Albinismo o la lucha por la supervivencia en medio del desconocimiento

Cazados por brujos, secuestrados, mutilados o vendidos por miembros de la propia familia.

Ni siquiera cuando escapan de las crueldades de sus más cercanos están a salvo. Otro peligro sigue al acecho: el cáncer de piel.

Hoy en día, los albinos siguen luchando por su supervivencia, sobre todo, en lugares subdesarrollados donde la población es mayormente negra, como Tanzania.

Ana Yturralde

Hoy, el Día Internacional de Sensibilización sobre el Albinismo, se celebran los éxitos que ha conseguido este colectivo pero, también, denuncia que siguen siendo personas que sufren de manera constante violaciones de sus derechos humanos a lo largo y ancho de todo el globo por una razón que está a la orden del día: su color de piel.

El albinismo es una enfermedad que se caracteriza por la ausencia de pigmentación (melanina) en la piel, en el cabello y los ojos, lo que produce una gran sensibilidad al sol y a la luz intensa y hace que las personas que lo sufren sean propensas a tener problemas de visión y sufrir cáncer de piel.

En un continente como África, donde gran parte de la población es negra, alrededor del 90% de las personas con esta afección mueren antes de cumplir los 40 años, según detallan los grupos de albinismo.

Sus extremidades se vuelven muy valiosas dentro del mercado negro de Tanzania, por lo que los cazarrecompensas los someten a persecuciones que acaban en asesinatos y mutilaciones, para, más tarde, vender las partes de su cuerpo. Su valor viene dado por creencias supersticiosas que afirman que los ojos de estas personas proporcionarán vista a quien no la tiene o sus piernas, fuerza.

El albinismo afecta a pocas personas (aproximadamente, 1 de cada 17.000) en el mundo occidental. Sin embargo, estas cifras aumentan notablemente en el continente africano ya que, por su situación de aislamiento y discriminación, las personas con esta enfermedad tienden a relacionarse y agruparse entre ellas. Al ser una afección hereditaria, muchos de sus hijos también nacen con albinismo, lo que hace aumentar su número en el continente de manera considerable.

EL MAYOR ENEMIGO: EL SOL 

Sin embargo, y a pesar de las crueldades a las que son sometidos, su mayor enemigo no son las personas, sino la luz del sol. Su baja pigmentación en la piel provoca quemaduras solares, que, además, se agravan en lugares como África, donde reina un clima cálido y  donde no es habitual utilizar protección solar.

En países subdesarrollados, los albinos encuentran imposible usar cremas protectoras y ropas adecuadas para evitar la sobrexposición al sol debido a su precio y a sus pocas posibilidades económicas y, lo que es peor, muchos ni siquiera saben que deben protegerse de él. Esta falta de recursos y el desconocimiento hacen que desarrollen lesiones cutáneas que pueden derivar en casos de metástasis.

Para luchar contra la sinrazón en la que viven sometidos los albinos en el mundo, existen numerosas organizaciones que ayudan a este colectivo y que, además, proporcionan información tanto a ellos, como a la sociedad. En España, destaca la asociación ALBA, que ha colaborado en proyectos de apoyo y concienciación de la situación en el continente africano.

Actualmente, más que nunca, se debe combatir la desinformación y la estigmatización a personas con enfermedades con las que, mediante ayuda y recursos, pueden mejorar su calidad de vida.