco ha habido muchos casos en UCI y, lo más sorprendente, no ha registrado ni una sola muerte por COVID-19.

Por ello, el caso de Stephen Cameron creó una gran expectación entre los profesionales sanitarios y entre los medios de comunicación nacionales, que informaban cada día de la recuperación del paciente.

Este piloto de la aerolínea Vietnam Airlines, desde su ingreso hospitalario en el mes de marzo, fue conocido como el “paciente 91”, denominación que le otorgaron los propios profesionales de la salud.

“Estoy agradecido por la terquedad de los médicos de no querer que yo muriera bajo su cuidado”

Stephen Cameron

POCAS PROBABILIDADES DE SOBREVIVIR

Durante los dos meses que Cameron estuvo en coma inducido, su vida dependía únicamente de una máquina que le suministraba oxígeno por membrana extracorpórea, una técnica a la que se recurre solo en los casos más críticos: la máquina extrae sangre del paciente y la vuelve a infundir con oxígeno.

Cameron asegura en una entrevista concedida a BBC Mundo que “en cierto momento, el Ministerio de Relaciones Exteriores le dijo a mi amigo Craig que tenía un 10% de posibilidades de sobrevivir, así que se preparó para lo peor: entregó mi departamento y comenzó a hacer lo que uno haría si alguien va a regresar a casa en un ataúd”.

Mientras el piloto escocés tenía los ojos cerrados, los sanitarios tuvieron que hacer malabares para mantenerlo con vida, ya que sufrió numerosas complicaciones durante el coma: coágulos de sangre, sus riñones fallaron y su capacidad pulmonar se desplomó al 10%.

Los médicos se llegaron a plantear el trasplante de pulmón como opción, sin embargo, Cameron necesitaría dos pulmones nuevos, por lo que la intervención también podría haber puesto en peligro su vida.

CONTAGIO

A pesar de que Cameron se ha convertido en un personaje querido en Vietnam por su historia, en un primer momento fue un blanco de críticas.

A principios de febrero, el piloto acudió a un bar para celebrar San Patricio, el Buddha Bar and Grill. Pocos días después, a él le subió la fiebre y el bar se convirtió en el brote más grande de coronavirus del sur del país, con casi 20 contagios directos e indirectos.

Muchos echaron la culpa a Cameron, por venir del extranjero y por haber viajado recientemente a Bangkok. Sin embargo, él sigue asegurando que se contagió en el Buddha Bar y de que no fue el originario del brote: “fui la primera persona en alzar la voz y decir: ‘Mi(ren, no me siento bien’. Era inevitable que me echaran la culpa”.

RECUPERACIÓN 

Ahora, Cameron es capaz de ponerse en pie por sí mismo y de mantener una conversación con los sanitarios, además, poco a poco se ha ido liberando de las máquinas que le ayudan a respirar.

Sin embargo y debido a su pérdida de peso (20kg) y a la inactividad, no puede caminar sin tener ayuda y a veces sufre fatigas y episodios de depresión, así como un constante miedo por la llegada del estrés postraumático.

Con todo ello, Stephen Cameron no ve el momento de regresar a casa después de esta larga pesadilla.