Chanchullo Avilés

Los domingos que antes eran de mi María Teresa Campos y su Qué tiempo tan feliz, ahora lo son, Toñi Moreno mediante, de Emma García y su Viva La Vida.

Y así, entre tiempos felices y ensalzamientos a la vida, por el programa de la que fuera conductora de Mujeres, Hombres y Viceversa han pasado fin de semana tras fin de semana, infinidad de aspirantes a nuevos rostros televisivos que compartían plató con los ya habituales colaboradores del universo Mediaset.

Sin embargo, hubo un contertulio que llegó para quedarse: José Antonio Avilés. Apareció un domingo cualquiera en la esquinita de la pantalla, y tanto su forma de expresarse como su apabullante soltura, hacían presagiar que este muchacho iba a dar que hablar. ¡Y tanto que iba a hacerlo!

El individuo en cuestión, gracias a sus bombas (de humo), su agobiante y exasperante carácter y a su perfectamente aprendida lección de hablar por encima de sus compañeros a cualquier precio, consiguió un pasaporte directo no solo al espacio vespertino de crónica rosa de los fines de semana, sino también a Supervivientes.

En España, su persona y sus informaciones no gozaban de una gran credibilidad por parte de sus compañeros. “Fantaseaba mucho”, repiten como mantra desde que Avilés aterrizara en Honduras.

En la isla de los famosos, Avilés no ha parado de dar juego. Al César lo que es del César. Sacó de quicio hasta a las iguanas, se llevó por delante a todo el que pudo y más y también, siendo honestos, jugó a favor de obra.

Sin embargo, él, listo como un rayo, sabía que su presencia podía desatar un huracán mediático en España. Y así ha sido.

Dos meses ha estado Chanchullo Avilés en la isla, y este ha sido el tiempo en el que no han parado de sucederse las informaciones de supuestas estafas y malas prácticas del colaborador antes de saltar a la palestra.

Deudas, estafas, títulos universitarios falsificados, estudios en el extranjero que nunca existieron, transferencias falsificadas, condiciones nobles inexistentes, profesiones jamás ejercidas… Y así, un largo etcétera de mentiras a las que el de Córdoba ha tenido que hacer frente después de haber sido expulsado del concurso por el soberano.

 

Lo del ex superviviente no tiene nombre. Es el claro ejemplo de alguien que siempre ansió ser una estrella pero que terminó igual que los huevos de Casa Lucio, estrellado.

Ojo a este dato: Avilés tiene 24 años.

Partiendo de esta base, entre la sarta de mentiras que esta persona se ha dedicado a difundir se encuentran, por ejemplo, que es periodista, que ha estudiado en Gales, que ha sido abogado de Cayetano Martínez de Irujo, que ha sido representante de Dulceida, Isabel Pantoja e Isabel Pantoja junior, entre otras.

Pero esperen, que todavía hay más: Avilés ha sido también íntimo de Florentino Pérez, ha matado 3 veces a su abuela para no pagar todas las deudas que debía, decía haber tenido relaciones sentimentales con personajes famosísimos del país…

Este señor es lo que llamo un caradura con pedigree.

Me piden que le llame Cristino Cifuentes. Pues miren sí, un poquito sí que se parece.

Confieso que yo fui uno de esos 4 millones de espectadores que esperó, como agua de mayo, la entrevista del protagonista de las dos últimas semanas – con permiso del Merlos Place – con Jorge Javier Vázquez.

Llego a la conclusión de que este muchacho tiene el síndrome del NI: Ni es periodista, ni es abogado, ni es nada de lo que ha dicho que es.

Lo que es, es un mentiroso no asumido, un impostor que ha bebido mucha tele y que controla el medio como nadie, pese a su corta trayectoria y edad.

Un tío sediento de fama, de protagonismo a costa de lo que sea. Avilés no le dice la verdad ni al médico.

¿Le compensa poner a su familia en el disparadero con tal de tener más minutos de televisión? . ¿Sufre Avilés por todo lo que está saliendo? No. ¿Estaría dispuesto a todo por seguir siendo el centro de atención y continuar haciendo caja? Absolutamente.

 

“Llego a la conclusión de que este muchacho tiene el síndrome del NI: Ni es periodista, ni es abogado, ni es nada de lo que ha dicho que es”

 

La entrevista es un delirio que, con cada respuesta del protagonista, es más y más surrealista.

Cuando Jorge Javier le pregunta si es periodista, dice que no. Que nada de periodista, ni de Gales, ni de nada. Sobre las estafas, con todo su …. Su aquel, dice que “yo no soy un estafador, yo soy un moroso”.

Al ser preguntado por el motivo de esta esperpéntica vida, dice que todo es fruto de su necesidad de crearse una vida paralela, en la que la fantasía y la falacia son mejores amigas.

Me imagino a Avilés en su casa, recién cumplidita la mayoría de edad, elucubrando cómo sería su idealizada vida. Me juego lo que sea a que tendría tantas vertientes como modelos de Barbies hay en el mercado.

“Avilés en su casita de Córdoba. Avilés Marbella. Avilés en la villa de tito Floren. Avilés y su cachimba. Avilés quiero ser astronauta. Avilés Bahamas. Avilés en clase de hípica…”

Durante su discurso, ni un solo ápice de arrepentimiento, ni tampoco una lágrima. En la televisión lo único que podía verse era un muchacho pegado y deslumbrado por el pilotito rojo de la cámara, como lo estaría un mosquito de la luz.

 

Lo de ser dueño de lo ajeno le podría costar al nuevo Pequeño Nicolás la nada despreciable cifra de 13 añitos en el trullo. 

 

Entre sorprendido y confundido, le espeta a Jorge Javier: “Jorge, que me han pillado con el carrito de helado”.

No cariño, no. Te han pillado con la fábrica entera y más te vale que te quedes en Honduras una temporadita porque aquí vas a tener que pagarle hasta al apuntador.

Lo de ser dueño de lo ajeno en reiteradas ocasiones, todo esto según las decenas de damnificados que han dado la cara en las últimas semanas, le podría costar al nuevo Pequeño Nicolás la nada despreciable cifra de 13 añitos en el trullo. Ya se verá en qué queda todo.

Mientras, me despido esta semana con la pregunta estrella de la entrevista. “Avilés, ¿te consideras un sinvergüenza?”, responde, “¿Yo? Yo no”.

Como diría Dakota: ¿Qué no? Te digo yo a ti, que sí.