Consecuencias de la desinformación sobre la COVID-19

Envenenamientos con lejía y otros desinfectantes, ataques racistas o indiferencia. Estas son algunas de las consecuencias que ha dejado la pandemia en el mundo, o, más bien, la desinformación frente al virus.

Las teorías conspirativas han sido las otras protagonistas en la crisis del coronavirus. Lo curioso es que no solo han sido los medios de comunicación o las cadenas de Whatssap los que han promovido su circulación, sino también algunas autoridades políticas.

TRUMP Y LOS PRODUCTOS DESINFECTANTES

«La HIDROXICLOROQUINA Y LA AZITROMICINA, en conjunto, tienen una oportunidad real de ser uno de los mayores agentes de cambio en la historia de la medicina. La FDA ha movido montañas – ¡Gracias! Con suerte, AMBOS se pondrán en uso INMEDIATAMENTE. ¡LAS PERSONAS ESTÁN MURIENDO, MUÉVANSE RÁPIDO, Y DIOS BENDIGA A TODOS!».

De esta manera, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, escribía este mensaje en su cuenta personal de Twitter el pasado 21 de marzo. Sin ir más lejos, él mismo afirmó que tomaba hidroxicloroquina para evitar la COVID-19: «Llevo una semana y media tomándola. Y aquí sigo», a pesar de que la eficacia de este fármaco antimalárico no está demostrada contra la enfermedad del coronavirus.

Después de esta declaración, en Nigeria aumentaron los ingresos por envenenamiento con hidroxicloroquina en sus hospitales. Asimismo, se han producido muertes por ingerir el fármaco y algunos han alegado que lo han ingerido porque «Trump decía que era prácticamente una cura».

Sin embargo, una de sus intervenciones más polémicas se produjo en abril, cuando en una conferencia en la Casa Blanca, Trump sugirió la «inyección de desinfectante» para tratar el coronavirus:

«Veo que el desinfectante lo noquea en un minuto, en un minuto. ¿Hay alguna manera de que podamos hacer algo como una inyección dentro o casi una limpieza? Como pueden ver, llega a los pulmones y alcanza una cifra tremenda en los pulmones, por lo que sería interesante comprobar eso». 

Como consecuencia de esta polémica afirmación del mandatario estadounidense, cuatro días después, el Centro para el Control de Envenenamientos de la ciudad de Nueva York recibió 100 llamadas de ciudadanos que se habían inyectado o habían ingerido productos desinfectantes, entre ellos, la lejía.

RACISMO 

Ya el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus, advirtió de una nueva amenaza al comienzo de la pandemia: el racismo contra personas asiáticas.

En febrero, España y otros países ya registraban algunos casos de xenofobia contra la comunidad china. Señalados y juzgados por la idea de que los asiáticos estaban expandiendo el virus, tuvieron que crear el hashtag #NoSoyUnVirus en las redes sociales para parar los ataques xenófobos.

Sin embargo, no han sido los únicos en sufrir los estragos del racismo. Tres hombres musulmanes fueron golpeados el pasado mes en Delhi, bajo la creencia de que eran los musulmanes quienes estaban propagando el virus.

LOS QUE NO HICIERON CASO

En el otro extremo de la desinformación, se encuentran aquellos individuos que no hacen caso a las noticias veraces, y han pensado, desde el primer momento, que el virus no era ninguna amenaza o que producía algún que otro malestar leve.

Según informa BBC Mundo, una pareja de Florida continuó su vida de manera normal, pasando por alto las advertencias sanitarias frente a la crisis del coronavirus y a pesar del asma que padecía uno de ellos. Ambos fueron contagiados y, desde ese entonces, advirtieron en las redes sociales de la peligrosidad de las noticias falsas.

Los expertos aseguran que, junto a la COVID-19, la desinformación también se ha llevado numerosas vidas y ha hecho mucho daño a lo largo de la pandemia.