En el mes de abril, la situación de la pandemia en Honduras era casi insostenible, debido al déficit de su sistema sanitario fallecía una de cada diez personas, lo que lo convirtió en uno de los países de Latinoamérica con la tasa más elevada de decesos por COVID-19.

Sin embargo, y a pesar de las carencias en los centros hospitalarios, las autoridades sanitarias han conseguido reducir el número de fallecidos a menos de la mitad.

El nivel de contagios sigue siendo bastante elevado, pero los expertos apuntan a que el considerable aumento de la cifra de pacientes curados se debe a la aplicación del Método Catracho, un procedimiento con raíces autóctonas.

ALIVIO SOBRE LA PRESIÓN SANITARIA

El médico hondureño Miguel Sierra-Hoffman identificó como uno de los problemas principales de la grave situación en Honduras el colapso de los hospitales y la escasez de material en ellos. Por ello, estudió la forma en la que los afectados no tuvieran la necesidad de ser internados en emergencias.

Para concebir este método, ideado en Texas (Estados Unidos), Sierra-Hoffman proyectó su mirada en las personas que habían perdido la vida en Europa por el COVID-19. Durante este proceso, se dio cuenta de que la mayoría de pacientes fallecidos por la pandemia había sufrido infecciones inflamatorias e hipercoagulación que, en muchas ocasiones, desencadenaban posteriormente en una trombosis.

La denominación de este método tiene dos razones casi coincidentes: por un lado, “catracho” es el nombre coloquial para los hondureños y, por otro, es el resultado de las denominaciones en inglés de los medicamentos que intervienen en el procedimiento. Algunos de ellos son la colchicina, antiinflamatorios, anticoagulantes o la ya conocida hidroxicloroquina, que aún está en fase de estudio por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para determinar su eficacia frente al coronavirus.

En esta fórmula ideada por el doctor Sierra-Hoffman, al paciente también se le administra oxígeno, así como la pronación, con el fin de evitar la intubación y futuras infecciones.

DESCENSO DE LA MORTALIDAD 

El doctor hondureño ha reconocido a BBC Mundo que “realmente no cambiamos ningún medicamento, solo empezamos a darlos desde el primer día del ingreso. En vez de dar los esteroides el día seis o 12, cuando la gente ya estaba ahogándose, los dimos al inicio”.

El procedimiento se empezó a aplicar en varios hospitales del país y, según los sanitarios, “en cuatro semanas redujimos en la mitad la mortalidad en cuidados intensivos”.

Los datos extraídos del Hospital San Pedro Sula revelan que, desde la aplicación del Método Catracho en el centro, la mortalidad pasó de un 62% a un 7%; durante el primer mes los pacientes ingresados en UCI se redujeron a 26, de 300 que había inicialmente, además del transcurso de 10 días seguidos sin ningún deceso.

MIEDOS EN HONDURAS

El débil sistema sanitario de Honduras y la falta de camas, ya desde antes de la llegada de la pandemia, obliga a que ante un contagio, se someta al paciente al denominado protocolo Maíz, basado en la administración de medicamentos para que se reduzca la carga viral del afectado y, de esta manera, evitar su ingreso.

Sin embargo, no a todos los hondureños que se han visto golpeados por el coronavirus se les puede aplicar este procedimiento, ya que, por miedo a la discriminación de sus cercanos, muchos no acuden a los centros hospitalarios, por lo que la enfermedad se agrava.

Además, a este inconveniente se suma la falta de test y material sanitario, que han causado que el virus se expanda a mayor velocidad y las soluciones se retrasen.

Por ello, las autoridades hondureñas aseguran que procedimientos como el ideado por Sierra-Hoffman, ayudarán a mejorar la situación del país, a pesar de estar sumidos en una grave carencia sanitaria.