Los virus con los que aprendimos a convivir

El mundo entero está esperando la llegada de la vacuna contra la COVID-19. Sin embargo, muchos expertos han señalado que este proceso se puede demorar años o incluso décadas o, simplemente, puede no llegar, como ha ocurrido con otros virus mortales con los que hemos aprendido a convivir. 

No fue hasta este año, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) autorizó la administración de la vacuna del ébola en algunos países. Detectado en 1967 y con una tasa de mortalidad del 50%, los científicos pudieron encontrar la manera de controlar la enfermedad, pero la lucha contra un virus no siempre conlleva un final feliz.

VIH

El virus que causa el síndrome de la inmunodeficiencia adquirida (SIDA) se ha llevado la vida de más de 32 millones de personas, según los datos ofrecidos por la OMS.

En un principio, su aparición significaba una sentencia de muerte segura, pero, además, su contagio estaba sujeto a un fuerte estigma. El hecho de que se diera visibilización a que muchas de las víctimas eran hombres homosexuales, hizo que medios de comunicación lo denominaran como «el cáncer gay».

Casi cuatro décadas más tarde de su diagnóstico, el VIH sigue entre nosotros y no hay ninguna vacuna que lo elimine. Sin embargo, a lo largo de los años sí se han podido desarrollar métodos para prevenir su contagio y algunos tratamientos que alivian de manera significativa la letalidad del virus, por lo que los afectados pueden llevar una vida normal.

A pesar de que en los últimos meses dos personas han superado el SIDA mediante un tratamiento de células madre, muchos expertos subrayan que esta terapia es muy peligrosa y no puede aplicarse a todos los casos.

GRIPE AVIAR 

Aunque son virus que se transmiten entre las aves y normalmente no infectan a lo humanos, se han dado casos de cepas que sí han provocado enfermedades en humanos. En 1997, se detectaron por primera vez en Hong Kong los primeros casos de contagio en seres humanos por el virus H1N1. Esto, conllevó el sacrificio inmediato de los pollos de la isla.

A partir de ese momento, surgieron más casos en humanos en Asia, Europa y África, con una tasa de mortalidad del 60%.

Otra de las cepas que ha conseguido llegar al hombre es la A H7N9, que se detectó por primera vez en China y donde sigue habiendo brotes esporádicos.

Si bien la OMS afirma que estas cepas tienen una alta tasa de letalidad entre humanos, es poco probable que se transmitan de persona a persona, hecho que, desde que se conoció, hizo que fuera más fácil cortar la propagación de la enfermedad.

SARS

Se cree que el SARS-CoV, un tipo de coronavirus identificado en 2003, llegó a los humanos por un animal, probablemente el murciélago.

Este virus fue el causante de la epidemia del síndrome respiratorio grave (SARS) que azotó a 26 países en 2003, y que registró más de 8.000 casos y una tasa de letalidad del 11%.

Su contagio, al igual que el SARS-CoV-2, es rápido y fácil, ya que se transmite por el contacto humano. Desde el momento en el que impusieron medidas para cortar su propagación, la epidemia finalizó en verano de ese mismo año.

Hoy en día, se siguen registrando grupos de contagios, pero en menor medida.

MERS 

El síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés) también es provocado por otro tipo de coronavirus, en este caso, el MERS-CoV.

Como su nombre indica, los primeros casos fueron registrados en Arabia Saudí, pero, posteriormente, surgieron nuevos casos en otros 27 países. Su letalidad es bastante elevada, ya que de 2.494 casos que se habían notificado en noviembre de 2019, se registraron 858 fallecimientos. A pesar de ello, el contagio entre humanos no es frecuente.

Este virus se transmite, por lo general, de animales a personas y, este caso, se cree que los dromedarios son la principal fuente de contagio.

Una vez se tuvo controlada la epidemia, se dejó arrinconada la idea de un desarrollo para su vacuna.