Mineápolis: la lucha que comenzó hace décadas

Durante un siglo, las denominadas Leyes de Jim Crow se impusieron en Estados Unidos. Estas privaron de derechos civiles a los afroamericanos y establecieron su segregación en lugares públicos. 

Hoy, en el mismo país, la población negra sigue reclamando sus derechos humanos y denunciando las diferencias raciales.

LEYES DE JIM CROW

“Separados pero iguales”. Bajo este lema se promulgaron las Leyes de Jim Crow en 1876 y duraron hasta 1965. Durante todo este periodo, las autoridades blancas estadounidenses decretaron la segregación racial entre personas, o, para ser más justos, la separación de los blancos de todas las demás personas que no tuvieran el mismo color de piel.

Pero ¿por qué Jim Crow? Esta denominación se relaciona con el espectáculo musical Jump Jim Crow, en el que su protagonista era un actor blanco que se pintaba la cara de negro para hacer sátiras y burlas contra los afroestadounidenses. Por lo tanto, el nombre del show pronto se relacionó con todo aquello que denigrara a la población negra.

En la vida diaria, estas leyes se traducían en bebederos de agua para los negros y bebederos de agua para los blancos, distintos baños, y, además, no ocupaban los mismos lugares dentro de espacios públicos como escuelas, transporte público, parques o restaurantes.

Sin embargo, no en todos los establecimientos se permitía que los afroestadounidenses compartieran espacio con los blancos. Por este motivo, un cartero de Harlem, Víctor Hugo Green, creó el conocido como Green Book (Libro Verde), que le permitía saber a la comunidad negra a qué sitios podían ir para evitar situaciones incómodas o, directamente, evitar riesgos para su integridad física.

 

AÑOS 60 

En algunas ciudades del sur, donde la situación era aún peor, para evitar conflictos entre negros y blancos, se estableció una especie de ley marcial, que obligaba a los integrantes de la comunidad negra de cada zona a permanecer en casa desde las 10 de la noche.

Sin embargo, la desesperación en el país estalla a partir de 1965, cuando comenzaron las protestas por las muertes o detenciones injustificadas de los negros. Una de las más conocidas es la de Marquette Fry, un conductor negro de 21 años, en Watts (Los Ángeles).

No fue hasta 1967 cuando las protestas se recrudecieron, llegando a ser sangrientas. Por ello, a esta etapa se le denominó como “el verano caliente de 1967”. Detroit, Nueva Jersey, Nueva York. Boston, Chigado, Cincinatti, Tampa, Mineápolis, Atlanta o Milwaukee, fueron algunas de las ciudades donde se vivieron con más intensidad las protestas.

El año siguiente de estas revueltas no fue mucho más tranquilo. El asesinato racista de Martin Luther King en Memphis desató una de las mayores oleadas de violencia social en Estados Unidos. La muerte del Premio Nobel de la Paz y líder el movimiento a favor de los derechos civiles de los negros, sin duda, fue un claro síntoma del racismo que yacía en el país en aquellos momentos.

ACTUALIDAD

A pesar de que desde entonces los avances han sido notables, en pleno 2020 no se ha logrado la paridad absoluta entre los derechos de negros y blancos. El asesinato de George Floyd a manos de un policía ha vuelto a descubrir la cara más racista de la sociedad. Este hecho no ha reabierto la herida, sino que le ha dado luz a las diferencias raciales que sigue sufriendo la población afroestadounidense y que, por desgracia, siempre han estado ahí.

Según el Centro de Investigación Pew, los negros tienen más probabilidades de ser pobres o de estar desempleados que los blancos. También, su tasa de encarcelamiento es 6 veces mayor que la de los blancos.

De acuerdo con los datos que arroja The Washington Post y la ONG Mapping Police Violence, el 24% de los muertos a manos de policía son personas negras y, además, tienen más del doble de probabilidades de ser acribilladas.

Fuente: Mapping Police Violence (2019)

Floyd se ha convertido solo en la punta del iceberg. Detrás de las protestas por su muerte, se esconde la injusticia social de siglos que se traduce en las revueltas que se viven hoy en Estados Unidos para conseguir lo que deberían tener solo con nacer: derechos humanos.