El Parlamento de China ha aprobado la ley de seguridad nacional con la que se pretende acabar con las protestas que se han llevado a cabo en el territorio autónomo desde el pasado año, así como con la libertad de la excolonia británica.

El resultado ha sido casi unánime, los delegados de la Asamblea Nacional Popular (ANP) mostraron un demoledor apoyo a la ley con 2.878 votos a favor, apenas seis abstenciones y un solo voto en contra.

Después de conocer los resultados, los delegados que estaban en el Gran Palacio del Pueblo de Pekín aplaudieron y dieron la bienvenida a lo que dará paso a una nueva etapa en el futuro de Hong Kong.

Los ciudadanos, por su parte, han desaprobado esta decisión en las calles y temen que esta nueva medida signifique una represión de su libertad de expresión y manifestación.

Pero ¿cómo se ha llegado a este punto?

AUTONOMÍA DE HONG KONG  

Desde el pasado año, la tensión y el descontento de la población ha ido en aumento en la ciudad de Hong Kong. Los manifestantes comenzaron a protestar de manera pacífica por las calles con el fin de que se aprobara la reforma de la Ley de Extradición. En ella, el gobierno de Carrie Lam proponía la posibilidad de que China pudiese juzgar a los delincuentes hongkoneses.

Sin embargo, el territorio cuenta con una cierta autonomía amparada por su Ley Básica, que permite aplicar su propio modelo político, independencia judicial, su sistema económico e, incluso, su propia moneda. Lo que se ha denominado como “un país, dos sistemas”.

Después de que se diera luz verde a esta nueva medida, la ciudadanía, una vez más, ha tenido que salir a protestar mostrando un rotundo desacuerdo. No aprueban que el Gobierno de China se inmiscuya en ciertos temas de la política de Hong Kong,  ya que temen los duros castigos que impone el gigante asiático y sospechan que utilizarán esta nueva ley para arrestar a personas que se muestren contrarias el régimen.

EVOLUCIÓN DE LAS MANIFESTACIONES

Las reivindicaciones de los hongkoneses comenzaron siendo pacíficas. No obstante, en estas manifestaciones la población también empezó a pedir un refuerzo de la Ley Básica, en la que se garantizan una serie de libertades y derechos fundamentales, como el de expresión y el de manifestación.

Los ciudadanos de Hong Kong tenían razones para hacerlo. Han sido testigos de cómo, a lo largo de los años, estas pesquisas han quedado nubladas por la constante intervención del Gobierno chino, apoyándose en la idea de “un país, dos sistemas”, premisa que se estableció en 1997, cuando Reino Unido devolvió al gigante asiático la soberanía de la ciudad.

Después de la Revolución de los Paraguas (2014), los hongkoneses han vuelto a salir a las calles para exigir la protección de su Ley Básica y, de esta forma, su Constitución.

La falta de respuesta gubernamental acrecentó la indignación de los manifestantes y, a la larga, esto se tradujo en violencia.

Pekín llegó a calificar a estos ciudadanos como “fuerzas caóticas contra China” y acusó a otros países de apoyar este tipo de concentraciones

“IMPEDIR, DETENER Y CASTIGAR”

Finalmente, la ANP ha aprobado esta nueva ley, que ha dejado en un segundo plano a la crisis del coronavirus.

La medida tendrá como objetivo “impedir, detener y castigar” cualquier comportamiento que “ponga en grave peligro la seguridad nacional, como el separatismo, la subversión de los poderes del Estado o la organización y ejecución de actividades terroristas, así como actividades de fuerzas extranjeras que interfieran en los asuntos” de Hong Kong.

Esta medida amenaza la autonomía de la antigua colonia británica y afirma los peores temores de la ciudadanía, ya que, como reza su artículo 4, la Policía secreta china podrá operar en el territorio “para la protección de la seguridad nacional”.

CONSECUENCIAS ECONÓMICAS 

A pesar de que ha recibido la aprobación del gobierno autónomo, las organizaciones a favor de los derechos humanos y algunos países como Australia, Reino Unido o Canadá han manifestado su inquietud por la aprobación de esta ley.

Estados Unidos, por su parte, ha sido el país más duro contra el presidente de China, Xi Jinping, por lo que la tensión que ya reinaba entre estos dos países, ahora se ha visto incrementada.

El secretado de Estado nortemaericano, Mike Pompeo, anunció que Estados Unidos ya no tratará a Hong Kong como autónomo en cuestiones comerciales y económicas. Además, la mano derecha de Trump añadió que “si bien Estados Unidos alguna vez esperó que Hong Kong, libre y próspero, proporcionara un modelo para la China autoritaria, ahora está claro que China está modelando a Hong Kong por sí misma“.

El líder del Partido Democrático de Hong Kong, Wu Chi-wai, ha asegurado que esta aprobación acaba con la política de “un país, dos sistemas”.

Los ciudadanos y los expertos tienen claro que esta nueva ley acabará con la semiautonomía de la que goza Hong Kong dentro de China. Todavía se tienen que definir los puntos claves de esta ley: ¿cómo se concretarán delitos como la “injerencia extranjera? ¿Serán los acusados juzgados en Hong Kong o en China?